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Las claves

Elena Burillo, una joven de 26 años de María de Huerva (Zaragoza), se ha consolidado como un referente del nuevo campo español.

Con más de 30.000 seguidores en redes sociales bajo el nombre de @agroburi, Elena compagina la gestión de más de 200 ovejas y varias hectáreas de cereal con sus estudios de Ingeniería Agroalimentaria.

Su mensaje es claro: el sector primario es vital, pero necesita savia nueva. "El campo necesita jóvenes dispuestos a innovar, asumir riesgos y producir los alimentos que llegan cada día a nuestras mesas", afirma con convicción.

A pesar de la dureza física del trabajo, para Elena el mayor problema no es la labor diaria, sino las barreras estructurales. "Hoy en día, uno de los retos principales no es aprender a cultivar ni a cuidar a los animales. El verdadero reto es empezar", asegura.

La joven señala también la dificultad extrema para encontrar tierras disponibles, el complejo acceso a financiación y las altísimas inversiones iniciales.

Además, destaca un cambio de paradigma en la viabilidad económica: "Antes se vivía con 20 hectáreas, ahora necesitas 200", explica sobre la necesidad de ganar escala para ser rentable.

Por ello, recalca que los jóvenes no pueden hacerlo solos y necesitan el respaldo de estrategias institucionales, como las de la Unión Europea, para facilitar este relevo.

Jornada de 15 horas e incertidumbre

La vida de Elena dista mucho de la estabilidad de un horario de oficina. Sus jornadas suelen comenzar a las 7:00 y terminar a las 22:00: "Es un trabajo duro, sin horarios, sin días libres... "

Además del esfuerzo físico, debe lidiar con la incertidumbre económica y climática: "El peor enemigo es la meteorología. De repente no llueve y lo pierdes todo", explica sobre la vulnerabilidad del agricultor

A esto se suma la volatilidad de los precios en el mercado: "Llevas tu producto al mercado sin saber a qué precio te lo van a pagar". No existe un sueldo estable; al principio, según relata, "lo normal es que solo pongas dinero" para cubrir préstamos e inversiones.

A pesar de esto, valora la libertad de ser su propia jefa y la gratificación de producir lo que la sociedad consume.

Curiosamente, el campo no fue su primera opción. Tras terminar sus estudios iniciales, Elena se preparó para ingresar en la Policía Nacional, pero pronto se dio cuenta de que su verdadera vocación estaba en sus raíces.

En 2021 decidió quedarse en el negocio familiar, aplicando conocimientos modernos como la ganadería regenerativa y prácticas sostenibles para cuidar la tierra.

Además de su trabajo físico, Elena utiliza plataformas como TikTok e Instagram para dignificar el oficio y romper estereotipos, especialmente los relacionados con la edad y el género. "En redes sociales tienes que demostrar constantemente que haces tú el trabajo... Eso no se cuestiona igual en un hombre", señala respecto a los prejuicios que aún persisten.