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Las claves

El precio de la vivienda usada continúa con su particular cuesta arriba. Así, y según los últimos datos de Idealista, ha subido un 15,8% interanual en el segundo trimestre de 2026. Así, el precio del metro cuadrado se sitúa en 2.823 euros de media en España.

Ante esta tesitura, quien más quien menos busca otras alternativas que rebajen el coste. Más ahora, ya que la tasa de esfuerzo (el porcentaje de los ingresos que se dedican a pagar la hipoteca) ha subido por encima del 30% (lo recomendado por los expertos).

Una de esas alternativas es la de adquirir una vivienda en subasta: piso, chalé, casa de pueblo, parcela, locales, oficinas...

Sin embargo, esta opción tiene sus luces y sus sombras. Entre las ventajas, quizá la más reseñable, es que el precio de salida suele estar entre un 30% y un 50% por debajo de lo que dicta el mercado. Pero también hay inconvenientes.

¿Quiénes subastan viviendas? Principalmente entidades públicas (Agencia Tributaria, Tesorería General de la Seguridad Social y ayuntamientos), notarías y bancos.

Competencia

Cualquier persona, o empresa, puede participar en una subasta online. La única excepción es que tenga algún tipo de impedimento legal. Es el caso de los funcionarios que estén directamente relacionados con el expediente judicial del inmueble en cuestión.

Como ya ha quedado reseñado, la principal ventaja de tomar este tipo de decisión es que se va a lograr un precio potencialmente más bajo que el que hay en la actualidad en el mercado.

Pero, ojo: la propiedad puede tener deudas o cargas asociadas que el comprador debe asumir. Sin olvidar otro condicionante importante.

Y es que en una subasta se compite contra otros posibles compradores, lo que puede elevar el precio final de compra.

Otra piedra en el camino que se pueden encontrar quienes opten por esta fórmula es que no es fácil conocer el estado real de la misma y si cuenta con inquilinos o, incluso, okupas.

Porque, a diferencia de la compraventa tradicional, en la que las viviendas se traspasan libres de cargas, y ante notario, esto no ocurre en el sistema de subastas.

Cierto que en un proceso de estas características se reciben algunos documentos interesantes, como el certificado de cargas y el edicto de la subasta, pero es prácticamente imposible entrar y ver el estado de la vivienda.

Otro hándicap a tener en cuenta es que, en numerosas ocasiones, las propiedades que salen a subasta son compartidas por parejas con un régimen de separación de bienes, o procedentes de una herencia.

Es decir, que si uno de los propietarios es embargado, y su parte es adquirida por un tercero, éste deberá negociar con los otros propietarios para obtener las partes restantes o solicitar la división de la propiedad en común para separar la finca y venderla repartiendo las ganancias de forma equitativa.

Además, otra desventaja es que, para participar, en muchos casos se requiere que los compradores realicen un depósito previo a la subasta. Este suele rondar el 5% del valor de la vivienda. Si no se gana la puja, se devuelve. Gana, por supuesto, quien puja más alto.

Proceso transparente

Las subastas son un proceso transparente y público regulado por el Real Decreto 1373/2009 y, desde el 15 de octubre de 2015 por la ley 19/2015. Dicho de otra manera, todas las ofertas y pujas están a la vista de todos los participantes.

Para participar, basta con registrarse en el Portal de Subastas del BOE, una vez dentro ver qué subastas están activas, filtrar las que pueden interesar y estudiarlas bien hasta elegir la que resulte más adecuada.

Una vez llegados a este punto, hay que hacer el depósito, y esperar a ver si es la puja más alta.