Imagen de la manifestación contra el acoso escolar tras el suicidio de Sandra Peña.

Imagen de la manifestación contra el acoso escolar tras el suicidio de Sandra Peña. María José López / Europa Press. Sevilla

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Los psicólogos alertan tras producirse dos suicidios de menores en 24 horas: "Ocultan el sufrimiento por vergüenza"

La psicóloga infantil Úrsula Magrit advierte de que "un menor puede ocultar su sufrimiento por vergüenza".

Cómo detectar las señales de riesgo de suicidio infantil: hay que prevenir si se percibe que "deja de ser el mismo"

Más información: Investigan otro posible suicidio de una menor de 14 años en Sevilla: el segundo que se produce en menos de 24 horas

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A punto de cumplirse un año del suicidio de Sandra Peña y la posibilidad de que dos menores hubieran optado por ello en Sevilla, con menos de 24 horas de diferencia, ha hecho saltar las alarmas de autoridades y especialistas en salud mental.

Más allá de las investigaciones de cada caso, la sucesión temporal de ambos hechos vuelve a poner el foco sobre una cuestión fundamental en la salud mental infantil: cómo detectar el sufrimiento de un menor antes de que llegue a una situación extrema.

Según la psicóloga infantil Úrsula Magrit, una de las principales dificultades es que los niños y adolescentes no siempre saben identificar ni expresar lo que les ocurre.

Según la experta, la prevención no empieza cuando un menor expresa que quiere morir, sino mucho antes. "Cuando alguien percibe que ha dejado de ser el mismo", insiste la terapeuta, momento en el que hay que preguntarse qué le ocurre y conseguir que no tenga que afrontar solo aquello que no sabe cómo gestionar.

"Ellos no te van a decir nunca que tienen depresión o ansiedad", explica. El malestar puede aparecer de otra forma y, en ocasiones, confundirse con cambios propios de la edad.

"No querer ir al colegio, pedir estar solo, encerrarse en su habitación, mostrarse más irritable, dormir de manera diferente, perder el interés por actividades que antes disfrutaba o registrar una caída repentina en el rendimiento escolar". Son algunos de los cambios a los que deberían prestar atención padres y tutores.

También apunta a síntomas de somatización como dolores de cabeza o problemas gastrointestinales.

Ninguna de estas señales significa por sí sola que exista riesgo de suicidio, pero sí pueden indicar que algo está ocurriendo y que conviene preguntar, escuchar y, cuando sea necesario, buscar ayuda profesional.

"Tenemos que estar atentos", señala Magrit, aunque insiste en que esto no significa convertir a los padres en "detectives" que vigilen permanentemente a sus hijos.

El objetivo es detectar cambios y abrir canales de comunicación. "Un menor puede ocultar su sufrimiento por vergüenza, por miedo a preocupar a sus padres o porque teme que contar lo que le sucede empeore su situación".

Factores de riesgo

La prevención, por tanto, no consiste únicamente en actuar cuando aparece una conducta suicida. Consiste en identificar antes los factores de riesgo y reforzar los factores de protección.

La psicóloga menciona entre los primeros la depresión, la ansiedad, las autolesiones, el acoso escolar, el aislamiento, los conflictos, determinadas pérdidas, la presión académica o las dificultades familiares.

El suicidio, recalca, "nunca es algo que sea por una causa única, sino que es multifactorial" y en cada caso intervienen circunstancias diferentes.

Frente a esos riesgos están las redes de apoyo. "Una relación familiar segura, amistades saludables, adultos de confianza a los que el menor pueda recurrir" y herramientas para afrontar los problemas son elementos que pueden ayudar a protegerle.

El ámbito educativo

El colegio ocupa en este punto un lugar especialmente importante. "Los menores pasan allí buena parte del día y los profesores pueden observar comportamientos y relaciones que no siempre son visibles para las familias", apunta la terapeuta.

"El papel del cole en este caso sería detectar, comunicar y derivar", explica Magrit.

Eso implica prestar atención a la integración del alumno, a sus relaciones con los compañeros, a posibles situaciones de acoso y a cambios de comportamiento.

El objetivo, por tanto, es intervenir antes de que el problema llegue al extremo. "Hay que prevenir antes", resume Magrit.

Ciberacoso y redes sociales

En este escenario también aparece el acoso. Un agente de la Policía Nacional consultado por EL ESPAÑOL, que prefiere mantener el anonimato, señala el bullying y el ciberacoso entre los problemas que detectan en los menores.

Esta fuente pone el foco especialmente en el ciberacoso, porque prolonga el conflicto más allá del horario escolar. "Ya no son solo las horas lectivas, sino las 24 horas del día", explica.

"También considero que esas redes sociales son responsables de esa sensación de soledad de los menores, porque los desconecta completamente de la realidad y los aísla", matiza el policía.

El agente también apunta a un aumento de situaciones de ansiedad, autolesiones y tentativas de suicidio que llegan a conocimiento policial. A su juicio, algunos menores tienen dificultades para gestionar la frustración y pueden sentirse poco comprendidos "incluso en su entorno más cercano".

La cuestión de las redes sociales requiere, no obstante, evitar explicaciones únicas. Para Magrit, como ya ha recalcado, los problemas de salud mental en menores son multifactoriales y no pueden atribuirse a un solo elemento.

El acoso, la presión académica, las relaciones familiares, el aislamiento o las dificultades personales pueden interactuar de maneras diferentes en cada menor.

Vuelta al cole

La vuelta al colegio introduce además un momento de cambio. Después del verano regresan los horarios, las responsabilidades y las exigencias académicas.

Magrit explica que algunos problemas pueden hacerse más visibles con la vuelta a la rutina cuando reaparecen situaciones que durante las vacaciones habían quedado en segundo plano.

Esto, por supuesto, no significa que el inicio del curso sea la causa de los suicidios ocurridos ahora, ni permite establecer una relación entre ambos casos de Sevilla.

Los datos nacionales reflejan que la prevención entre los más jóvenes sigue siendo una cuestión relevante. En 2024, 90 menores de 20 años murieron por suicidio en España, 14 más que el año anterior, según el Instituto Nacional de Estadística. Fue la cifra más elevada de los últimos años para este grupo de edad.

Por eso, ante situaciones como las ocurridas ahora en Sevilla, los especialistas consideran fundamental no quedarse únicamente en el desenlace. La intervención comienza con algo mucho más básico al detectar que un niño está sufriendo y conseguir que pueda decirlo.

"¿Qué puedo darle yo a ese niño? ¿Qué herramientas le puedo dar?", plantea Magrit. La respuesta pasa por reforzar la comunicación en casa, crear entornos seguros en los colegios, prevenir el acoso, enseñar habilidades para afrontar los problemas y recurrir a profesionales cuando sea necesario.