La escritora Carmen Macedo en la redacción de EL ESPAÑOL de Sevilla.

La escritora Carmen Macedo en la redacción de EL ESPAÑOL de Sevilla. N.N.

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Carmen Macedo, escritora: "Hay muchos psicópatas que no matan porque encuentran alternativas a esa pulsión"

La escritora sevillana vuelve a la actualidad literaria con la publicación de 'La Osa de Ándara', una novela policial que ahonda en la naturaleza de la violencia humana.

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Carmen Macedo (Sevilla, 1985) es periodista de profesión y, aunque nunca lo ha ejercido en una redacción, ya que siempre ha pertenecido al ámbito de la comunicación corporativa, reconoce haberse sentido atraída desde siempre por el periodismo de sucesos y tribunales.

Y de esas tierras, estos lodos. La sevillana se especializó en Criminología y Escritura Creativa, y de ese compendio de conocimientos nació La noche que sonaron las campanas (Booket, 2025) y La Osa de Ándara (Ndenovela, 2026), dos novelas policiacas independientes entre sí donde el misterio y las leyendas forman parte de un todo que hace al lector quedar atrapado en la primera página.

Como buena conocedora de la Criminología, Macedo va más allá en sus novelas, y su motivación final no es solo ofrecer un producto que enganche al usuario, sino analizar la identidad y la violencia que nace, de manera natural, del ser humano.

¿Por qué la mayoría de periodistas termina escribiendo un libro?

-Ríe-. Cuando terminé Periodismo, estudié Criminología porque me gustaba mucho todo lo relacionado con la información de sucesos y tribunales, y también me ha gustado siempre mucho el Derecho.

Al final, terminar escribiendo un libro es un poco el resultado de toda esa formación heterogénea que tengo y, evidentemente, del gusto por la lectura y, en este caso, por la novela negra.

La materia prima la tenemos los periodistas, que es la palabra y el uso de la palabra. Yo creo que va un poco en la profesión: que te guste leer y escribir.

Sus libros suceden en el norte de España, pero los personajes siempre son originarios de sur, eminentemente de Cádiz y Sevilla. ¿Qué licencias creativas le permite eso?

En la primera novela lo hice totalmente como estrategia para construir a un personaje que fuera andaluz, porque a mí me hacía más fácil hablar por ese personaje y darle vida. Al final, hay un punto de literatura de viaje en este tipo de novelas. Los protagonistas son de la UCO, de la Unidad Central de la Guardia Civil, es decir, se desplazan al lugar.

Ese ir y descubrir el lugar con ojos de foráneo nos permite trasladar al lector esa sensación de conocer un sitio nuevo a través de los ojos de los protagonistas. Y el hecho de que sean andaluces es la manera de que yo me encuentre más cerca de esos personajes, ya que además estoy en un entorno que no es el que yo domino, porque no es mi ciudad.

¿Existe algún motivo por el que sus novelas no se desarrollen directamente en el sur?

No. Como decía, entiendo la novela negra como una literatura de viajes. Me sirve para descubrir nuevos lugares o conocerlos mejor, e invitar al lector a conocer esos lugares. Pero también porque el tipo de novela que hasta ahora estoy haciendo, muy sensorial, muy de ambiente y con ese matiz de mitología y de leyendas, encaja muy bien con ese entorno que a mí me apasiona.

Me gusta mucho todo el norte de España y, entonces, hasta ahora lo he hecho así. Pero no significa que todas las novelas que escriba vayan a estar ambientadas en el norte.

¿Qué ha descubierto de su propia forma de escribir entre 'La noche que sonaron las campanas' y 'La Osa de Ándara'?

Son novelas bastante diferentes entre sí porque así me lo planteo. Quería mantener el estilo y algunos ingredientes principales, pero que cada relato tuviera características diferentes.

Creo que hay una evolución entre la primera novela y esta. Aquí hay diferentes voces narrativas y otros elementos, y así me lo están trasladando algunos lectores que han leído las dos. Aunque algunos echan de menos al protagonista de la primera novela.

He descubierto que hacer una segunda novela es más difícil que hacer una primera, porque en la primera sientes que has metido todas las cosas buenas que se te han ocurrido durante toda tu vida. Y ahora tienes que enfrentarte al reto de escribir otra novela que no tenga nada que ver con aquella. Quizás he descubierto que puedo escribir y no solo escribir un libro en mi vida.

Ha elegido para el desarrollo de sus dos novelas dos territorios del norte con una enorme tradición oral y mitológica. ¿Qué encuentra en esas historias populares?

Como es bastante cruda la realidad que se cuenta en un thriller, porque al final hablamos de violencia y de delitos violentos, creo que en la ficción nos podemos permitir incluir elementos de fantasía y de cuento para distraernos un poco de esa crudeza.

Mis novelas no son nada crudas, aunque haya violencia, porque no me gusta alimentar el gusto por la violencia, sobre todo cuando es gratuita. Creo que estos elementos nos permiten dulcificar un poco esa existencia que se está trasladando.

