Imagen de la elaboración en directo del steak tartar del restaurante La Isla.
El restaurante La Isla celebra 80 años de historia con un menú degustación a la altura de su trayectoria
La propuesta está compuesta por cinco pases y un postre acompañados de maridaje.
Más información: La gastronomía sevillana se pone flamenca en 26 hoteles de la ciudad y la provincia
Hay un rincón de Sevilla que está de aniversario.
El restaurante La Isla, uno de los referentes de la gastronomía de la ciudad, cumple 80 años deleitando a los sevillanos con productos del mar de primera calidad y elaboraciones que han sabido conservar la esencia de la cocina tradicional.
Es por ello, y por todas las velas que aún le quedan por soplar, por lo que el equipo ha decidido deleitar a sus clientes con un menú degustación de lo más completo. Cinco platos de esos que sacian y dejan el mejor sabor de boca, acompañados de un maridaje cuidadosamente seleccionado. Y, como broche final, un postre con el que poner el punto dulce.
La experiencia, que tiene un coste de 80 euros y que solo estará disponible durante octubre, es sobresaliente desde que se cruza la puerta del salón.
La ubicación del restaurante, en pleno corazón de Sevilla, es uno de los grandes atractivos del enclave. Pero a ella se suma la exquisita atención del personal.
Desde Pablo, un camarero de los de antes que, tras un paréntesis, regresó a la que ya considera su casa, hasta Miguel Úbeda, el maître que detalla cada plato y acompaña a los clientes durante el recorrido gastronómico. Un servicio cercano, atento y profesional que demuestra que la calidad de un restaurante no se mide únicamente por lo que llega a la mesa.
La primera propuesta es un clásico de la gastronomía andaluza. Una ensaladilla de gambas que no tiene ningún toque especial porque tampoco le hace falta.
Una elaboración sencilla, de las de toda la vida, que demuestra que no se necesitan grandes artificios para conquistar el paladar. Tanto es así que, tal y como señalan desde el restaurante, ya hay vecinos de la capital que se animan a encargarla para las fechas señaladas.
Ensaladilla de La Isla.
Esta tapa tradicional va acompañada de manzanilla Papirusa, una combinación que sirve como primera toma de contacto con la propuesta del establecimiento.
Tras este primer bocado para ir abriendo boca, llegan las gambas blancas de Huelva o los langostinos de Sanlúcar de Barrameda, dependiendo de la mercancía del día. Dos auténticos manjares del mar a los que les acompaña una copa de manzanilla en rama Minuto.
El tercer plato es un steak tartar que toma forma delante de los ojos del comensal.
El equipo de La Isla se encarga de terminar de prepararlo en directo, teniendo en cuenta las preferencias de cada cliente y ajustando los condimentos a su gusto. Un pequeño espectáculo gastronómico que aporta un atractivo añadido a la degustación. La carne, que se cuela por primera vez en el menú, va de la mano de Unzu Rosado.
Imagen del vino Unzu.
Tras este plato llega una de las opciones estrella del establecimiento: el lenguado a la Cleopatra. Una elaboración que ocupa un lugar destacado en la propuesta gastronómica del restaurante y que devuelve todo el protagonismo al pescado. En esta ocasión, el maridaje es un Muga F.B. Blanco.
Y cuando parece que el menú ya ha ofrecido suficientes motivos para salir satisfecho, llega el último plato salado: el cordon bleu. Una propuesta contundente que pone el broche a la parte principal de la degustación. Un cierre pensado para quienes valoran salir de un restaurante con la sensación de haber comido, y muy bien.
El cordon bleu de La Isla.
Pero ninguna celebración de cumpleaños estaría completa sin su correspondiente toque dulce. El tocino de cielo acompañado de Juvé & Camps Reserva de la Familia llega como último capítulo de este recorrido por los sabores de La Isla, poniendo el punto final a una experiencia que combina tradición, producto y un servicio a la altura de las ocho décadas de historia del establecimiento.
El tocino de cielo de La Isla.
Ochenta años después de abrir sus puertas, La Isla demuestra que hay tradiciones que no necesitan reinventarse para seguir conquistando paladares. Basta con cuidar el producto, respetar las recetas y mantener esa forma de atender al cliente que convierte una comida en una experiencia para recordar.