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Las claves

El sector primario atraviesa un debate profundo sobre su sostenibilidad debido a la gran competencia con las importaciones, la presión de las normativas europeas y la falta de relevo generacional en el sector.

Sin embargo, en Asturias un proyecto familiar demuestra que existe un camino alternativo basado en la profesionalización, la alta tecnología y una ética profesional innegociable.

Al frente de Arándonos el Cierrón se encuentra Adrián, un ingeniero agrónomo y agricultor que ha decidido plantar cara no solo a los intermediarios agrícolas, sino también a la arraigada cultura del dinero en negro.

Problemas para encontrar trabajadores en el campo

La historia de la finca es la de una transición generacional bien entendida. Lo que comenzó como un proyecto tradicional iniciado por sus padres dio un giro radical en 2018.

Tras formarse en el extranjero y trabajar en el desarrollo de genética vegetal, Adrián regresó a la explotación con una estrategia: tomar el control absoluto del negocio.

Para lograrlo, apostó por la producción de variedades exclusivas de frutos rojos de alto valor añadido y eliminó a los intermediarios mediante la venta directa por internet, garantizando entregas en menos de 14 horas a toda España.

Sin embargo, su verdadera revolución dentro del campo no solo ha sido con el comercio, también estructural y ética. Al asumir la dirección, implantó una política de tolerancia cero frente a la economía sumergida.

"Cuando volví en 2018 les dije a toda esta gente que estaban aquí que no hay dinero en B", aseguró en el canal de YouTube de José Elías. "Y eso, bueno, tuvo un problema porque hubo mucha gente que nunca más volvió pero me da igual".

Además, el agricultor critica con dureza el conformismo con los subsidios y el rechazo al trabajo legal que hay en la sociedad: "Llamas a gente y te dicen que tiene que ser en B, que están cobrando no sé qué paga y, joder... Me dicen eso y ese tío sale por la puerta".

Así, para Adrián la honestidad fiscal no se negocia: "Hace años que mando a tomar por culo al que me vuelva a decir que quiere cobrar en B. Que se vayan, estoy aquí pagando los impuestos como un cabrón...".

Por ello, para el agricultor defender el trabajo legal va unido a dignificar el sector. "El campo no es tan necesario que se automatice al 100% pero sí que es más necesario que se dignifique", apunta.

Por ese motivo ofrece jornadas continuas de 7:00 a 15:00 horas y asegura que "al final ahora ya todos los que vienen saben lo que hay. Están y cobran bien", afirma Adrián, con sueldos que superan los 2.000 euros en época de cosecha.

Esta excelencia se refleja también en la innovación. Pionero en España con el mini kiwi, señalando que es "la fruta más dulce que vais a probar en vuestra vida" y "la fruta más densa en nutrientes", aplica agricultura de precisión con sensores que ahorran un 30% de agua y práctica una ecología real.

Con su labor, Adrián demuestra que el futuro del campo pasa por la tecnología, la dignificación del oficio y la transparencia absoluta del agricultor al consumidor.