¿Qué harían los campos agrícolas y ganaderos de España sin la gente mayor? Según el último censo agrario, cuatro de cada diez responsables de explotaciones tienen más de 65 años, siendo la media de edad de estos de 76 años.
Ante esta falta de relevo generacional, surge una pregunta: ¿Cuál es la motivación de estos ganaderos? Podrían jubilarse y dejar a un lado todas las preocupaciones que rodean la vida en el entorno rural.
Ernesto, ganadero de 74 años en los Puertos de Sejos, responde a esta cuestión en el canal de YouTube de PopularTV Cantabria: "A mí me gusta esto, si viviera en la ciudad en cuatro días ya no sería Ernesto".
Pese a su avanzada edad, tiene claro que no cambiaría su estilo de vida por nada del mundo: "Aguantaré aquí hasta que pueda; estoy donde me gusta, haciendo lo que me gusta, y eso te da energía y te alarga la vida".
Su rutina, que arranca a las 6:30 desde el refugio de la Penilla, es sencilla: "Lo que hago todos los días es ir a ver a las vacas, comprobar si los terneros están malos, si han venido los lobos...".
En la cordillera cántabra, donde la niebla es habitual, los cencerros son vitales para Ernesto. Estos le guían por los páramos para comprobar el estado de sus reses, aunque muchas veces ya intuye por dónde andan.
Una demostración de la utilidad de un elemento que ha sido algo controvertido por la molestia que puede causar al turista rural.
Los lobos, una amenaza seria
En su día a día en el monte, Ernesto se enfrenta a un problema ancestral de la ganadería: los ataques de lobos. Tras la inclusión de este depredador en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial en 2021, las manadas de lobos han ido aumentando en España hasta las 333.
Solo en Castilla y León, comunidad limítrofe con los Puertos de Sejos, se registraron 4.474 ataques a explotaciones ganaderas en 2025. Estos incidentes se saldaron con la muerte de 6.294 cabezas de ganado, abonando más de 4 millones de euros en indemnizaciones.
Y es que el impacto económico de la pérdida de una res es brutal para un ganadero. Las ayudas por cada vaca devorada por un lobo van desde los 3.115 euros hasta los 4.200, según los baremos de compensación de las administraciones públicas.
Sin embargo, por ley el propietario debe costear la destrucción del cadáver mediante un seguro. Después, reemplazará la res, comprándola y trayéndola hasta sus tierras de pastoreo. Existe el riesgo de que una vaca novilla pueda accidentarse al no conocer bien el terreno.
