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Las claves

La construcción atraviesa una etapa especialmente delicada en España.

A las dificultades administrativas para poner nuevos proyectos en marcha y a la escasez de vivienda se suma otro problema que lleva años creciendo: la falta de trabajadores cualificados.

La albañilería ya no resulta tan atractiva para las nuevas generaciones y la edad media de los profesionales del sector ronda los 45 años, una muestra evidente de su envejecimiento. Esta situación fue analizada por el albañil Eduardo Roldán durante su participación en el podcast Sector Oficios.

Desde su experiencia, explicó las dificultades que encuentra actualmente para incorporar nuevos trabajadores y las consecuencias que esta falta de mano de obra puede tener sobre un sector fundamental para la economía española.

El problema tiene parte de su origen en la crisis inmobiliaria de 2008. La caída de la actividad provocó que miles de trabajadores abandonaran la construcción y buscaran otras salidas profesionales.

España necesita albañiles

Más de una década después, muchos de aquellos profesionales que comenzaron a trabajar durante los años 80 y 90 se encuentran cerca de la jubilación. Mientras tanto, el relevo no llega al mismo ritmo.

La situación también está relacionada con la percepción que existe sobre los oficios de la construcción. Se trata de empleos físicamente exigentes y que, para muchos jóvenes, han perdido atractivo frente a sectores como la tecnología, la logística o los servicios.

Eduardo resume el problema desde su propia experiencia: "No hay gente y la gente que hay quiere ganar más de lo que ganas tú sin saber".

El albañil también critica que algunos trabajadores pretendan acceder directamente a determinadas condiciones sin haber demostrado previamente sus capacidades. "Se piensan que porque saben poner cuatro ladrillos ya es oficial de primera", apunta.

Su propuesta es sencilla: primero demostrar experiencia y después negociar las condiciones. "Entonces, primero aprende y luego pide. Yo no soy partidario de llegar y decir: yo quiero ganar tanto", sostiene.

En su opinión, quienes aspiran a salarios de entre 2.500 y 3.000 euros deben justificar primero que cuentan con las habilidades necesarias: "No tengo ningún inconveniente en pagarlo pero demuéstramelo".

Pero el problema, según Eduardo, no se solucionaría únicamente elevando los sueldos. "Todavía quedan buenos albañiles pero les quedan 10 años o no mucho más", advierte.

Por eso propone mejorar las condiciones del oficio, incluso con una jubilación más temprana para quienes hayan desarrollado gran parte de su carrera en la construcción.

Entre sus ideas está permitir que quienes acrediten 30 años trabajando en el sector puedan jubilarse a los 55 años. También plantea incentivos como "15 días más de vacaciones pagadas" para hacer más atractiva una profesión que considera esencial.

La falta de trabajadores ya está repercutiendo en las empresas, con mayores costes y retrasos en proyectos. Por ello, mejorar la formación, las condiciones laborales y las perspectivas de futuro será fundamental para recuperar el interés por la albañilería y garantizar el relevo generacional.