Los veranos cada vez son más duros en lo que se refiere a incendios. Una de las soluciones más simples y económicas es el pastoreo extensivo. El ganado consume hierba y matorrales, reduciendo el riesgo de incendio.
Sin embargo, la dureza del oficio de pastor ha reducido el número de animales ovinos y caprinos en España. De esos sacrificios habla Violeta Alegre en el canal de YouTube de Justicia Alimentaria.
Viole, como le gusta que la llamen, es pastora trashumante de 57 años de Abelgas de Luna, León. "Uno puede cerrar una frutería o un bar, bajas la persiana y ya está; pero yo no puedo dejar encerrados a los animales, tengo que darles de comer, sacarlos, etc.", explica.
Un gran sacrificio
Durante casi cuatro décadas, ha tenido que sacrificar su vida personal para sacar adelante un trabajo que arrancó con 18 años. "Mi marido y yo no fuimos a la graduación de nuestras hijas en el instituto", ejemplifica.
"Nunca nos hemos ido de vacaciones los cuatro, para ellas ha sido muy duro", añade. Esa dureza, sumado al aumento de las macrogranjas, está llevando la ganadería extensiva al límite.
El problema de las macrogranjas
Según datos de Interovic, la interprofesional del ovino y el caprino de carne, en España cada día desaparecen unas 520 ovejas y 82 cabras destinadas al pastoreo.
En cambio, una investigación de la agencia AGtivist de 2025 aclaró que hay 3.963 permisos de granjas intensivas en nuestro país, un 16% de todas las de la Unión Europea. Es el porcentaje más alto de todo el continente.
Además, las explotaciones intensivas en España suponen el 84% de las 86.641 censadas, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Por tanto, mientras el pastoreo extensivo disminuye, las grandes granjas aumentan.
"No es lo mismo un cordero que no ve la luz del sol, que no come más que pienso... que la ganadería extensiva", defiende Viole.
La invisibilización de la mujer en el pastoreo
Las mujeres componen entre un 28 y un 29 % del personal ganadero. Además, una de cada cuatro explotaciones ganaderas son propiedad de una mujer. Pese a ello, todavía existe mucho camino por hacer.
"Siempre te preguntan: '¿Está tu padre, está tu marido, está tu hermano?' No, estoy yo, habla conmigo... Les cuesta hablar con una mujer y que sea ella la que está al frente", explica la pastora trashumante.
Viole pone de relieve la Ley de Titularidad Compartida, que desde 2011 visibilizó el histórico trabajo rural femenino, permitiendo a las mujeres ser legalmente copropietarias de las granjas.
Esta norma garantizó un reparto equitativo de beneficios y ayudas, logrando que tanto hombres como mujeres trabajen en la misma explotación con garantías.
