El descontento de los trabajadores por cuenta propia con el sistema tributario no es ninguna novedad, pero la sensación de asfixia es cada vez más evidente.
Si sobrevivir al presente ya es un reto diario, el futuro a largo plazo se perfila aún más oscuro. La jubilación, lejos de prometer un descanso, se ha convertido en una fuente de incertidumbre y precariedad para quienes han dedicado su vida a levantar un negocio.
Tras una vida entera al pie del cañón, David, un fontanero autónomo, explicó en una entrevista para la cadena COPE la amarga realidad de su retiro; la pensión que le ha quedado después de décadas de cotización y esfuerzo es, sencillamente, insuficiente para poder vivir.
Una fiscalidad que asfixia
El fontanero habló en el programa La Linterna sobre cómo invertir en su época como trabajador le ha permitido tener una mejor jubilación: "Mi mujer y yo hemos trabajado aquí, mi mujer tiene una pensión de 1.000 euros, yo de unos 500, la mitad, si no hubiéramos invertido, sería insuficiente".
David, a pesar de estar jubilado, a sus 75 años sigue trabajando en su negocio de fontanería como autónomo. Este fenómeno de jubilados que siguen trabajando puede ocurrir en ciertas ocasiones, sobre todo en negocios familiares.
Independientemente, a pesar de que David llevaba siendo trabajador autónomo desde los 24 años y fundó su propio negocio de fontanería, si no hubiese optado por invertir, como comentó, "sería insuficiente".
Trabajadores como el fontanero jubilado han tenido que optar por buscar ingresos extra fuera de sus negocios, porque como autónomos las prestaciones, ayudas y pensiones no son las mismas que las de un trabajador por cuenta ajena.
Tanto es así, que el 41% de los autónomos en España cobra por debajo de 27.480 euros al año, es decir, 2.290 euros mensuales.
Esto teniendo en cuenta que el coste de vida medio en España se sitúa en torno a los 1.000 euros, sin contar con el alquiler, que podría hacer que esta cifra aumente mucho más.
Además de esto, los trabajadores por cuenta propia destinan en promedio el 54,4% de sus ingresos brutos al pago del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) y cotizaciones sociales.
De esta manera, por ejemplo, un trabajador autónomo que ingresa 30.000 euros netos anuales, debe destinar alrededor de 12.000 y 16.000 euros a pagar impuestos y cotizaciones.
Estos datos permiten poner el foco a la situación de algunos autónomos que deben tomar la misma decisión de David e invertir en acciones, fondos indexados, o cualquier activo externo a su negocio, para lograr jubilarse en condiciones o hacer frente a distintos gastos.
Por ello, con el anuncio de la subida de cuotas de autónomos, estos trabajadores no dudaron en protestar alegando que supone un gasto muy excesivo para ellos y supone una considerable presión fiscal.
