Subida en una mesa, una niña mira con curiosidad a los miembros de las distintas ONG que también habitan por unas horas las naves del Tarajal con sus grandes ojos azules.
Tiene tres años y medio, cuenta su padre en el momento en que llega su mujer cargada con garrafas de agua potable, que ha conseguido de uno de los centros de SAMU, una de las fundaciones que gestionan los espacios habilitados para acoger a los menores de edad en el polígono bajo la tutela del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Ceuta.
La familia al completo vive en el polígono industrial del Tarajal desde hace más de dos meses.
La niña no para de recibir carantoñas de cualquiera que pasa a su lado. Sin embargo, cuando sonríe, se ven sus dientes negros. Al igual que otros habitantes del asentamiento, tiene los dientes picados.
A escasos metros, un grupo de adolescentes muestra la caravana abandonada en la que solían dormir hasta que "los bichos y la suciedad lo ensuciaron todo y nos hartamos", cuenta uno de ellos. En total, hasta siete menores de edad han llegado a habitar el vehículo.
La caravana abandonada donde dormían hasta siete menores de edad, hasta que los insectos la hicieron inhabitable.
En la chabola de al lado, vive otra familia. Una mujer joven que cruzó el espigón embarazada de ocho meses y que dio a luz hace unas pocas semanas vive allí, junto al padre del bebé. En aquel momento, su tienda de campaña estaba vacía, pues estaban recibiendo ropa de bebé que unos vecinos de Ceuta les habían traído.
En otra de las naves, a la entrada del polígono, un adolescente se cura unas heridas que tiene en pies y tobillos, que están rodeados de moscas, con la ayuda de Mohamed, uno de los autónomos que tiene su local en el polígono industrial.
Interior de la caravana abandonada en las naves del polígono industrial del Tarajal
No se sabe con exactitud el número de personas que viven en el polígono. La cifra difiere según a quién se pregunte. "Quinientos, por lo menos", dice un adolescente.
"Miles", dice otro hombre en otra zona del polígono. Lo único que está claro es que, en este momento, en las naves del polígono industrial del Tarajal se esconde el mayor asentamiento chabolista que resiste en Ceuta tras el desalojo de la playa del Trampolín. "El Tarajal es el nuevo Trampolín", dicen fuentes militares consultadas por EL ESPAÑOL.
Es en este polígono donde se encuentra el CATE (Centro de Atención Temporal de Extranjeros), donde se realiza el triaje y el proceso de filiación necesario para comenzar con las solicitudes de asilo. A escasos metros y tras un muro, está la frontera.
"Vine aquí buscando tranquilidad, y mira", cuenta Ángel, señalando las chabolas desde el estudio en el que vive en las naves.
"Es una pena, porque ellos han venido aquí engañados, con la idea de que esto es el paraíso. Pero no existe", añade este ceutí que abandonó el centro de la ciudad para irse a vivir a las afueras. "Esos chavalitos jóvenes vienen aquí y se piensan que van a ser el próximo Lamine Yamal".
Tras estas palabras, un pequeño grupo de chicas adolescentes cruza por delante del estudio. "Mira a estas criaturas, por ejemplo, que han venido aquí sin nada, ni saben nada. La mitad seguramente acaben en la prostitución. Y yo me considero duro, he vivido mucho, pero aquí veo cosas que me han partido el alma como ser humano. Nunca viví algo parecido a lo de finales de julio".
"Yo he votado toda mi vida al PSOE, pero como caballa, me he sentido muy abandonao. Por eso te digo, que yo soy norteafricano antes que español", concluye, hablando de un sentimiento que comparten gran parte de los ceutíes, que denuncian la mala gestión que el gobierno central ha tenido de la crisis migratoria.
El último gran asentamiento
"Los chavales aquí a veces se pegan entre ellos, sí. Están aburridos. Muchas horas aquí, mucho tiempo libre", cuenta Yassin, marroquí de 21 años, cerca de una de las chabolas.
"A veces, son peleas tontas. Otras, se tiran piedras o botellas", remacha. De hecho, momentos después de la charla, decenas de adolescentes comienzan a lanzarse decenas de bolígrafos que han encontrado en cajas, mientras un grupo de vecinos de El Príncipe mira el espectáculo asomados desde su ventana.
El Faro de Ceuta llegó a publicar un vídeo de una de estas peleas, que estalló durante una de las noches de esta semana. Según confirma este mismo medio, antes de que llegara la Policía Nacional, jóvenes del barrio actuaron para resolver el conflicto de manera pacífica.
Pero el asentamiento chabolista tiene los días contados. El delegado del Gobierno, David de la Encina, confirmaba además esta misma semana que este asentamiento es el principal desalojo que queda pendiente.
A diferencia de las actuaciones realizadas en otros puntos como el desalojo del Trampolín, esta intervención se desarrollará mientras se ponen en marcha los dispositivos previstos para actuar en diferentes barrios de la ciudad con un gran número de inmigrantes.
Según manifestó De la Encina, el Estado dispone actualmente de plazas disponibles en sus centros de acogida para afrontar una operación de estas características, como el ubicado en Caballería o la Hípica, en la ciudad autónoma.
Según cuentan trabajadores del polígono a este medio, se están habilitando por lo menos tres naves más para acoger a inmigrantes.
Montañas de basura en una de las entradas del polígono industrial
El desalojo del asentamiento es algo que preocupa especialmente a los migrantes. "¿Qué crees que va a pasar? ¿Nos van a echar?", pregunta un adolescente, angustiado. "No queremos ir a Marruecos, nos gusta España, ¡Viva Pedro Sánchez!", añade otro. "Yo soy menor, ¡yo llegaré a la península!", exclama otro, seguro de sí mismo.
Esta pregunta se repite entre los inmigrantes, entre los que ha crecido la inquietud desde los últimos desalojos, y temen que sus días en España estén contados.
El Príncipe, lleno
Según ha podido comprobar EL ESPAÑOL, el asentamiento ha crecido ligeramente tras el desalojo del asentamiento de El Trampolín hace unas semanas.
Aunque según cuentan sus propios habitantes, la gran mayoría de quienes lograron escapar de los asentamientos de la Playa Benítez, Trampolín y de la antigua fábrica de El Guano han acabado escondidos en la barriada de El Príncipe, a unos pocos minutos andando del polígono industrial.
Chabolas en la carretera que une El Príncipe con el polígono industrial
El barrio sigue lleno de inmigrantes, y la plaza central está llena de hombres jóvenes que pasan el rato allí. Unos fuman porros, otros simplemente charlan con sus paisanos. Se portan bien, según aseguran los vecinos consultados, y es por ello que les permiten continuar allí.
"Esto es un agobio, aquí no cabe un alfiler", cuenta uno de los vecinos. La barriada está prácticamente igual que en agosto tras los primeros días de la entrada masiva.
Los vecinos de El Príncipe, ya sea por vínculo familiar o por cercanía cultural, pues la gran mayoría comparten origen, lengua y religión con los inmigrantes, les han dado cobijo en su barrio. Sin embargo, la paciencia tiene un límite. "Somos solidarios, pero estamos ya cansados", resume un vecino cerca de la plaza.
