Imagen de una planta tras un incendio forestal.

Imagen de una planta tras un incendio forestal. Gabri Solera / Europa Press

Provincia de Sevilla

La agricultura y su terreno: por qué en Sevilla no hay tantos incendios forestales como en otras zonas a pesar del calor

Aunque la provincia no está exenta de riesgo, es uno de los territorios de Andalucía en el que menos fuegos de gran envergadura se registran.

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El verano de 2026 se recordará por haber sido ese en el que se dieron algunos de los incendios forestales más extremos de la historia de España.

El del municipio almeriense de Los Gallardos acabó con la vida de 14 personas, convirtiéndose en el fuego más mortífero de Andalucía desde que hay registros; y los incendios en el centro de la península batieron récords en lo que al número de hectáreas quemadas se refiere.

Indiscutiblemente, las altas temperaturas tienen mucho que ver con la proliferación de las llamas.

Las olas de calor prolongadas aumentan el peligro porque secan la vegetación y favorece la propagación del fuego, pero no es el único factor que prende la mecha. Y, para muestra, un botón. O mejor dicho, una provincia.

Sevilla es uno de los territorios españoles donde los termómetros marcan las cifras más altas.

Sin embargo, aunque los conatos de incendio son frecuentes en esta época y el territorio no está exento de estos fuegos forestales, la provincia figura entre las que presentan un menor riesgo de incendios de toda Andalucía, según la web de la Junta.

Los factores

Antonio Jordán, profesor de Ciencia del Suelo del departamento de Cristalografía, Mineralogía y Química Agrícola de la Universidad de Sevilla (US), relata cuáles son los factores que hacen que la provincia, por norma general, no sea escenario de grandes fuegos.

El primero de ellos es que "buena parte del territorio está ocupado por explotaciones agrícolas, olivar o dehesa".

Es decir, paisajes donde la vegetación es menos continua que en las grandes masas forestales, lo que genera una "fragmentación del paisaje que actúa como una barrera natural". Este hecho "dificulta la propagación del fuego".

"Además, muchas de las zonas mantienen una actividad agrícola y ganadera relativamente intensa. Los cultivos, el pastoreo y otros aprovechamientos tradicionales reducen la acumulación de combustible vegetal: lo que alimenta a las llamas", explica.

La orografía está también incluida en la lista de características que hacen que Sevilla tenga "menor riesgo de incendios respecto a otras zonas de la comunidad como Málaga, Granada o Almería".

Mientras que estos territorios cuentan con "fuertes pendientes y determinados regímenes de viento que favorecen la propagación rápida del fuego y dificultan las labores de extinción", en Sevilla predominan "relieves más suaves".

Jordán sostiene que son estos factores los que "impiden que conatos o pequeños incendios no se conviertan en grandes incendios forestales". Esto a pesar de que las temperaturas que se registran en Sevilla son muy elevadas.

Sierra Morena como excepción

No obstante, "existen excepciones como es el caso de Sierra Morena". En este enclave pueden producirse fuegos de gran envergadura "si coinciden altas temperaturas, viento intenso y gran acumulación de combustibles". Es decir, mayor vegetación.

Es esta última la que 'ayuda' a que en la provincia se registren, por norma general, fuegos de menor dimensión.

Tal y como señala el experto, "el abandono progresivo del mundo rural" ha hecho que "muchas zonas agrícolas dejaran de cultivarse", siendo estas colonizadas por los matorrales.

En Sevilla, aunque este fenómeno ha tenido lugar, lo ha hecho "de forma menos intensa", una condición que, en términos generales, hace que las labores de extinción sean más sencillas.

Mayor prevención

El experto destaca el "refuerzo" por parte de la Junta de Andalucía en los trabajos de prevención de incendios.

En este sentido sobresale el dispositivo Infoca -que ya no trabaja únicamente durante el verano- los tratamientos selvícolas, las quemas preescritas o la apertura de áreas estratégicas.

Actuar durante el invierno, el otoño o la primavera es lo que realmente, reduce "la probabilidad de que un pequeño incendio termine convirtiéndose en un megaincendio".

También sobresale el mantenimiento de infraestructuras de defensa, la vigilancia, el análisis del combustible vegetal y el empleo de nuevas tecnologías para detectar situaciones de riesgo.

No obstante, aclara que todas y cada una de estas actuaciones "deben adaptarse a cada ecosistema" apoyándose en la ciencia.

"No necesita el mismo tratamiento una dehesa de Sierra Morena que un alcornocal de Cádiz, un pinar de alta montaña en Granada o un matorral semiárido de Almería."

A pesar de que Sevilla goza de una serie de características que dificultan la aparición de grandes incendios forestales, Jordán, alerta de que esta situación puede cambiar.

La provincia podría convertirse en un territorio "vulnerable" en el futuro.

¿Las razones? "El cambio climático", un fenómeno que está haciendo que "aumente la duración de las sequías, la frecuencia de las olas de calor y la intensidad de los episodios meteorológicos extremos".