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Las claves

Cada mañana, miles de auxiliares de ayuda a domicilio entran en casas de personas mayores, dependientes o con alguna enfermedad para ayudarles a mantener una vida lo más autónoma posible.

Su trabajo puede incluir limpiar, preparar comida o hacer la compra, pero reducir su labor a las tareas domésticas supone ignorar una parte esencial de lo que hacen: acompañar, cuidar y convertirse, en muchos casos, en una figura imprescindible para quienes viven solos.

Ana María Gómez conoce bien esa realidad. Lleva más de 20 años trabajando como auxiliar de ayuda a domicilio en Gálvez, Toledo, donde atiende a personas que necesitan asistencia para actividades básicas de su día a día.

Una profesión que deja huella en el cuerpo y que le ha provocado problemas de artrosis y desgaste por el uso continuado de productos de limpieza. "Cuando haces un sobreesfuerzo se te resiente la espalda, cargamos mucho peso", explica.

Levantar, duchar, vestir o acostar a los usuarios exige un esfuerzo físico constante, por lo que Ana ha tenido que recurrir a fajas lumbares y gimnasia funcional para poder seguir desempeñando su trabajo.

La profesión de cuidadora en España

La ayuda a domicilio busca que las personas que, por edad, discapacidad o enfermedad, tienen dificultades para desenvolverse puedan continuar viviendo en su hogar.

Ana ayuda con la higiene, el aseo, la alimentación, la movilidad y el seguimiento de la medicación siguiendo las pautas médicas.

Por eso reivindica el verdadero papel de estas profesiones: "Mucha gente cree que somos las 'chachas' de la limpieza, pero somos mucho más". Una realidad especialmente visible cuando el vínculo con los usuarios se prolonga durante años.

La jornada tampoco es sencilla. Ana atiende a cinco personas durante la mañana, entre las 9:00 y las 14:30 horas, y a otra por la tarde. El tiempo asignado no siempre permite responder a todas las necesidades.

"A veces nos falta tiempo para atenderlos adecuadamente porque cada usuario tiene su tiempo y unas tareas diferentes", lamenta. En España, aproximadamente ocho de cada diez profesionales del sector de los cuidados y la ayuda a domicilio son mujeres, según datos del INE.

Para muchos usuarios, la llegada de la auxiliar supone también combatir la soledad. Mari, una vecina de Gálvez de 81 años con discapacidad visual casi total, depende diariamente de su cuidadora, África, para tareas como hacer la comida, limpiar o acudir a la farmacia.

Después de más de cinco años juntas, su relación ha traspasado lo estrictamente profesional. "Ella me llama abuela y yo le llamo nieta", cuenta Mari.

Sin embargo, las condiciones laborales y el reconocimiento de las lesiones siguen siendo una preocupación. Ana denuncia que algunas dolencias derivadas de su actividad no son reconocidas como accidentes laborales.

"Muchas lesiones que sufrimos por el trabajo no te las reconocen como accidente laboral. Eso tiene que mejorar mucho", reclama.

Pese al desgaste, continúa encontrando sentido a su profesión: "A mis usuarios los tengo como si fueran mi segunda familia". Su deseo es sencillo: llegar a la jubilación en las mejores condiciones después de una vida dedicada a cuidar a los demás.