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Las claves

Más de 1.500 euros facturados en una sola jornada pero apenas 200 de beneficio real al final del día.

Esa es la diferencia que Daniel Rojas, electricista autónomo, ha querido mostrar públicamente para explicar la realidad que miles de autónomos viven cada mes.

Conocido en redes sociales, comparte el día a día de su profesión y los costes que acompañan a cada servicio.

En esta ocasión, el especialista desglosa céntimo a céntimo lo que entra y lo que sale de su negocio durante una de sus mejores jornadas de trabajo.

La jornada arranca con varios encargos y, como ocurre habitualmente en este tipo de trabajos, los primeros gastos aparecen antes incluso de comenzar las reparaciones.

El combustible y la compra de materiales forman parte de la inversión necesaria para poder prestar el servicio.

Y es que cada reparación implica una compra previa de piezas y componentes que posteriormente se instalan en casa del cliente.

Son un paso obligatorio y el margen de beneficio no llega hasta después de descontar todos esos costes.

Y es que tras completar todos los servicios del día, el resultado total refleja una facturación de "1.562,54 euros".

Una cifra que puede parecer elevada a primera vista, pero que no representa el dinero que termina llegando a su cuenta bancaria.

Pues, aunque a muchos no les falten ganas, no queda otra que descontar impuestos y gastos.

"El IVA va para Hacienda, -21%, y el precio nos baja a 1291,40 euros. Pero si queremos hacer un desglose claro usaremos este orden: total de los gastos de gasoil, materia, etc. 1012,40 euros y el margen es de 279,40 euros, pero espera, aquí le tenemos que quitar el 25% de IRPF, que son 69,85 euros", explica el experto de forma detallada.

Después de realizar todos los cálculos, el beneficio final queda muy lejos de la cifra inicial.

Según explica el propio electricista, el resultado de esa jornada fue de "209,55 euros, sin contar la cuota de autónomos, el seguro de la furgoneta, la furgoneta, mantenimientos, seguro de responsabilidad civil, etc", detalla.

Una situación que comparten millones de autónomos en España y que explica por qué ingresar más no siempre significa ganar más.