Morante de la Puebla sale a hombros durante el festejo de la Feria de Abril de este jueves en La Maestranza de Sevilla. Efe
Patrocinado por
Morante de La Puebla ensancha su leyenda, rompe los cánones y lo sacan a hombros de Sevilla sin cortar trofeos
Víctor Hernández cortó una oreja a un noble toro de Cuvillo, que debutaba en la Maestranza. Juan Ortega no pudo redondear su tarde.
Más información: Morante corta dos orejas en su 'resurrección' en Sevilla entre la euforia y honores al Rey Emérito
“Esto no lo vamos a olvidar en la vida”, exclamó una aficionada mientras Morante daba la segunda vuelta al ruedo.
Sobre todo porque ha vuelto a hacer historia y a ensanchar aún más su leyenda. Ha roto todos los cánones desatando la locura en la Maestranza con casi 30 años de alternativa a sus espaldas en una faena de rabo. El segundo de su historia, que ya es historia del toreo.
Tanto que, sin cortar ni un trofeo, al fallar con la espada, cientos de jóvenes lo han querido sacar a hombros por la mismísima Puerta del Príncipe cuando es necesario cortar hasta tres.
Daba igual, la locura, que ya roza la psicosis colectiva morantista, estaba en el ambiente y, como decía Curro, las orejas son despojos. Sobre todo porque el pueblo ya había hablado y ya será inolvidable esa imagen de Morante saliendo por la Puerta Principal -esta plaza tiene dos- entre cánticos de 'José Antonio, Morante de la Puebla' hasta la puerta del hotel.
Inolvidable como lo ha sido la faena a 'Colchonero', un toro del debutante Cuvillo que salió abanto, pero que pronto sacó un extraordinario fondo para caer rendido ante el torero cigarrero.
Esperó apoyado en las tablas, con esa imagen de torero añejo como si estuviera esperando el porvenir. Y es que, realmente, lo estaba esperando para lancearlo a una mano en cuatro o cinco venidas.
Justo antes de dar una auténtica lección de cómo se torea a la verónica, embaucándolo con una suavidad extrema como si estuviera cantando una nana a un bebé.
Morante de La Puebla lancea a una mano al cuarto de la tarde en Sevilla.
Ya ahí comenzó a desatar la locura con la música sonando y la plaza en pie, que no se sentó cuando Morante cogió las banderillas. Con la montera puesta en una imagen de otro tiempo, el de La Puebla clavó de dentro hacia afuera para quitarle la querencia con dos pares muy reunidos.
La plaza ya era un clamor cuando el diestro se dirigió al palco de ganaderos para pedir una silla… ¡Una silla! La de tijeras, de las de toda la vida y que ya será la más cara de la historia y que seguramente acabará expuesta en el museo de la Maestranza.
Con las piernas cruzadas y con una actitud desafiante, una estampa propia de otro siglo, dejó el tercer par al quiebro con más arte que técnica, pero ahí quedó eso.
Y ya la plaza se convirtió en un manicomio cuando utilizó esa misma silla para comenzar la faena con ayudados por alto como si se hubiera reencarnado en el mismísimo Rafael ‘El Gallo’.
Morante de La Puebla pone un par de banderillas sentado en una silla.
El natural al levantarse fue soberbio para dar paso a una faena que desarrolló en un palmo de terreno y con una lentitud y profundidad enorme. En concreto, un natural circular también podría ser expuesto en ese museo.
No cabía un alfiler entre su cuerpo y el animal. No cabía más ajuste porque ya no se puede torear mejor tirando de 'Colchonero' con una suavidad extrema y con media muleta arrastrando por la arena sin enmendarse. En definitiva, Morante ha pinchado una de las faenas de su vida y de la de muchos aficionados que han podido verlo hoy.
El debut de Cuvillo
Morante partió en dos la tarde del debutante Cuvillo, un ganadero con experiencia, pero que optó por coger su propio camino. Astifinos como ellos solos, después la presentación no fue la más acorde para un debut de la categoría de esta plaza.
En la primera parte, su primer toro pasó sin pena ni gloria, para dar paso a un decidido Juan Ortega que se fue a la puerta de chiqueros a esperar al segundo, algo inusual en él. Una declaración total de intenciones, que finalmente no pudo demostrar.
Juan Ortega pega un derechazo a un toro en Sevilla.
Consiguió reducir y atemperar su embestida a la verónica y ya con la muleta la faena se basó por el pitón derecho, por el que tuvo mucha movilidad e inercia que un arrebatado Ortega aprovechó con empaque. No obstante, no pudo redondear la faena tras llevarse un susto por el izquierdo, por donde ya no lo volvió a intentar.
La otra sorpresa la dio Víctor Hernández, el más desconocido de la terna, pero con mucha valentía, pureza y un clasicismo superior. Lo recibió sin ambages por caleserinas, en el centro del ruedo, con una larga cambiada de rodillas en otra clara declaración de intenciones, que sí pudo demostrar en la muleta.
Víctor Hernández pega un derechazo en Sevilla.
Comenzó por estatuarios, con un pase del desdén y muy asentado, con mucho aroma a José Tomás, muy de verdad, toreando con el pecho y cargando la suerte.
Por el izquierdo, los naturales rozaron la perfección en una faena que creció al final con unos muletazos a pies juntos con mucha enjundia dando el pecho y de uno en uno que fueron oro molío. Morante lo eclipsó, pero Hernández dejó muy buen sabor de boca entre el público sevillano.
Ya en la segunda parte de la tarde, ni Juan Ortega ni Hernández -que brindó a Morante- tuvieron posibilidades de triunfo porque los animales no lo permitieron, pero también porque Morante media hora antes había acabado con el cuadro y había roto todos los cánones del toreo.