Luis Romero.

Luis Romero. E.E.

Opinión

Columnas de libros

Publicada

Miraba ahora hacia las columnas de libros que hay en una mesa de mi despacho y me fijaba en algunos de los títulos de esos ejemplares, sus colores, que hacen que tenga unas determinadas sensaciones, unos precisos recuerdos sobre las historias que en ellos se cuentan.

Aunque aún no haya disfrutado del contenido de algunos de ellos, los he adquirido pensando en los secretos que me revelarían las líneas escritas en su interior. Ahora, por ejemplo, me fijo en dos de Picasso, “Desbloqueando a Picasso” y contemplo el dibujo que hay sobre el genio malagueño con una camiseta a rayas y el gesto en la comisura de su boca sobre un fondo azul.

Veo también una preciosa portada clásica con una cubierta de tonos verde, dorado y granate, también amarillentos: se titula “Los mil y un fantasmas y otros relatos” de Alejandro Dumas, con una pequeña biblioteca, un candelabro delante apoyado en una mesita redonda, y dos caballeros, uno de pie que posa su mano sobre esa mesa y otro sentado con una casaca verde sobre un sillón granate. Ambos están mirando hacia un esqueleto que aparece sobre un fondo oscuro, el caballero del sillón parece aterrado mientras que el otro denota calma.

Dumas me recuerda algunas lecturas de mi infancia, cuando leía “Joyas Literarias Juveniles”. Picasso, del que he leído unas seis biografías, evoca el genio del siglo XX y una vida como él entendía que debía vivirla, de forma apasionada. Bajo “Las amantes de Picasso” de Jeanne Mackin, veo el libro que estoy terminando de Paul Auster “Una vida en palabras”; debajo de éste, “Stephen King, el resplandor del genio” de Tony Jiménez, sobre el que hoy mismo he visto varios reportajes sobre su libro “Mientras escribo”.

Y una recopilación de cuentos de Ernest Hemingway, escritor que cautiva con sus relatos y su original forma de escribir, del que ahora recuerdo una historia sobre toreros de Madrid en los años treinta y el riesgo de torear a ciertas edades, o aquel león que acabó con la vida de un cazador en África.

“Carrero, 50 años de un magnicidio maldito” de Manuel Cerdán, me traslada a mi primer viaje a Madrid y a aquellas primeras noticias sobre el asesinato y aquel coche negro que voló sobre un tejado en la calle Lagasca.

Giro mi cabeza para que el azar me permita ver el lomo negro y blanco brillante de “Todos los jóvenes tristes” de Scott Fitzgerald, una recopilación de relatos exquisitos del autor norteamericano que me llevan a recordar aquella noche en silencio en un gran salón de un hotel del Algarve cuando todos dormían, y yo estaba disfrutando de la pluma y esas historias que cuenta el autor del “Gran Gatsby” sobre su juventud, la de otros jóvenes en clubes de élite, estanques iluminados por la luna, bellas y elegantes muchachas a las que intentaba seducir un joven protagonista.

“Las doce vidas de Alfred Hitchcock” que nos describe la vida de ese magnífico director de cine y su particular forma de tratar a las mujeres, su obsesión por ellas y cómo captaba ese segundo, ese momento que siempre sorprendía al espectador; aquel terror con el que intentaba conmover al público. Esta obra y otras que he leído sobre Hitchcock intentan describir cómo en sus escenas trata de neutralizar sus fobias y desengaños.

Y veo también el libro de Joël Dicker “Un animal salvaje”, que me recuerda aquella noche en las Azores en la que apenas había dormido, el ventanal abierto y el mar de fondo iluminado por la luna, destellos sobre unas embarcaciones de vela, y el relato sobre una urbanización de lujo y un matrimonio que parecía feliz, en el que, sin embargo, sus dos miembros estaban envueltos en unas historias desconocidas para cada uno de ellos y con unas implicaciones por las que ninguno volvería a ser el mismo.

Lo que me transmiten ahora esos títulos acumulados en esta mesa y sus cinco columnas es que uno en su casa puede disfrutar de esas vidas contadas por estos genios de la escritura, que transmiten en realidad la vida misma y sus contradicciones.

Momentos felices y momentos tristes, y es que así es la vida.