Abrir un bar o restaurante es emprender en modo difícil. Además de las dificultades que conlleva la apertura de un negocio, la hostelería implica muchos sacrificios como el exceso de horas de trabajo o un margen de beneficio ajustado.
Willy dio el paso y abrió el restaurante El Arapey en Gavà, Barcelona especializado en comida uruguaya. En una entrevista para el canal de YouTube Charlas Ganadoras, cuenta las claves de un sector con un problema crónico de escasez de personal.
Tanto es así que mientras que las ofertas de empleo de la hostelería subían un 12 % en 2025, las inscripciones a estas bajaron un 8 %, según datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Willy es el vivo ejemplo de la crudeza del oficio.
"Te tiene que gustar, (...) prácticamente no tienes vida familiar y es muy sacrificado", explica. Su horario es desde las 9 de la mañana hasta las 3 o 4 de la madrugada. "Mi familia viene a verme y comemos o hacemos lo que sea pero siempre en el bar", apunta.
Si eres autónomo como Willy, las horas extra suelen ser habituales. Sin embargo, la hostelería ocupó el tercer lugar del ranking de sectores con más horas extra de España en el tercer trimestre de 2025. En total, 669.300 horas de más, según la Encuesta de Población Activa (EPA).
¿Por qué abrir un bar o restaurante?
En el caso de nuestro protagonista, se juntaron dos motivos vitales: su hija con discapacidad y su deseo de ser económicamente independiente. "Me cansé de hacer dinero para los demás y quería trabajar para mí", relata.
Sobre su hija, ella necesitaba una ocupación estable, y la apertura del negocio le facilitó esa posibilidad. "Trabaja los fines de semana conmigo y se siente útil, es una persona totalmente independiente", expone.
Willy explica que inicialmente invirtió 40.000 euros. Logró financiar su proyecto gracias a un préstamo y a la capitalización del paro. Es decir, cobró de golpe el subsidio de dos años para financiar su negocio y en la actualidad cuenta con una plantilla de 5 trabajadores, incluyéndose a él mismo.
El momento más crítico llegó con la pandemia. Willy contrajo el coronavirus y estuvo casi dos meses en coma. Fueron sus hijas las que mantuvieron el restaurante a flote, hasta que su padre se recuperó. "Gracias a eso sobreviví", admite.
Sobre la gestión de la clientela, el emprendedor destaca que uno "debe saber llevar a cada cliente porque si no pueden suponer un problema en cualquier momento".
El caso de Willy demuestra que la hostelería es, en efecto, emprender "en modo difícil". Sin embargo, los mayores sacrificios vitales también traen consigo las recompensas más valiosas.
