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Carmen (45 años) tuvo que dejar su casa tras una subida de 300 euros: "No tenía contrato ni cómo defenderme"

La sevillana tiene unos ingresos inferiores a 1.200 euros y tiene que hacerse cargo de una niña pequeña.

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J.F.
Publicada

Carmen tiene 45 años y una hija pequeña a su cargo. Durante un tiempo consiguió mantener un techo para las dos en una barriada de Sevilla, aunque lo hizo en unas condiciones que, con el paso del tiempo, terminaron dejándola sin margen para afrontar el coste de la vivienda.

Pagaba 400 euros al mes por el piso, pero no tenía contrato de alquiler. Un día, esa cantidad dejó de ser suficiente. Cuando se formalizó el arrendamiento, el precio pasó a ser de 700 euros.

"Tuve que irme de mi casa porque me subieron el alquiler 300 euros. No tenía contrato ni cómo defenderme", explica Carmen.

Ahora ha denunciado la situación, motivo por el que solicita no revelar sus apellidos ni aportar otros datos que puedan permitir identificarla.

El incremento suponía para ella mucho más que 300 euros adicionales cada mes. Carmen cobra menos de 1.200 euros y tiene que hacerse cargo de una niña pequeña.

Con ese nivel de ingresos, asumir un alquiler de 700 euros significaba destinar aproximadamente la mitad de su sueldo únicamente a pagar la vivienda, antes incluso de afrontar el resto de gastos del hogar.

"No podía pagar 700 euros. Es que son la mitad de mi sueldo", relata. A eso se sumaban los gastos derivados de tener una hija pequeña, una circunstancia que, según explica, hace todavía más difícil llegar a final de mes. "Una niña chica hace mucho gasto", señala.

Ante la imposibilidad de asumir la nueva renta, Carmen terminó marchándose de la vivienda. La decisión no fue, según cuenta, una elección personal, sino una consecuencia directa de una subida que su economía no podía absorber.

"Estoy cansada de sobrevivir todos los días de mi vida y de que aún con una niña chica a mi cargo siga teniendo que depender de que mis padres me ayuden económicamente", afirma.

Sus padres son precisamente quienes la arropan cuando sus ingresos no son suficientes. Una situación que le pesa especialmente porque, a sus 45 años, esperaba poder mantener a su hija con sus propios recursos.

"No quiero depender de mis padres. Quiero poder sacar adelante a mi hija con mi trabajo y con mi sueldo", sostiene.

El caso de Carmen refleja la dificultad que supone para algunos hogares afrontar el coste de la vivienda cuando los ingresos no crecen al mismo ritmo que los alquileres.

Ahora, después de haber tenido que abandonar aquella vivienda, Carmen intenta reorganizar su vida mientras continúa necesitando la ayuda de sus padres.

Lo que más le preocupa, dice, no es únicamente haber perdido aquella casa, sino la sensación de que trabajar no basta para garantizar algo tan básico como poder mantener un hogar.

"Lo que más duele es trabajar y que aun así no te llegue para vivir", concluye.