Juan Salinas
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Karra Elejalde (Vitoria, 1960) tiene algo de animal desbocado, de poeta voraz y deslenguado. Hay en él algo de aquel Miguel de Unamuno al que dio vida en 'Mientras dure la guerra' (Alejandro Amenábar, 2019), el hombre que se plantó ante la corte franquista en Salamanca para exclamar aquello de "venceréis, pero no convenceréis". Una frase para la historia, y con ecos en la actualidad.

Elejalde también parece hecho de esa materia incómoda: la de quien se resiste a domesticar su carácter y a disimular lo que piensa, aunque preferiría morderse la lengua. Durante su encuentro con EL ESPAÑOL se definirá como un tipo "lenguaraz, bravo y con un par de huevos". No puede evitarlo, aunque se muestre esquivo.

De Unamuno comparte también tanto su origen vasco como su defensa de la concordia y la convivencia frente a este mundo "lleno de hijos de puta" —dirá durante la entrevista—. Valores que se reflejan en 'Arriba Tutto', el debut de José Mota como director de ficción. La película, que arranca en la España de 1905 y se extiende hasta la Guerra Civil, reivindica el humor como refugio frente a la barbarie y la imaginación como una forma de resistencia.

En ella, Elejalde interpreta a un cómico ambulante que recorre los pueblos con su espectáculo de variedades y trata de proteger a su hijo de la fealdad del mundo. Le enseña a mirar la vida con humor, a creer en la libertad, la honestidad, el amor y el perdón. Una película que propone un viaje de regreso a la inocencia perdida, una idea que atraviesa la personalidad del actor: "Para dedicarse a esto que me dedico, hay que tener un poco de síndrome de Peter Pan", dice.

En un presente atravesado por el desencanto, la polarización y el avance de los discursos de odio, Elejalde observa con preocupación el panorama internacional: "Tengo la sensación de que en la democracia más importante del mundo gobierna un "chalao", y que si eso vale allí, luego salen los Milei por allá y las Meloni por acá y los Abascal por aquí", expresa.

En ese diagnóstico, Elejalde introduce un matiz sobre la situación política española. "A pesar de estar como está y ser un Gobierno con muletas, dime cuántos países europeos tienen un gobierno progresista… Ninguno. Quejémonos, por supuesto, pero démonos también con un canto en los dientes", afirma.

El actor no esconde dónde se sitúa ideológicamente ni los principios que, a su juicio, separan a unos de otros. "Yo defiendo a muerte a los acampados de Sol. Yo estoy en el bando de los buenos. Yo sé lo que es ser generoso. Saber convivir. Entender al prójimo. En general creo que la izquierda es más generosa, y la derecha es más egoísta", comenta.

Pregunta: ¿Qué viste en este cómico ambulante cuando José Mota te propuso la película?

Respuesta: Cuando leí el guion, me entusiasmó. Mi personaje es José Romero, un hombre que lleva un espectáculo de variedades por los pueblos, intentando sembrar la alegría y el humor por el mundo. Un hombre que probablemente tiene el síndrome de Peter Pan, y que es padre de un hijo al que quiere hurtar esa visión de lo feo del mundo. Con lo cual, le pone orejeras y le habla de fantasías y le cuenta mentiras piadosas. Le insufla valores como la libertad, la honestidad, la legalidad, el humor, el amor, el perdón. El antibelicismo y la concordia. Y me toca sembrar un poquito en esta película de todo esto.

P.: Me viene a la mente el personaje de Roberto Benigni en 'La vida es bella'. Pero también 'El viaje a ninguna parte'…

R.: Sí, o 'Cinema Paradiso', o incluso 'Ser o no ser' de Lubitsch, 'El gran dictador' de Chaplin… Pero la referencia con 'La vida es bella' es muy clara. José Mota me decía: "Karra, quiere mucho al niño y genera mucha empatía con él". Y el niño es un pedazo de actor, con todas las letras, es increíble, sabio, listo… Y hubo muy buena química con él. Para construir una relación paternofilial esto era básico.

P.: También hay algo muy quijotesco en la película: responder al dolor intentando conservar la imaginación. ¿Te reconoces en esa manera de mirar la vida?

R.: Sí, yo reconozco que soy un poco niño también. Para dedicarse a esto que me dedico, hay que tener un poco de síndrome de Peter Pan, y ser un poco infantil… Tener vivo a ese niño que llevamos dentro. Por eso, creo que la gente que se dedica a destruir es gente que tiene demasiado aletargado o muerto el niño interior y se dedican a amargar y envenenar el mundo con guerras, con xenofobias, con mierdas.

P: Hablamos de empatía y amor en tiempos de guerra, de cómo la comedia puede ser subversiva… Y hoy vemos una España harta, desencantada, y dividida por el miedo y el odio. ¿Qué ocurre?

R.: Tengo la sensación de que en la democracia más importante del mundo gobierna un "chalao", y que si eso vale allí, luego salen los Milei por allá y las Meloni por acá y los Abascal por aquí. Creo que hemos roto una especie de reglamentos tácitos a nivel mundial. Europa ha pasado en moto de todo lo que ha pasado en Gaza. Y el mundo se ha "enmerdecido". Pero no voy a caer en el error de decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, porque no es verdad.

