Fachada de apartamentos en Doctor Cortezo. Europa Press
Confirmado por la Ley de Arrendamientos Urbanos: el casero está obligado a arreglar las humedades de la casa
Según recoge la normativa, el propietario está obligado a realizar todas aquellas obras necesarias para conservar la vivienda en condiciones de habitabilidad.
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Cuando aparecen manchas de humedad en casa, la duda es casi automática, quién tiene que hacerse cargo, el inquilino o el propietario. La respuesta, al menos en la mayoría de los casos, es bastante clara.
La Ley de Arrendamientos Urbanos, LAU, establece que es el casero quien debe asumir este tipo de reparaciones.
Según recoge la normativa, el propietario está obligado a realizar todas aquellas obras necesarias para conservar la vivienda en condiciones de habitabilidad.
Aquí es donde entran las humedades, un problema que no solo afecta a la estética del inmueble, sino también a la salud de quienes viven en él.
Uno de los principales riesgos está en la aparición de moho. Según la Organización Mundial de la Salud, la humedad persistente y el crecimiento de microorganismos en interiores aumentan el riesgo para la salud, especialmente en viviendas mal ventiladas o con problemas estructurales.
Las filtraciones, goteras o problemas derivados de una mala impermeabilización no son responsabilidad del inquilino, salvo que se demuestre que han sido causados por un mal uso de la vivienda.
Es decir, si la humedad aparece por defectos estructurales, desgaste de materiales o falta de mantenimiento, el arreglo corre a cargo del arrendador.
La ley protege al inquilino en este tipo de situaciones. Vivir en una casa con humedades no es sólo incómodo, también puede ser peligroso. Por eso, la responsabilidad de mantener la vivienda en buen estado recae, principalmente, en el casero.
De hecho, el artículo 21 de la LAU es bastante claro en este punto, el propietario debe hacerse cargo de las reparaciones necesarias para conservar la vivienda en condiciones de habitabilidad, sin que por ello pueda subir el precio del alquiler.
Por su parte, el inquilino tiene la obligación de comunicar cuanto antes la aparición de estas humedades. No hacerlo podría agravar el problema y, en algunos casos, generar conflictos sobre quién debe asumir el coste de la reparación.
Además, si el propietario no responde o se desentiende de la situación, el inquilino puede reclamar e incluso, en determinados casos, solicitar una reducción de la renta o la resolución del contrato si la vivienda deja de ser habitable.