Manuel Díaz, director de Abante en Sevilla.

Manuel Díaz, director de Abante en Sevilla. Salvador López Medina

Sevilla

Manuel Díaz, director de Abante en Sevilla: "El verdadero reto no es jubilarse, sino mantener el nivel de vida"

La entidad de asesoramiento financiero pone "el foco en la persona" y, a partir de ahí, ayudan al cliente a "construir un plan de futuro".

"El interés real por el ahorro para la jubilación comenzaba a partir de los 50; ahora lo hace en torno a los 40".

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Hace casi dos años, en junio de 2024, Abante celebró una década desde su llegada a Sevilla. Fue su primera oficina en Andalucía y, diez años después, se ha consolidado como uno de los referentes del asesoramiento financiero en la ciudad, en línea con el crecimiento sostenido del grupo a nivel nacional.

Al frente de la oficina sevillana está Manuel Díaz, quien defiende un modelo que pone el foco en la persona antes que en el producto. "Construimos la casa por los cimientos y no por el tejado", resume. En Abante, explica, todo parte de escuchar, definir objetivos y trazar un plan de vida y de patrimonio antes de tomar cualquier decisión de inversión.

En un contexto de mayor longevidad y creciente concienciación sobre la jubilación, Díaz analiza también la evolución del inversor sevillano —tradicionalmente vinculado a la empresa familiar— hacia perfiles más diversificados y abiertos a una planificación financiera global y a largo plazo.

¿Cuáles son las principales claves que se dan a empresas o familias que acuden a solicitar vuestros servicios?

Nosotros siempre ponemos el foco en la persona. Lo primero no es el dinero, es lo que quieres conseguir con él. Cuando alguien viene a Abante, lo que hacemos es situarla en el centro de todo: escuchar cuáles son sus necesidades, sus preocupaciones, sus inquietudes y hacia dónde quiere ir.

A partir de ahí, construimos un plan de futuro completo. Lo trabajamos con ejercicios de análisis y planificación financiera para definir bien el objetivo, marcar el destino y establecer el punto de partida. Ese es el plan inicial sobre el que se sustenta todo, antes de tomar cualquier decisión de inversión.

Nos gusta decir que construimos la casa por los cimientos y no por el tejado. El producto es lo último; lo consideramos casi una commodity. Lo verdaderamente relevante para nosotros es abordar el componente humano y entender de verdad qué le preocupa a la persona.

¿Y cuál es el valor diferencial que, a vuestro juicio, se consigue haciendo esto?

El elemento diferenciador es que el cliente comparte contigo sus inquietudes y preocupaciones, y eso te permite poner realmente a la persona en el centro. Cuando entiendes qué le preocupa, todo es mucho más sencillo para alcanzar sus objetivos.

Lo que buscamos es ser un compañero de viaje: su director financiero, pero también su médico de cabecera. Somos un poco una rara avis dentro del mundo financiero, porque estamos muy involucrados con las humanidades. De ahí también el tipo de eventos que organizamos, muy vinculados a la filosofía y a las humanidades, temas que no suele abordar la competencia.

Eso nos permite construir relaciones de largo plazo, mucho más estrechas, y, en definitiva, convertirnos en ese médico de cabecera para nuestros clientes.

¿Cuál es el nivel de ahorro actual de los sevillanos?

En Sevilla y en Andalucía no existe una cifra estándar sobre el nivel de ahorro, pero sí se ha producido una evolución clara en los últimos años.

El inversor sevillano es hoy más maduro, está más implicado en el ahorro y ha dejado de centrarse exclusivamente en el inmueble para abrirse a otros activos como la renta fija y la renta variable.

Aunque aún queda camino por recorrer en cultura financiera, cada vez hay mayor conciencia de la importancia de planificar, ahorrar a largo plazo y prepararse para una mayor esperanza de vida. Parte de este avance se debe al trabajo de entidades como Abante y otras firmas del sector, que impulsan la planificación financiera y el ahorro estructurado.

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¿A qué se debe, bajo vuestro juicio, ese cambio?

El cambio se debe, sobre todo, a una mayor concienciación sobre la longevidad. Antes la gente se jubilaba a los 65 años y la esperanza de vida era bastante menor. Hoy la realidad es muy distinta: en España la esperanza de vida ronda ya los 84 años y cada vez más personas superan los 90 e incluso los 100.

Eso significa que, si alguien se jubila a los 65 o 67 años —o incluso a los 70 en el futuro—, puede tener por delante 20, 25 o 30 años más de vida activa y de calidad. Y mantener ese nivel de vida durante tanto tiempo no es posible solo con la pensión pública.

Además, todo lo que se habla en prensa y en los medios, junto con la labor de concienciación que hacemos desde el sector financiero, ha ayudado a que la gente entienda que necesita planificar y ahorrar más para garantizar su futuro.

¿La gente está realmente concienciada de qué va a vivir después de la jubilación?

