El bailaor Andrés Martín con la bailaora Laura León.

El bailaor Andrés Martín con la bailaora Laura León.

Sevilla

Andrés Martín, bailaor sevillano: "El flamenco es un arte vivo y tiene que contar lo que sucede en la sociedad"

El bailaor representa en el Festival de Jerez, junto a Laura León, la obra 'Matarife paraíso'.

Más información: 'El Oruco', bailaor flamenco: "La influencia que ha tenido Sevilla en mí no la cambiaría por nada"

Sevilla
Publicada

El bailaor sevillano Andrés Martín desembarca en el Festival de Jerez con una propuesta que vuelve a situarlo en la primera línea de la creación flamenca contemporánea. Fiel a una trayectoria marcada por la búsqueda y el riesgo, presenta un espectáculo que dialoga con la tradición desde una mirada actual.

Premio Nacional de Danza en 2022, Martín ha construido un lenguaje propio, alejado del artificio y del cliché. Su obra, profundamente personal, explora nuevos territorios sin perder la memoria de los maestros.

En esta entrevista reflexiona sobre su proceso creativo, la influencia de la tradición y el reto de renovar el flamenco sin traicionarlo.

Andrés, su estilo se describe como un puente entre la tradición y la vanguardia. ¿Cómo decide cuándo mantener la raíz flamenca y cuándo romperla?

No creo que exista vanguardia sin tradición. Para mí son inseparables. La tradición no es algo rígido, es una vivencia, una memoria. Yo no bailo “de memoria”, sino desde la memoria: con el conocimiento de los maestros, de lo que se hizo antes y de todas las artes que dialogan con el flamenco. Pero me interesa hablar del mundo de hoy.

Desde que empecé he querido hacer un flamenco actual, situado en el terreno del arte y no del artificio. Me interesa huir del adorno vacío. El flamenco es un arte vivo y tiene que contar lo que sucede en la sociedad; no es un mero entretenimiento.

¿Cómo surge la poética visual en su coreografía?

Depende de cada creación. Cada espectáculo me abre puertas distintas. Me interesa mucho la iconografía, la simbología, pero siempre al servicio de la obra. No se trata de poner imágenes bonitas porque sí, sino de que ayuden a contar lo que se quiere contar. Me gusta que el público pueda repensar las cosas, mirarlas desde otro ángulo.

Dirige su propia compañía. ¿Cómo equilibra el rol de creador y de intérprete?

Es complicado estar dentro y fuera a la vez, pero lo llevo bien. Para mí forma parte del proceso. Cuando creo una coreografía, también la hago pensando en mí y en las personas que van a interpretarla. No separo tanto esos dos lugares; todo forma parte de la misma búsqueda.

Sus espectáculos suelen ser muy personales. ¿Hay alguna experiencia vital que haya marcado su forma de crear?

Más que una experiencia concreta, diría que es la necesidad de explorar territorios nuevos, esas “tierras raras” que uno se encuentra. Me interesa poner el flamenco al servicio de un lenguaje y de un imaginario universal. No lo concibo como un entretenimiento reducido a un cuartito. El flamenco habla mucho más y habla desde los tiempos de hoy.

Recibió el Premio Nacional de Danza en 2022. ¿Influyó eso en su trabajo posterior?

Creo que el premio llegó porque llevaba muchos años trabajando, abriendo puentes, ventanas y rompiendo muros que antes no existían. Sinceramente, ya ni pensaba que me lo fueran a dar. Me vino muy bien, claro, pero no cambió mi forma de trabajar. Sigo siendo igual de inquieto que antes.

¿Cuántos años lleva bailando?

Bailo desde pequeño. Mi padre bailaba, mi madre canta, y yo crecí en el teatro, rodeado de artistas y flamencos que pasaban por casa. Somos cinco hermanos y todos bailábamos. Fue algo muy natural. Luego tuve un parón y retomé el baile a los 19 años. A partir de ahí empecé a construir mi propio universo y hasta hoy.

Presenta ahora una pieza que habla de la Divina Comedia. ¿Cómo surge esa idea?

La obra se titula Matarife paraíso y parte de la Divina Comedia, pero trasladada a una madrugada en Sevilla, en plena Semana Santa. Es una propuesta iconoclasta que habla de lo sagrado y de lo pagano. La han entendido muy bien y la acogida ha sido muy buena, lo cual para mí es una satisfacción enorme.

¿Cómo incorpora la Divina Comedia al flamenco?

Surge en un viaje, en una búsqueda de perfección y de encuentro con personajes, como ocurre en la obra de Dante. Me interesaba dialogar con ese universo desde mi lenguaje y traerlo a mi realidad.

Para alguien que quiere renovar el flamenco, ¿cuál es el mayor desafío al enfrentarse a una creación?

Ser fiel a uno mismo. Alejarse de las tendencias y trabajar sobre tu persona, tus necesidades y la realidad que te rodea. Hoy hay miles de tendencias, sobre todo en redes sociales, y al final hay de todo pero no es nada. Lo importante es no perder tu centro.

¿Siente que el flamenco le permite expresarse plenamente como individuo?

Sí. Para mí es necesario. Es mi vía de escape, mi forma de vivir y de decir lo que necesito decir.

¿Hay alguna obra que considere un punto de inflexión en su carrera?

Todas me han marcado de alguna manera. , , o han sido momentos importantes. Cada una supuso un cambio.

¿Por qué algunas han marcado más que otras?

A veces estás más necesitado de un tema, más afín a lo que cuentas en ese momento. Pero eso es una sensación mía. Al público puede que le toque más otra pieza distinta.

Para terminar, ¿qué influencia tiene su proyección internacional en su forma de crear flamenco?

Llevo muchos años en esto y creo que algo habré influido en otros compañeros. He intentado abrir ventanas para que el flamenco se mire de otra manera, alejándolo del cliché y del “show por el show”, que es algo que no me interesa.