Cuando escribe un crimen, qué nace antes en su cabeza ¿el cadáver, el culpable o el investigador?

La primera decisión, igual que en la otra novela, es el escenario, el lugar donde se va a ambientar. Casi diría que la trama criminal y los acontecimientos son lo último, porque después tengo que componer un puzzle que tenga cabida en todos los elementos que quiero incluir.

Primero decido la zona y, después, en torno a qué quiero hablar. En este caso, decidí que el arte románico tenía que estar presente porque tiene mucho peso en la comarca de Liébana.

¿Existe algún miedo en usted que haya convertido, a través de la literatura, en el miedo de otra persona?

Hay un miedo que compartimos, yo creo, todos, que es el miedo a ser víctimas de un delito. Y las mujeres, aún más, a ser víctimas de un delito violento.

Después también está la sensación de que la justicia no llega a reparar realmente el daño causado a las víctimas. Es algo que también sufren los investigadores de homicidios y que, si hemos sufrido alguna vez algún tipo de delito nosotros o alguien de nuestro entorno, podemos entender. Esa sensación de que la justicia no es suficiente para reparar el daño está reflejada en esta novela y en sus propios personajes.

Las protagonistas de este libro son mujeres que, además de su trabajo, tienen sus propios problemas vitales. ¿Está escrito desde una reivindicación feminista?

Sí, lo he escrito desde un punto de vista feminista porque, al final, necesitamos protagonistas mujeres que inviten a reflexionar sobre los problemas que tienen las mujeres.

Necesitamos protagonistas mujeres, pero no ya tanto para reivindicar el papel de la mujer, que de alguna forma ya se está reivindicando, sino sobre todo para abordar los problemas de las mujeres. Incluso en una investigación sobre un asesino en serie con mitología y demás, los problemas que tienen ellas son problemas reales que sufren o padecen las mujeres.

¿Qué mentira debe creerse el lector para construir una novela de misterio?

El lector tiene que entrar en ese pacto de ficción. Evidentemente, aquí tenemos una serie de crímenes muy simbólicos que no son habituales. En España no ha habido tantos asesinos en serie, aunque algunos ha habido, y no suelen ser de ese tipo tan simbólico.

La novela traslada un proceso de investigación que quiere ser bastante riguroso. Evidentemente, hay licencias creativas y está llevado al plano de la ficción, pero quiere ser posible, creíble y bastante riguroso. Además, en esta novela cuento con la ayuda de investigadores de la Guardia Civil.

¿Qué pregunta sobre el ser humano intenta responder en sus novelas?

Aunque sean novelas de misterio y de crímenes, aquí hay una reflexión sobre la naturaleza de la violencia humana. Se está representando el mal más puro y la figura del monstruo, representada en ese asesino en serie psicópata y en ese mal omnipresente, porque ese monstruo puede estar camuflado y puede estar en cualquier parte.

También se aborda la psicología del asesino en serie: por qué alguien hace eso y por qué lo hace de determinada manera. Hay muchos psicópatas, la mayoría de ellos no matan, pero hay más de los que podemos creer y pueden estar más cerca de lo que pensamos. Afortunadamente, la mayoría no mata porque encuentra alternativas a esa pulsión que puede sentir.

Si bien la novela negra necesita al monstruo, la Criminología estudia a personas. ¿Ha dejado de creer en el monstruo para poder crear buenos criminales?

Hay criminales que son verdaderos monstruos, y el asesino psicópata es el ser humano más peligroso que existe. Es un monstruo, sin duda, porque las características fundamentales del psicópata son una absoluta carencia de empatía y de remordimiento, además de un encanto superficial que hace que pueda pasar desapercibido y estar totalmente integrado.

Además, no es un enfermo mental ni un psicótico. Sí tiene un trastorno de la personalidad, pero sabe perfectamente lo que hace. Lo que ocurre es que siente una pulsión alimentada por su propia fantasía y no encuentra nada en su conciencia que le haga parar. Verdaderamente es un monstruo, y lo que da miedo es que existen de verdad.

¿Qué opina de los escritores que justifican la actitud de sus criminales o, incluso, empatizan con ellos?

No es necesario. El mal del psicópata asesino no es banal. Ellos sienten esa pulsión y esa necesidad de hacerlo, alimentados por su propia fantasía. Todos tienen un poco la característica común de que quieren ser otra persona y, matando, consiguen controlar una parcela de la realidad.

Después, algunos lo hacen más por lucro y otros son más sádicos, pero todos quieren ser otra persona, digamos.

Pero no hay un móvil que justifique que hagan eso. En la ficción muchas veces terminamos empatizando con este monstruo por cómo se nos presenta.

Evidentemente, hay que llegar al final de la novela para ver qué camino hay y cómo nos aproximamos a él, pero yo no creo que sea necesario justificarlo. Estamos hablando de seres sin empatía y sin remordimiento, así que no tenemos por qué llegar a comprenderlos ni justificarlos.