El dato es significativo: el sector de la construcción necesita 700.000 personas. Dicho de otra manera, la falta de relevo generacional es más que evidente. Y quienes más lo están sufriendo son aquellas personas que se dedican a esta profesión.
Una de ellas es Manuel Armando, que lleva 30 años en el sector. Conocido popularmente en redes sociales como Mandy, o Brico Mandy, ha dado su visión en el podcast ‘Sector oficios’.
"Se están acabando los que quieren aprender y los que quieren enseñar”, afirma rotundo. Y esto sucede en un momento, desde su punto de vista, en el que “dicen que no hay mano de obra. Sí la hay, pero no cualificada”.
A los 15 años
Manuel Armando comenzó su carrera profesional en el mundo de la construcción a la temprana edad de 15 años. Y fue su padre su maestro.
“Prepara ropa que mañana te vienes a trabajar”, recuerda que fueron las palabras de su padre cuando le llegó un comunicado del instituto donde estudiaba por una falta grave.
¿Y cómo fue su primer día? “Fue brutal, mi padre era muy cañero”, afirma. Pero también subraya que “mi padre es una leyenda dentro del tema del solado. Le conoce todo el mundo”.
Otro tema que recuerda es que, al no tener la edad legal para trabajar, no lo hacía todos los días. Sobre todo si tenían que entrar en una obra grande “por el tema del plan de seguridad”.
Eso sí, cuando cumplió los 16 años, ya no se libró de acudir todos los días al ‘tajo’. “Con mi padre estuve unos cuantos años haciendo de todo, desde una calle de baldosa a una fachada o una escalera de mármol”, añade.
Hasta que se independizó, por definirlo de alguna manera. “La relación con mi padre era buena pero difícil. Yo quería ser oficial porque sabía que era bueno y que podía triunfar. Por eso decidí ponerme por mi cuenta”, relata.
Hasta que llegó un momento en el que fue él el que ejerció de maestro de otros jóvenes. “Tuve un aprendiz, con un contrato de aprendizaje con el que puedes enseñarle y no tienes que pagar una pasta de seguro”, indica.
Para concluir, señala otro asunto que no es de menor importancia. Y es que “tienes que pagarle lo mismo a uno que sabe que a otro que no sabe. Unos 1.300 euros, lo cual es un problema”.