A mí me han querido detener cuando tenía 16 años por darme un beso con una chica en el parque de la Florida en Vitoria. Y te detenían por ser gay simplemente, o porque había una ley, llamada de vagos y maleantes, que perseguía a los que no llevaran un duro en el bolsillo. O acababas de cenar y te tenías que ir a casa de dos en dos porque en la calle no podías ir en grupo.

Ahora lo que vivimos son momentos preocupantes donde está polarizado todo, pero no solo en España, sino en el mundo entero. Y en España menos que en el resto de Europa. A pesar de estar como está y ser un Gobierno con muletas, dime cuántos países europeos tienen un gobierno progresista… Ninguno. Quejémonos, por supuesto, pero démonos también con un canto en los dientes.

P.: ¿Crees que este gobierno es el menor de los males?

R.: No lo sé, yo soy actor. Porque a esta pregunta yo respondo: "ah", y ya me salen cantares.

P.: Se han convocado elecciones, ¿cómo ves el futuro próximo de este país?

R.: No sé qué futuro tiene este país, no sé si es buena idea o no el adelanto electoral… Sí que estoy de acuerdo con todos los que están acampados en Sol.

P.: Eso te quería preguntar también…

R.: Pues estoy con ellos a muerte. Pero no es mi trabajo en un contexto de promoción de una película que no he dirigido yo hablar sobre estos temas, porque si la dirijo yo y salen cuatro "pelaos" diciendo: "boicot a la película de Karra Elejalde", me la suda, porque soy lenguaraz, bravo y tengo un par de huevos. Pero no quiero que nada que salga de mi boca suponga un boicot a la película de José Mota. Así que te rogaría que no entremos en temas de índole política, salvo que sean concernientes a la película.

La película aboga claramente por la paz, está en contra de la guerra, ya sea la de Ucrania o la de Gaza. Y hay personas que se dedican a jugar con la mentira como arma arrojadiza, y no se disculpan cuando se demuestra, con un juez delante, que mienten. Porque hay gente que suelta: "Maribel es puta", y lo dice mil veces, y luego se demuestra que eso es mentira. Y mentir no tiene consecuencias.

Estamos en un mundo lleno de hijos de puta. Y hay que tener mucho cuidado con la mentira y con toda esta gentuza. Seamos un poco más morales, más éticos y más honestos. Eso es lo que predica esta película: paz, amor, buen rollo... saber convivir, cojones; respetar al diferente… Hasta ahí te puedo leer, no me metas en la situación española, ni en las elecciones, ni en chorradas de estas.

P.: Qué pena que estemos tan sujetos a la opinión pública, ¿no?

R.: Las redes. Cualquier tonto del culo puede decir mentiras y chorradas. Gente que no es ni periodista y que no está acreditada. Es un mundo sucio, la verdad. Y lo que también predica esta película es que alguien pueda decir: "perdón, me confundí", y eso le honra. Debemos convivir de otra manera. Construir un castillo de naipes requiere de mucho tiempo, soplarlo no lleva nada.

P.: El pasado sábado vimos en la Puerta del Sol a grupos ultras enfrentados. ¿Te provoca miedo ver esas imágenes después de hacer una película sobre la Guerra Civil?

R.: A mí no me da miedo. A mí me da miedo no tener razón. Me da miedo estar en el bando de los malos y estar equivocado. Pero yo estoy en el bando de los buenos. Yo sé lo que es ser generoso. Saber convivir. Entender al prójimo. Entonces, no me da miedo, aunque haya que morir. En general creo que la izquierda es más generosa, y la derecha es más egoísta.

P.: ¿Crees que se ha instrumentalizado políticamente a una mujer como Maricarmen?

R.: (Eleva el tono) Estamos entrando a hablar de política y sabes que esto me puede meter en problemas. Ya vale. Yo tengo mi manera de sentir y de pensar, pero esta no es mi película.

P.: Creo que estamos charlando sobre temas de actualidad, que están en la calle.

R.: Pero por mucho menos se montan quilombos. Mira, José (Mota) ha hecho esta película y no tenía necesidad de meterse en embolados. Porque a él lo quiere todo el mundo, y con esta película ya habrá un 20 por ciento de españoles que van a empezar: "meh, meh, meh", a soltarle mierda, solo por tocar la Guerra Civil. Y eso le honra. José hace humor para todo el mundo en las nocheviejas, y ahora no puedo llegar yo y cagarla.

P.: ¿Podemos hablar sobre Unamuno? ¿Te parece?

R.: Unamuno, ¿qué?

P.: Unamuno, a quien interpretaste, dijo aquello de "venceréis, pero no convenceréis". Defendió siempre la razón, el diálogo. ¿Crees que hoy hemos vuelto a confundir vencer con convencer?

R.: No me hables de política. Lo que te puedo decir es que esta película es balsámica, es necesaria, el humor es imprescindible…