Imagen de archivo de un bebé recién nacido con su madre.

Imagen de archivo de un bebé recién nacido con su madre. M.G.

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Sevilla pierde casi 5.000 bebés al año en una década: "Es un efecto demográfico que se retroalimenta"

La falta de mujeres en edad reproductiva y las condiciones sociales y laborales afectan a esta caída.

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No es un secreto para nadie, pero Sevilla tiene cada vez menos nacimientos. No se trata de una caída puntual ni de un fenómeno ligado exclusivamente a un determinado año, sino de una tendencia que se ha consolidado durante la última década. ¿El motivo? La falta de mujeres por un "efecto demográfico que se retroalimenta".

En 2016 nacieron 19.035 niños y niñas, mientras que al cierre de 2025 fueron 14.256. Son 4.779 nacimientos menos al año, un descenso de alrededor del 25 por ciento.

Los datos conocidos de 2026, aunque todavía incompletos pues se registran hasta el mes de junio, apuntan a que la tendencia se mantiene, ya que hasta el sexto mes se habían registrado 6.871 nacimientos en Sevilla.

La evolución muestra una trayectoria descendente prácticamente continuada. De los 19.035 nacimientos de 2016 se pasó a 17.884 en 2017 y a 17.094 en 2018.

En 2019 fueron 16.233 y en 2020, 15.559. El año 2021 dejó un ligero repunte, hasta los 15.655 nacimientos, pero no cambió la tendencia general. En 2022 se contabilizaron 14.472 y en 2023 se mantuvo esa misma cifra. En 2024 fueron 14.103 y en 2025 se produjo una pequeña recuperación, hasta los 14.256.

El incremento del último año, sin embargo, es demasiado reducido para hablar de un cambio de tendencia. De hecho, los 6.871 nacimientos registrados hasta junio de 2026 mantienen a Sevilla en niveles muy alejados de los que presentaba hace apenas diez años.

Menos mujeres

Detrás de esta caída no hay una única explicación. La reducción de la natalidad es el resultado de varios factores demográficos, económicos y sociales que se han ido acumulando durante años.

M.M.A., trabajador del Instituto Nacional de Estadística del Cuerpo de Estadísticos Diplomados del Estado, señala que una de las claves para entender el fenómeno está en mirar más allá de los nacimientos que se producen cada año y observar quiénes son las personas que se encuentran en edad de tener hijos.

"Para que haya muchos nacimientos tienen que darse dos condiciones: que las mujeres tengan hijos y que haya un número suficiente de mujeres en edades reproductivas", apunta.

En este sentido, matiza que "las generaciones que están llegando ahora a esas edades son menos numerosas que las que las precedieron". De esta forma, el descenso de la natalidad que comenzó décadas atrás tiene ahora un efecto directo sobre los nacimientos actuales.

"Las generaciones nacidas en los años ochenta y, especialmente, en los noventa, son menos numerosas que las anteriores y, por tanto, cuando esas cohortes alcanzan la edad reproductiva también hay menos mujeres que puedan ser madres", insiste.

"Es un efecto demográfico que se retroalimenta", concluye, de forma que el problema actual de la natalidad se está alimentando "de la baja natalidad del pasado".

La maternidad se retrasa

A esta reducción del número de mujeres en edad reproductiva se suma el fenómeno de que las mujeres tienen sus hijos cada vez más tarde. "El retraso de la maternidad se ha convertido en uno de los rasgos más característicos de la evolución demográfica española y tiene consecuencias directas sobre el número final de nacimientos", indica.

Los datos del INE reflejan ese desplazamiento hacia edades más avanzadas. En España, los nacimientos de madres de 40 años o más representaban el 7,8 por ciento del total en 2015. Diez años después, en 2025, ya suponían el 10,4 por ciento.

"Retrasar el primer hijo también reduce el tiempo disponible para tener un segundo o un tercero", explica.

Por ejemplo, el demógrafo indica que, "si una mujer que tiene su primer hijo a los 28 años dispone, en términos biológicos y temporales, de un margen mucho mayor para ampliar la familia que otra que tiene su primer hijo a los 35 o 40".

De esta forma, el retraso de la maternidad termina influyendo también en el número total de hijos que se tienen.

Vivienda y economía

La demografía, sin embargo, no puede desligarse de la realidad económica. El acceso a la vivienda, la estabilidad laboral, los salarios, la emancipación y el coste de criar a un hijo forman parte del contexto en el que las parejas toman sus decisiones reproductivas.

"En España se ha retrasado considerablemente la edad de emancipación y se ha prolongado la etapa de formación", sostiene el experto.

A ello se suman "las dificultades para acceder a una vivienda y los periodos de precariedad laboral que afectan especialmente a las generaciones jóvenes".

En Sevilla, como en el resto del país, el incremento del precio de la vivienda añade presión sobre unas generaciones que ya afrontan una emancipación tardía.

No obstante, el analista subraya que "reducir el descenso de la natalidad únicamente al precio de la vivienda sería simplificar demasiado un fenómeno que tiene muchas capas".

"La vivienda, los salarios, la estabilidad del empleo, la conciliación, el coste de la crianza y las expectativas personales interactúan entre sí", detalla, de forma que no existe una única causa capaz de explicar por sí sola la caída de los nacimientos.

Modelo de familia

"También ha cambiado el modelo familiar", indica, y señala que "España ha pasado de una sociedad en la que tener hijos formaba parte de las expectativas vitales de una gran mayoría a otra en la que la maternidad y la paternidad son decisiones mucho más planificadas".

En este sentido, el experto insiste en que, cada vez más, "las personas pueden decidir no tener descendencia, tener un hijo o tener dos, y la presión social para formar familias numerosas es mucho menor que en generaciones anteriores".

Este cambio cultural tiene también una traducción estadística, tal y como apunta el analista. "Cuando una parte de una generación decide no tener hijos y otra parte retrasa la maternidad, la fecundidad media termina descendiendo".

Andalucía y España

Por descontado, el descenso de los nacimientos sevillanos no es un fenómeno aislado. En España se registraron 410.583 nacimientos en 2016 frente a 318.005 en 2024.

Aunque el avance del INE sitúa el número en 321.164 en 2025, la diferencia respecto a hace una década sigue siendo significativa. Son alrededor de 90.000 nacimientos anuales menos que en 2016.

Andalucía reproduce esa misma evolución. En 2025 nacieron 60.038 niños de madres residentes en la comunidad, un 0,2 por ciento menos que el año anterior.

Además, Andalucía acumula desde 2018 un crecimiento natural negativo. Durante 2025 se registraron 74.457 defunciones frente a los 60.038 nacimientos, lo que dejó un saldo vegetativo de -14.419 personas.