El campo español atraviesa una de las etapas más complicadas de los últimos años. El aumento de los costes de producción, la creciente competencia de productos importados y una carga burocrática cada vez mayor han puesto contra las cuerdas a miles de explotaciones agrícolas.
En este contexto, Clara, agricultora riojana y divulgadora en redes sociales, ha querido visibilizar la realidad que vive el sector durante una entrevista en el canal de YouTube de Jaime Gumiel.
La joven asegura que competir con las frutas y verduras procedentes de otros países se ha convertido en una misión prácticamente imposible.
En muchos supermercados españoles conviven productos nacionales con otros llegados desde Marruecos, Egipto, Costa Rica o Sudáfrica, donde los costes de producción son considerablemente más bajos.
Ante esta situación, Clara no oculta su frustración: "No se puede competir porque, con esos precios, es imposible". A su juicio, el consumidor valora la calidad del producto español, pero el precio termina siendo determinante en la decisión de compra.
"La gente dice que valora el producto nacional, pero al final valora a veces más su bolsillo, porque tiene que ajustarse para poder comer, y al final compra de fuera".
A esta competencia exterior se suma otro problema que, según denuncian numerosos agricultores, dificulta todavía más la viabilidad de las explotaciones: la burocracia.
Los productores aseguran que cada vez deben cumplir más requisitos administrativos, certificados y controles impuestos tanto por la normativa europea como por la nacional, un esfuerzo que consume tiempo y recursos mientras los márgenes de beneficio siguen reduciéndose.
Al mismo tiempo, los gastos necesarios para sacar adelante una cosecha no dejan de aumentar. El combustible, los fertilizantes, el agua, la electricidad o el transporte encarecen la actividad agrícola hasta el punto de que muchos profesionales aseguran que, incluso vendiendo toda su producción, apenas logran cubrir costes.
Clara explica que esta situación se agrava cuando los compradores utilizan los precios de los productos importados para rebajar el valor de las cosechas españolas.
"Ya no es solo eso, es que a veces vas a vender tu producto y te dicen que ellos lo pueden comprar por otro precio, y aunque no fuera real, te lo van a bajar", indicaba. "Y al final no tiene nada que ver un producto con otro".
La presión llegó a tal punto que el pasado año tomó una decisión drástica con parte de su producción: "Al intentar venderlos, tenías muchos kilos y querían pagar la mitad del precio del año anterior, y es que me daba rabia, así que preferí tirarlos", relataba sobre sus tomates, sandías y melones.
Para la agricultora, aceptar precios por debajo de los costes solo agrava el problema. "Si todos vamos a pasar por el aro, al final lo que conseguiremos es ir en nuestra contra. Somos nosotros mismos los que bajamos el precio de las cosas, así que no deberíamos permitirlo", añadía.
Ante este escenario, cada vez más agricultores buscan alternativas para mantener la rentabilidad de sus explotaciones.
La venta directa al consumidor, los mercados locales o las tiendas online se presentan como vías para obtener un precio más justo y reducir la dependencia de intermediarios, en un intento por garantizar la continuidad de un sector que considera cada vez más difícil competir en igualdad de condiciones.
