La 'Operación Trampolín' que comenzó el pasado sábado para desalojar la playa con mayor concentración de migrantes en Ceuta ha terminado por confirmar las advertencias de la inteligencia militar española, tal y como adelantó EL ESPAÑOL el pasado 28 de septiembre: entre los aproximadamente 3.000 ilegales acampados, la Policía Nacional ha identificado "entre 12 y 14" militares en activo del Ejército de Marruecos.
Según ha podido confirmar este periódico a través de fuentes policiales y militares, los soldados del país vecino dormían en sacos de dotación militar, portaban cantimploras del Ejército marroquí y mantenían una comunicación constante entre ellos a través de teléfonos móviles.
Al ser identificados por los antidisturbios en la playa reconocieron su condición de militares pero alegaron ser "desertores" del régimen de Mohamed VI en busca de asilo por miedo a represalias.
La coartada, no obstante, generó recelo entre los mandos policiales, quienes sospechan que los marroquíes no esperaban el desalojo y, por tanto, el fin de su misión.
Las fuentes policiales y militares consultadas por este periódico aseguran que "en el Trampolín hubo un orden y una organización para resistir todo este tiempo".
En este sentido, los agentes observaron en estos sujetos una actitud vigilante y una especial atención a las tácticas y equipos del operativo policial y militar en la playa, así como movimientos coordinados para esquivar los controles de filiación.
Tras el levantamiento del campamento el pasado sábado, 1.100 de los 3.000 migrantes congregados en la playa ceutí volvieron a Marruecos por su propio pie para evitar ser identificados.
Se sospecha que, entre ellos, se encuentre el grueso de los al menos 72 militares marroquíes que, según la inteligencia militar española, se encontraban en Ceuta coordinando acciones contra el orden público y las Fuerzas Armadas españolas.
Militares y policías desalojan a los inmigrantes en el Trampolín.
Según documentos clasificados de la Inteligencia del Ejército a los que tuvo acceso en exclusiva este periódico, los militares y agentes marroquíes infiltrados en Ceuta tenían el objetivo de actuar como "centros de gravedad", coordinando los asentamientos, evaluando las capacidades de respuesta españolas y dinamizando las acciones de caos en la ciudad autónoma.
Los efectivos identificados en la playa, "entre 12 y 14" según las fuentes consultadas, formarían parte de los 22 miembros de la inteligencia de Rabat y de los 50 soldados en activo detectados por los servicios secretos, confirmando la estrategia de infiltración marroquí que sacó a la luz este diario.
De acuerdo con las fuentes consultadas por este periódico, el destino de los militares marroquíes identificados en la playa del Trampolín habría sido el regreso a Marruecos. Según adelantaron las mismas fuentes, no hubo ni órdenes de interrogatorio ni de detención.
Dispositivo masivo
El desalojo de El Trampolín, desarrollado con éxito en coordinación con la Guardia Civil y las Fuerzas Armadas, contó con cerca de 300 agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) y de la Unidad Central de Intervención (UCI). Estos fueron los encargados de desalojar, con la ayuda de tres tanquetas, a los inmigrantes que ocupaban la zona rocosa y el arenal desde los días 30 y 31 de julio.
Por su parte, los efectivos de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) gestionaron el repliegue y el traslado.
Replicando la fórmula empleada días atrás en la playa de Benítez, los inmigrantes fueron trasladados en autobuses hasta un punto próximo a la frontera con Marruecos.
Allí se realizó una parada para notificarles su situación legal: la posibilidad de acogerse al retorno voluntario o permanecer en Ceuta y enfrentarse a un expediente de expulsión con resolución negativa.
Hasta el momento, la operación se ha saldado con el retorno voluntario de al menos 1.100 personas, un flujo de salidas hacia Rabat que ha aliviado significativamente la presión sobre la ciudad autónoma.
Tras el paso por la frontera, los expedientes se tramitan con celeridad en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) de El Tarajal.
Redes clandestinas
El operativo policial no solo enfrenta la resistencia de los infiltrados militares. Los agentes han detectado a varios grupos de inmigrantes escondidos en acantilados y zonas de difícil acceso para evitar ser filiados, sospechándose que muchos cuentan con antecedentes penales u órdenes previas de expulsión.
A esto se suma el negocio opaco en barriadas de mayoría musulmana como El Príncipe, donde Policía y la Guardia Civil persiguen una red de 'pisos-patera'.
Más de una docena de dueños y arrendatarios se están lucrando con la crisis, ocultando en sus viviendas a los inmigrantes a cambio de sumas abusivas.
Estas infraestructuras clandestinas sirven de cantera para las mafias del narcotráfico y el tráfico de personas, que llegan a exigir entre 6.000 y 8.000 euros por pasaje en narcolanchas hacia la Península.
Asimismo, las fuerzas de seguridad han detectado la venta y alquiler de documentación personal para burlar los controles marítimos, un fraude que ya está siendo perseguido por las unidades de Extranjería e Información.
