Al guardia civil no le gustó que yo mostrase mi incomodidad por haberme encerrado junto a mi cliente en una diminuta habitación con una puerta de cristal con vistas a un patio interior de un edificio descuidado. Y es que mi defendido me confirmó más tarde que él estuvo detenido ahí un par de horas a modo de celda: es decir, el agente nos ubicó para la entrevista abogado-cliente en un calabozo de unos cinco metros cuadrados y un banco metálico oxidado como todo mobiliario; eso sí, muy luminoso.
La relación con el guardia ya había comenzado abruptamente cuando una compañera del bufete intentó cambiar la cita para el lunes y así no tener que cancelar un viaje. Aquel le espetó:
-¡Esto no es un consultorio médico y si no puede venir él que le asista a otro abogado!
He de decir en favor de la policía nacional que siempre han accedido a modificar los días u horas de una citación para declarar, máxime cuando estos emplazamientos suelen recibirse poco antes y con premura.
El caso es que un fin de semana que iba a comenzar a primera hora de un viernes para asistir a una conferencia por la tarde en Marbella y que finalizaría el lunes por la mañana, devino imposible, primero por la buena noticia de que mi hijo iba correr finalmente su primer maratón en Sevilla y queríamos ser los primeros en animarle.
Y por otra parte, por esa asistencia letrada a las ocho de la mañana que no quisieron posponer. Todo eso hizo que mi secretaria tuviese que cambiar el billete de tren hasta tres veces. Ya llegaba tan tarde que no asistiría a la conferencia pero sí a la cena cóctel en una terraza con vistas disfrutando de la noche en Marbella y una inmejorable compañía.
Pero al llegar en horas vespertinas y quedar citado con un cliente que hubiera visto por la mañana antes del cambio de planes, no era muy elegante hacer acto de presencia a los postres en esa velada "at the top" de un famoso hotel marbellí.
No sé cómo y aunque todo ha finalizado bien tras salir escaldado de la casa cuartel, me vi en los alrededores del juzgado de guardia realizando hasta cinco tareas al mismo tiempo más las otras que surgieran vía telefónica, e-mail y WhatsApp, ya que mientras no me llamara el funcionario para indicarme la llegada de mi defendido, podía estar a través del móvil enviando y recibiendo unos escritos urgentes para unos clientes que así lo requerían, hablando e incluso cerrando una cita en Madrid sobre una importante causa penal-económica para el próximo lunes por la mañana.
De manera que el fin de semana que iba a adelantarse se pospuso, la conferencia y la cena cóctel bajo un cielo estrellado me las perdí y la vuelta en tren se adelantó del lunes al sábado. Pero esta vez he de decir que estos cambios sobrevenidos a los que ha de estar acostumbrado un abogado, han merecido la pena, pues mi hijo correrá su primer maratón, mi cliente salió en libertad, conseguí quedar el viernes con un cliente importante de Marbella, el lunes estaré en Madrid para un caso notable y todos los escritos urgentes se presentaron.
Ahora, a mis sesenta años, veo cómo hago jornadas desde las ocho de la mañana en un pueblo del aljarafe hasta las diez de la noche o más en Marbella, mientras en medio del camino, campo a través, escribo este artículo donde constato que la carrera de fondo no solamente impulsa a mi hijo, sino que a mí me da fuerzas para afrontar maratones de catorce horas.