Imagen de Teresa.

Imagen de Teresa. Cedida.

Salud

Teresa, la única superviviente de España que ha pasado por 4 trasplantes de riñón: "No hay que estigmatizar la enfermedad"

Esta sevillana ha participado en la creación de la Escuela del Paciente del Virgen del Rocío, un organismo para resolver dudas a los pacientes.

Más información: Marta, la profesora de Sevilla que lidera una red para unir a chicas del sector tecnológico y dar con ofertas laborales

Publicada
Actualizada

Teresa ha vuelto a la vida cuatro veces, las mismas que ha sido trasplantada del riñón. Esta sevillana de 46 años lleva siendo enferma renal crónica desde los tres, momento en el que le diagnosticaron Síndrome Hemolítico Urémico, que se traduce en la "rotura de los glóbulos rojos" y en una conversión de la urea del cuerpo en amoníaco. O lo que es lo mismo, "en un veneno que supone una destrucción masiva".

Ahora, por suerte o desgracia, se ha convertido en "la única mujer de España" que ha recibido cuatro riñones porque, tal y como ella misma explica a este medio, "se dice que alguien ha sido trasplantado cuando el nuevo órgano le funciona".

La suya es una historia de superación. De coraje y de valía. Creyente, cofrade y feriante, Teresa agradece a la vida "todos los regalos" que esta le ha dado a pesar de que siendo tan solo una niña la ató a una condición médica de la que no se puede deshacer. Asimismo, defiende que "esta enfermedad no se puede estigmatizar". "Un paciente renal es un ser humano, y por ello está obligado a amar y cuidar".

Echando la vista atrás, cualquiera diría que esta característica -como prefiere llamarla- ha marcado su futuro.

Y es que, con padre empresario y madre ama de casa, ella decidió coger el camino de la Salud. Ello sin el visto bueno, aunque sí con el apoyo, de su madre Teresa, que prefería que su hija se alejase de los médicos. Ya bastante tiempo tenía que pasar con ellos. "Demasiadas palizas hospitalarias" se tenía que llevar.

Escuela del Paciente y Mentoring

Desde hace ya años, Teresa forma parte de la plantilla de enfermeros de la unidad de Nefrología del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, centro en el que, junto a otras compañeras, ha impulsado la Escuela del Paciente y el 'Mentoring'. En estos dos proyectos se resuelven dudas a los usuarios y familiares sobre sus patologías.

Mientras que al primero puede acceder cualquier paciente, el segundo está destinado únicamente a quienes tienen ERCA (Enfermedad Renal Crónica Avanzada). Para ellos, personas como Teresa son un espejo del presente y del futuro que les espera. "Los nuevos llegan llenos de miedo", lamenta.

Después de un trasplante, el tiempo que el nuevo órgano suele servir es de "unos 25 años". Sin embargo, "las medias están para romperlas".

En el caso de Teresa, el primer riñón estuvo en su cuerpo durante nueve años y medio; el segundo llegó en el 1992 y el tercero en el año 2000. "Cuando parecía que se iba a acabar el mundo, yo volví a nacer", sostiene tajante.

Fallecimiento por ELA

Todos y cada uno de estos órganos han marcado la vida de nuestra protagonista. El primero la acompañó en su infancia y adolescencia. El tercero estuvo cuando conoció a "su gran amor" y el cuarto llegó justo cuando se fue su "mayor pilar", su madre. Ahora, a Teresa se le llena la boca al hablar de ella, pero admite que su esencia se esfumó cuando falleció.

Teresa se dedicó en cuerpo y alma al cuidado de sus dos hijas, pero la ELA se la llevó demasiado pronto. Casualidades de la vida, madre e hija estaban ingresadas en el hospital al mismo tiempo.

En 2016, Teresa, quien le había ocultado a su madre que se tenía que volver a someter a la diálisis para "ahorrarle sufrimiento", estaba esperando a ser intervenida para recibir su nuevo riñón cuando los médicos la subieron a planta para despedir a su gran apoyo.

Imagen de Teresa junto a su madre.

Imagen de Teresa junto a su madre. Cedida.

Después de esto, y a pesar de haber vivido "enchufada a una máquina" parte de su vida, llegó su "peor momento". Un agujero negro que la sumió en una depresión durante dos años.

A lo largo de este proceso, Teresa tuvo la "gran suerte" de poder apoyarse en los que más la querían. Y aquí están también incluidas sus amigas. Mariluz, por ejemplo, fue una de sus grandes aliadas durante su etapa más dura pero también lo ha sido en el proyecto que ahora alumbra a los enfermos en el hospital sevillano.

Junto a ella, otras compañeras y tras muchas dudas, sacó adelante la ya citada Escuela del Paciente. Tan solo medio año después de su puesta en marcha se baraja implantar en otros centros como el Reina Sofía de Córdoba.

Un camino "muy duro"

A pesar de su fortaleza y "ganas de vivir", la sevillana no quiere edulcorar su historia. Tampoco convertirla en un relato romántico. Es un camino "muy duro" con compañías silenciosas como la diálisis, que duele en la cabeza y en el cuerpo.

Sin embargo, insiste: ese dolor no puede convertirse en una cárcel. Defiende esta idea a pesar de que su vida también ha estado marcada por las complicaciones.

A los 13 años, tuvo que ser intervenida de urgencia con un miedo más. Los médicos le advirtieron de que podía perder una pierna.

Por ello, nada más salir de la operación, lo primero que hizo fue buscarla con la mano y comprobar que seguía ahí. Como si en ese gesto se condensara toda su forma de enfrentarse al mundo: resistir pero asegurarse de que sigue en pie.

Hoy, con la perspectiva que dan los años, Teresa reconoce la suerte de haber estado acompañada en los momentos más oscuros. Pero también lanza un mensaje claro. La enfermedad "no debe estigmatizar". La vida -repite- está hecha para vivirla. Y quienes la atraviesan desde una patología como esta no solo tienen dejarse cuidar, sino también ser los cuidadores del otro.