Yo diría que sí hay concienciación, pero muchas veces llega tarde. Es muy nuestro, muy español, dejar las cosas para más adelante. Lo que vemos es que cuando las personas se acercan al final de su vida laboral, cuando ya están en esa última etapa, es cuando realmente empiezan a preocuparse en serio y a pensar: "¿de qué voy a vivir cuando me jubile?".

Tradicionalmente, el interés real por el ahorro para la jubilación comenzaba a partir de los 50 o 55 años. Ahí es cuando la gente empezaba a ver que le quedaban muchos años por delante y que necesitaba un complemento para mantener su nivel de vida, porque solo con la pensión no iba a ser suficiente.

Lo positivo es que ese paradigma está empezando a cambiar. Cada vez vemos más personas más jóvenes, en torno a los 40 o 45 años —sobre todo empresarios y empresas familiares— que ya son conscientes de que necesitarán planificar, ahorrar y construir un complemento para el futuro. Aun así, sigue siendo habitual que la verdadera preocupación aumente a medida que la jubilación se acerca.

¿A partir de qué edad es más común que los clientes acudan a solicitar asesoramiento financiero?

Tradicionalmente, quienes acudían a solicitar asesoramiento financiero eran personas de entre 50 y 60 años. Normalmente se trataba de perfiles que ya habían acumulado un ahorro importante después de muchos años de vida laboral y que estaban más cerca de la jubilación, por lo que empezaban a planificar esa etapa.

Sin embargo, en estos últimos años hemos visto una evolución positiva. Cada vez se acercan personas más jóvenes, especialmente empresarios, que empiezan a generar patrimonio antes que en generaciones anteriores. Los nuevos modelos de negocio, la tecnología y el marketing permiten crear valor a edades más tempranas.

Eso, unido a un cambio de mentalidad, hace que hoy también veamos clientes en torno a los 40 años que ya quieren planificar su futuro y estructurar su patrimonio con una visión a largo plazo.

¿Cuál es el perfil del cliente sevillano?

Yo diría que el cliente sevillano típico es de empresa familiar. A diferencia de otras ciudades, aquí gran parte del inversor más relevante proviene de pymes fundadas por una familia, con todos los retos que eso conlleva: sucesión de los hijos, diferentes grados de implicación, y cómo profesionalizar y dar continuidad a la empresa.

Nuestro trabajo va por dos lados. Por un lado, ayudamos a planificar la vida personal y familiar de cada miembro, porque cada uno tiene su proyecto y sus objetivos, y hay que armonizarlo con el proyecto común. Por otro, trabajamos con la empresa: cómo mantenerla, cómo invertir, cómo buscar socios o, si toca, cómo venderla de la mejor manera posible.

Al final, nuestro valor está en combinar la planificación familiar, personal y empresarial, para que la empresa familiar pueda seguir adelante, crecer o transformarse de forma ordenada según lo que necesite cada generación.

¿Habéis notado si, desde 2008, con el tema de la crisis, hay más perfiles que acuden a un asesoramiento financiero por miedo a otra recesión económica?

No diría que la gente viene por miedo a otra crisis, pero sí hemos notado un incremento claro en la demanda de asesoramiento financiero desde 2008, tanto por parte de empresarios y familias como de grandes patrimonios y directivos. Antes, el inversor español era mucho más tradicional: dejaba los ahorros en cuentas corrientes, depósitos, unos pocos valores o, sobre todo, en inmuebles.

Esto ha cambiado mucho. La crisis hizo que muchos se dieran cuenta de que necesitaban un asesoramiento más profesional, y además la labor de concienciación, explicar cómo planificar y educar financieramente, ha sido clave. Hoy vemos claramente que más personas buscan servicios profesionales para gestionar su patrimonio y diversificar sus inversiones, no solo depender de lo tradicional.

¿En qué es más seguro invertir ahora mismo?

Bueno, no se puede decir que invertir en inmobiliario, en activos financieros o en empresas sea “más seguro” de forma general. En Abante siempre hablamos de los tres bolsillos, porque creemos que un inversor necesita tener distintos tipos de inversiones que se complementen entre sí.

Lo más seguro, en teoría, serían los activos sin riesgo, como una letra del Tesoro, pero en la práctica cada inversión cumple un papel distinto: el inmobiliario aporta estabilidad y patrimonio, lo empresarial es tradicional y genera oportunidades de crecimiento, y los activos financieros son líquidos y permiten reaccionar ante imprevistos, algo que quedó muy claro tras la crisis de 2008.

En aquel momento, muchas personas que solo tenían patrimonio inmobiliario o empresarial se quedaron sin liquidez cuando los mercados se congelaron.

Por eso ahora hay mucha conciencia sobre la importancia de incluir vehículos financieros dentro de una cartera. Pero lo esencial es que cada inversión se adapte a la situación personal, familiar y profesional de cada cliente. No hay un activo “universalmente seguro”; lo que hacemos es estudiar bien cada caso y definir qué porcentaje corresponde a cada tipo de activo según las necesidades y objetivos de cada persona.