José Luis López 'Lipi' en una tarde de toros.

José Luis López 'Lipi' en una tarde de toros. Cedida José Luis López.

Sevilla

Vuelve el ‘Lipi’: historia de plata y espinas de un banderillero de Sevilla que sueña con volver a vestirse de luces

Supera cornadas, una depresión y el ostracismo para regresar al toro.

"Estoy listo para ser figura del toreo como subalterno", asegura.

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Lipi llega de entrenar. Se le ve fino. Afilado. Tiene ya encargados dos vestidos de torear y capotes nuevos. Tras cuatro años en blanco, corneado por un toro de Adolfo Martín en Colmenar Viejo pero sobre todo por la vida, sueña con volver a vestirse de luces. De plata y de azabache.

José Luis López (Sevilla, 1981) fue banderillero durante muchos años. El del Lipi, pese al tiempo en el ostracismo, es nombre de tronío entre los buenos aficionados, que aprecian la brega y el trabajo de la lidia. Y que vibran con un par en todo lo alto.

Y el banderillero sevillano estaba entre los elegidos. Los que hacían el paseíllo el Domingo de Resurrección en Sevilla, en la Beneficencia o San Isidro en Madrid, en Bilbao … En terrenos que no pisa quien quiere, sino quien puede.

Muchos años de plata y azabache con Javier Jiménez, Borja Jiménez, Luis Vilches, Frascuelo, Iván Vicente, Finito de Córdoba, El Cid, Román Collado, Rafaelillo, Pepe Luis Vázquez … Y Morante. “El maestro Morante de la Puebla”, enfatiza.

Si quiere volver a los ruedos es porque ha recuperado la ilusión. Dentro y fuera de la plaza. Ha vuelto a sentir el pellizco y la ilusión de estar delante de la cara de un toro viendo, precisamente, a Morante.

Y quiere que su hija, de 7 años, no vea la historia de su padre con el toreo como algo del pasado. “Papá, me hablas de toros siempre, pero eso ya es pasado, y hay que vivir el presente”, le dijo hace unos meses. Hoy el presente es que Lipi vuelve.

El toro y el subalterno se cruzaron por primera vez a mediados de los años 80. Y no en su Sevilla natal, sino en Bilbao, donde estaba destinado su padre, policía nacional, en los años del plomo.

“Un día iba con mi padre por la calle y se paró a saludar a un señor. Era Emilio Oliva. Y el maestro toreaba esa tarde. Nos regaló unas entradas. Fuimos a los toros mi padre, mi madre y yo".

En ese patio de cuadrillas le cambió la vida. "Cuando vi en el patio de cuadrillas a Oliva y a Julio Robles quedé impresionado. Eran héroes para un niño de cinco o seis años. Y ahí quería estar yo”, recuerda.

Escuelas taurinas

Pocos años después, el padre del pequeño José Luis fue destinado a Algeciras. La fascinación de Bilbao seguía intacta. Y con 12 recién cumplidos entró en la Escuela Taurina, con el maestro Miguel Mateo, Miguelín.

Lipi se emociona ahora, cuando recuerda el día en el que su padre le regaló su primer capote, que le había comprado a Corruco de Algeciras.

El siguiente destino profesional de su padre en la Policía fue Sevilla, y Lipi no tardó en estar apuntado a la Escuela Taurina con Curro Puya, Tito de San Bernardo, Antonio Chaves Flores o Chicuelo.

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El banderillero el 'Lipi'.jpg Plaza 1

Y con ellos comenzó a ir a sus primeros tentaderos, y a meterse en el mundillo.

El primer novillo que le pasó cerca de la taleguilla, con 15 años, fue en la hacienda sevillana El Vizir. Ese día estaba por allí un becerrista algo más joven. Julián de nombre. El Juli en los carteles.

“Nos pegó un repaso a todos. No un repaso cualquiera. Uno de los gordos. Qué barbaridad. Qué forma de torear”, ríe.

Al poco tiempo, Lipi se anunció sin caballos en La Maestranza de Sevilla, con toros de Fermín Bohórquez. “Esa tarde me harté de correr (ríe). Ahí ya vi claro que lo mío no era ser matador. Pero me manejaba bien con el capote, y tenía facultades para banderillear”, recuerda.

Facultades que le sirvieron para ir metiendo cabeza, en novilladas sin picar. Y luego en festejos con picadores.

"El valle del terror"

“Mi primera corrida de toros fue en Marbella, con Marcos Sánchez Mejías. Tenía todavía el carné para novilladas”, relata.

Los comienzos fueron duros. “Me llamaban para todos los pueblos del Valle del Tiétar, en Madrid. El valle del terror, le decíamos, porque echaban en esos unos toros grandes, muy grandes. Dónde nadie que puede elegir quiere ir”.

