El principito y el planeta.

El principito y el planeta.

La Jungla

'El Principito' cumple hoy 75 años y pocos saben que nació teniendo alas

En la Jungla. Uno de los relatos más universales cumple este 6 de abril 75 años siendo mucho más que un libro: toda una filosofía de vida.

"A Leon Werth. Cuando era niño". Esta dedicatoria está grabada a fuego en el imaginario colectivo. Con ella empezaba el escritor Antoine de Saint-Exupéry uno de los libros que han marcado la literatura del siglo XX. El Principito es una fábula que llegó para recordarnos la importancia de no olvidar que un día fuimos niños.

El 6 de abril de 1943, un día como hoy de hace 75 años, veía la luz la obra de este malogrado piloto francés que tomó una pluma para encadenar las palabras que todavía ahora sirven de guía a millones de personas en todo el planeta. Traducida a 250 idiomas, se ha convertido en una pieza imprescindible en las librerías, para revisar de vez en cuando, para tener a mano cuando se nos encoja el corazón.

Como ocurre con casi todas las efemérides, El Principito también ha sido trending topic este viernes, colándose con una rosa entre arbustos menos nobles de políticas y líos televisivos. Así, mágicamente, nos hemos ido encontrando retales de la obra de Saint-Exupéry para dibujarnos una sonrisa boba:

El periodista Javier Pérez Campos ha querido sumarse también a la efeméride, pero lo ha hecho de una forma más original si cabe. Planteando que el personaje del principito, ese niño rubio y despeinado, en las primeras ilustraciones, era un joven alado. Así, fue desgranado también la vida y muerte de su autor, envuelta en misterio:

Expatriado de Francia después de haberse extendido el rumor de que había colaborado con los alemanes, Saint-Exupéry veía como su novela Vuelo nocturno se hacía celuloide. La correspondencia con sus amigos europeos estaba inundada de ese hombrecito con alas, rubio y con voz de niño, diciendo cosas que los adultos no se atrevían.

Al escritor no le gustaban sus dibujos porque le resultaban infantiles, pero en esta ocasión, los personajes solo podían ser imaginados por él. Y así han pasado a la posteridad sus planetas, sus rosas, sus estrellas, sus desiertos, su zorro y su boa que se había comido un elefante.