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Las claves

La llegada del verano en Europa ha supuesto un importante aumento de las temperaturas en todo el continente, lo cual, ha traído consigo imágenes para la posteridad como los franceses bañándose en el Sena para huir del calor.

Así, con este panorama con unas olas de calor cada vez más intensas, países como Alemania han optado por marcar una clara línea roja en el concepto del Hitzefrei (libre por calor): un conjunto de normativas que inhabilita matemáticamente los centros de trabajo si el termómetro supera ciertos límites.

Esta regulación no solo obliga a los empresarios a refrigerar las instalaciones, sino que otorga a los empleados el derecho legal de marcharse a casa con el sueldo intacto si el calor convierte la oficina en un espacio impracticable.

¿Cómo funciona esto?

La ley, conocida popularmente como Hitzefrei auf der Arbeit (sin calor en el lugar de trabajo), no supone que "está prohibido trabajar" cuando hay olas de calor, sino que establece que el empleador pierde derecho a exigir el trabajo presencial si no es capaz de garantizar unas condiciones climáticas saludables, regulado bajo la norma ASR A3.5.

De esta manera, aunque no sea un límite consagrado por la ley, el país europeo considera que la temperatura máxima que puede alcanzarse en el lugar de trabajo son 26 grados centígrados.

Lo cierto es que si las temperaturas superan ese nivel, los empresarios deben garantizar que los trabajadores puedan continuar su trabajo de manera segura. Por ejemplo, distribuyendo agua potable y permitiendo descansos en refugios climáticos.

No obstante, cuando las temperaturas se elevan por encima de los 35 grados centígrados, la sala o local deja de ser apto como lugar de trabajo. Por ello, si el jefe no puede bajar esta temperatura, los empleados no pueden trabajar ahí. En estos casos, el empleador debe reubicarlos o mandarlos a teletrabajar.

¿Y en otros países?

En otros países europeos, como por ejemplo Austria, tiene una ley relacionada con el calor para el sector de la construcción y trabajos al aire libre.

Según la legislación laboral austriaca, si los trabajadores de la construcción están expuestos directamente al sol y la temperatura a la sombra alcanza los 32,5 grados centígrados, el empleador tiene derecho legal a detener la obra.

Para evitar que las empresas obliguen a los obreros a trabajar por miedo a perder dinero, existe un fondo de compensación climática.

Así, los trabajadores se van a casa protegiendo su salud y siguen cobrando el 60% de su salario por las horas no trabajadas, costeado en gran parte por este fondo de la Seguridad Social.

La diferencia con España

España ha aprobado varias normativas para prohibir ciertos trabajos al aire libre, como limpieza viaria y construcción, cuando la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) emite alertas rojas o naranjas.

Sin embargo, la principal diferencia con el modelo germánico radica en el umbral de la oficina. Mientras que en España el límite legal en interiores suele ser más flexible o se enfoca en la 'comodidad del trabajador', en Alemania y Austria pasar de los 35 grados centígrados en interiores inhabilita el espacio por completo, obligando al empresario a enviar al trabajador a casa con el 100% de su sueldo si no tiene otra alternativa.