Hay proyectos empresariales que nacen para ocupar un hueco en el mercado y otros que surgen de una convicción personal. En el caso de Cepa 21, la bodega fundada por José Moro en plena Ribera del Duero, ambas razones fueron de la mano.
Después de crecer en una de las familias más influyentes del vino español, el empresario decidió emprender su propio camino con una idea clara: demostrar que era posible reinterpretar una denominación histórica sin perder su esencia.
Su relación con el vino comenzó mucho antes de ponerse al frente de una empresa. De hecho, José Moro recuerda en una entrevista concedida a EL ESPAÑOL que uno de sus primeros recuerdos de infancia está ligado al trabajo en la bodega familiar. "Mi primer recuerdo es el de un niño metido en una cuba, limpiándola con un cepillo y una vela", rememora.
"Siempre he dicho que la innovación es conocimiento"
José Moro, presidente de Bodegas Cepa 21
Aunque su trayectoria estaba estrechamente vinculada a la empresa familiar, José Moro sintió a finales de los años noventa la necesidad de desarrollar una propuesta diferente.
"En 1998 empecé a soñar un nuevo vino", explica. Su objetivo era alejarse de los tintos muy estructurados que durante décadas habían caracterizado a la Ribera del Duero y elaborar vinos más frescos, elegantes y accesibles, sin renunciar a la personalidad del territorio.
Para ello buscó terrenos situados a mayor altitud, plantó 50 hectáreas de viñedo con orientación norte y levantó una bodega concebida desde el inicio para responder a esa nueva filosofía.
Aquella apuesta también supuso un importante reto empresarial. Cepa 21 nació con una inversión cercana a los 20 millones de euros, la mitad aportados como capital y la otra mitad mediante financiación.
Sin embargo, los comienzos no fueron sencillos. La producción era todavía limitada cuando estalló la crisis económica de 2008 y abrirse paso con una marca nueva en un mercado cada vez más complejo se convirtió en uno de los principales desafíos.
Lejos de frenar el proyecto, aquel contexto obligó a redefinir la estrategia. La bodega diversificó su oferta con nuevas referencias como Hito, Malabrigo y Horcajo, una decisión que permitió ampliar su presencia en el mercado y consolidar una marca que hoy vive, según reconoce el propio Moro, "el mejor momento de su historia".
José Moro, presidente de Bodegas Cepa 21.
De hecho, esa evolución ya se refleja en los resultados de la compañía. Cepa 21 cerró el ejercicio 2025 con un crecimiento del 8,2 % en su cifra de negocio y una mejora de más del 60 % en el resultado del ejercicio.
El crecimiento de la compañía, sin embargo, no responde únicamente a una mejora de los indicadores financieros. Para José Moro, detrás de esos resultados hay un cambio profundo en la forma de elaborar y entender el vino, con un consumidor que ha pasado a ocupar un papel central en la estrategia de la bodega.
"El consumidor ha cambiado, busca vinos que emocionen desde la primera copa, que sean más inmediatos, más frescos y más elegantes. Nosotros tenemos la responsabilidad de entender ese cambio", afirma.
Esa adaptación, explica, no supone renunciar a la identidad de la Ribera del Duero, sino reinterpretarla desde una mirada más actual, con vinos que mantengan la estructura y la complejidad propias de la denominación, pero que destaquen por su equilibrio y capacidad de disfrute desde sus primeras etapas.
"Los desafíos fueron muy importantes porque en las primeras añadas elaboramos pocas botellas"
José Moro, presidente de Bodegas Cepa 21
Ese cambio de filosofía coincide con un momento especialmente complejo para el sector vitivinícola. Al descenso del consumo de vino en algunos mercados se suma el impacto cada vez mayor del cambio climático, un factor que, para Moro, condiciona ya el presente y el futuro de las bodegas.
"Cada añada depende de las condiciones climáticas y hoy vivimos escenarios mucho más extremos", señala. Por ello, considera que cuidar el suelo se ha convertido en una prioridad estratégica y defiende la viticultura regenerativa como una herramienta para lograr viñedos más resistentes y equilibrados.
Precisamente, esta práctica constituye uno de los pilares de la nueva etapa de Cepa 21. La bodega trabaja para recuperar el equilibrio natural del suelo mediante microorganismos autóctonos y técnicas que reducen la intervención química.
Según explica su presidente, esta estrategia ya ha permitido mejorar la resistencia de las cepas frente al estrés hídrico y a determinadas enfermedades, además de obtener uvas de mayor calidad.
En este sentido, la empresa ha incorporado herramientas de viticultura de precisión y sistemas tecnológicos que permiten optimizar recursos, reducir el uso de insumos y aumentar la eficiencia tanto en el viñedo como en la bodega.
"Siempre he dicho que la innovación es conocimiento, y cuanto mayor es el conocimiento, menor es la intervención", concluye.