De esa circunstancia le queda una anécdota. “Me llaman para una corrida en Cenicientos. Cuando acaba, el apoderado reparte el dinero a la cuadrilla y a mí me da la mitad que a los demás. ‘Si hubiera tenido dinero para todos no te hubiera llamado a ti’, me dijo”.

De ese tiempo es también su primera cornada. Un toro le partió la boca. Luego vendrían cuatro más.

Pero esos años fueron el trampolín para entrar en las cuadrillas de toreros que iban a grandes plazas. Los que toreaban muchas tardes.

Llegaron entonces los años de plata. Los años del Domingo de Resurrección en Sevilla, de la Beneficencia, de San Isidro … Varios de ellos en la cuadrilla del Cid, entonces en los puestos altos del escalafón.

Durante más de un lustro Lipi se viste de luces muchas tardes, y disfruta del éxito. “Se gana y se vive”, recuerda. “Todo el mundo quiere estar ahí. Vivir el triunfo, el reconocimiento de los aficionados. Eso es sólo para unos pocos”.

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carreton Cedida José Luis López.

Una tarde en un tentadero en la finca de Luis Algarra Lipi le pega dos capotazos de mérito a una becerra. Entre los que le aplauden está Sebastián Castella. “Tengo un mano a mano pronto, ¿cuento contigo?”.

“Al maestro Castella le tengo una enorme admiración, en lo profesional y en lo personal. Y al ganadero Manolo Bajo, que siempre me ha apoyado”, dice.

Con Perera, después de un tentadero en Las Monjas (la finca de Manuel Bajo), tiene una tarde con seis toros.

“El teléfono no paraba, todos quieren ser amigos tuyos, que vayas a los tentaderos. A muchos iba con el Cid y con Joaquín”, recuerda Lipi.

“Vives el toro con intensidad. Las 24 horas. Entrenas duro por la mañana, toreas de salón con el carretón por la tarde. Y a torear cuando llega la temporada”.

Las cornadas

Y llegaron las cornadas. Primero la de la vida. Tras 18 años de relación -con boda en la finca El Vizir, donde se puso por primera vez delante de un novillo- llega una separación.

Y después, la cornada de Colmenar. 25 de agosto de 2019. Lipi entra a poner banderillas al quinto de la tarde. Baratero de nombre. Un toro “codicioso y bravo” que le había tocado en suerte al Cid, según las crónicas de la época.

El de Adolfo Martín apretó a Lipi tras el par, le echó mano junto las tablas y le tiró varios derrotes. El parte médico pone los pelos de punta.

Las dos caras de la fiesta. El Cid salió a hombros tras cortarle las dos orejas a Baratero. Para su subalterno comenzó un calvario de operaciones y hospitales.

El Cid, por otra parte, se retiró al final de esa temporada.

Lipi seguía penando entre médicos y rehabilitaciones, sin cuadrilla. Y más dolían las cornadas de la vida, entre ellas, su separación.

Hubo algún festejo más. Pero ya no era lo mismo. Ni la cabeza ni el cuerpo estaban como tenían que estar.

Y poco a poco el teléfono dejó de sonar. Se acabaron los tentaderos, las felicitaciones de los aficionados, la fama, la adrenalina.

Una infección por bacterias de quirófano latentes de cornadas anteriores acabó por echarlo todo abajo.

“Caí en una depresión. Me alejé del toro y de todo lo que tenía que ver con él. La medicación que tomaba por las bacterias de quirófano es anticoagulante, por lo que no podía volver”, rememora.

Me sentí muy solo. Muy abandonado. Por personas que antes me llamaban todos los días para darme coba, para ir a un tentadero o pedir algún favor, para que les facilitase contactos”.

La remontada

Quedaron las llamadas y los ánimos de amigos como Curro Robles, Manuel Izquierdo, Antonio Ronquillo o Luis Vilches. Y el maestro Finito de Córdoba, “que siempre ha estado ahí”. Y por supuesto Manuel Bajo, “a quien no tengo vida para agradecerle su apoyo”.

Y comenzó la remontada. Después de años sin ver toros, ni en la plaza ni en la tele, se emocionó con Morante “y volví a tener ilusión”.

Pero si hay un motivo por el que quiera volver es por su hija. Para que se sienta orgullosa. “Es lo mejor que me ha pasado en la vida”.

Y el momento es ahora. La temporada acaba de terminar, y comienza ‘la rueda’. Toreros y apoderados empiezan ahora a planificar la temporada y a tapar huecos en la cuadrilla.

Y en esas quinielas quiere entrar Lipi.Estoy en el mejor momento de mi vida, maduro. Ahora sé realmente lo que quiero. Estoy listo para volver y ser figura del toreo como banderillero”, asegura.

Y por eso viene de entrenar, y está fino, afilado. Con la ilusión de estrenar vestidos y capotes y que el próximo capítulo de esta historia de un banderillero sea de plata. No de espinas.