Ver para creer. El rey del misterio en nuestro país, Iker Jiménez, ha tenido que rebelarse contra aquellos que siguen defendiendo las teorías de la conspiración en relación con el coronavirus y que ahora lo acusan de "traidor" por no tragarse sus consignas. El periodista ha tirado la toalla con las personas que creen en la llamada plandemia, esa por la que el orden mundial nos está atemorizando y limitando nuestros movimientos empleando el virus para acabar controlándonos. "Compruebo, a mi pesar, que no hay posible diálogo", lamentó en su cuenta de Twitter en el inicio de un hilo que muchos están aplaudiendo.

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El popular presentador ya había contado en la red social que acababa de sufrir en sus propias carnes los estragos del virus: "Anteayer murió por Covid un conocido. 50 años. Sin patologías previas", compartía, añadiendo que "he comprobado que el enigma sigue siendo por qué el Sars Cov2 actúa como actúa. En muchos organismos no genera daños, en otros la gravedad es muy alta, y en algunos casos hay un abanico amplísimo de secuelas. Yo ya no sé cómo decirlo. Un poco de cuidado".

Después de esta íntima confesión, Jiménez recibía un aluvión de críticas, insultos y hasta amenazas de los creyentes en la plandemia y el periodista, harto, escribía un hilo tratando de explicarse. "No soy un traidor, no estoy a favor de Soros, Bildelberg ni la Masonería; pero todo eso puede entenderlo el que ha visto mis programas y mi forma de ser durante 15 años", explica, apuntando que "he intentado escuchar y atender argumentos, pero compruebo que están enraizadas una serie de ideas que no van a dejar de estar".

"No soy judío ni masón"

Su consuelo, reconoce, es que "queda en mi conciencia cómo desde el minuto uno del inicio de esta plandemia mi intento de hacer entender". Argumenta que ha investigado a fondo y hay "una manipulación brutal, pero alguna gente se la cree", entonando el mea culpa: "Algo debí de hacer mal yo durante muchos años. Lo primero para que no se me crea. Para que se piense que soy traidor. Lo segundo para no saber cómo hacer entender que esto no es broma y que, por desgracia, la pandemia es real y bastante incontrolable".

"No soy judío, no soy masón, no pertenezco a ninguna sociedad secreta u oculta", se defiende Iker Jiménez, recordando que "he tocado Alcasser, pederastia de las élites, marxismo cultural, Síndrome Tóxico, Kalergi, Bohemian Group, Bildelber... todo lo que se considera intocable. Ahí están los programas y mis comentarios. Y mis ideas. Algo he debido de hacer mal para que me consideren pagado, traidor, esparcidor del miedo":

El capitán de La Nave del Misterio concluye recordando que es un "periodista que pretende ser libre en un mundo complicado" y que no ha sido "tibio al denunciar a los demonios que por ahí pululan", agradeciendo las muestras de cariño y deseando "salud y suerte" a los que antes eran seguidores y ahora, parece, enemigos.