La puesta en escena de la 'Operación Trampolín' parecía que iba a acabar con los alrededor de 3.000 inmigrantes que llevaban más de 2 meses en el asentamiento ilegal de la playa. Sin embargo, una parte de este asentamiento que coge el territorio de la antigua fábrica conocida como el Guano y de la playa de Calamocarro continúa en pie.
Además de esa parte del asentamiento, cientos de inmigrantes al ver cuál era el destino que les esperaba decidieron coger las pocas cosas que habían acumulado este tiempo y huir con ellas.
Primero a los montes, después empezaron a distribuirse por las calles de Ceuta. El destino eran las barriadas donde vive, principalmente, la población musulmana de la ciudad: La Pantera, Los Rosales, Sidi Embarek o El Príncipe.
No resulta difícil diferenciar a los nuevos inmigrantes que suben desde la playa. Lo primero porque todos llevan encima pequeñas mochilas de deporte o a la espalda con enseres, también bolsas características de Mercadona o mantas.
Quizá la imagen más distópica es la de muchos de ellos con las tiendas de campaña que les habían dado las ONG a cuestas sin desmontar para así instalarlas en su nuevo destino.
El primer dique de contención de esto es el de los vecinos y los inmigrantes que también entraron con la invasión y que llevan viviendo en estas calles desde ese momento.
Los vecinos cuando llegaron echaron a muchos fuera, según relatan a EL ESPAÑOL. Explican que se quedaron con aquellos que "se portaban bien y que no daban problemas". No todo ha sido un camino fácil desde ese momento.
"Los que han robado, han agredido a alguien o han sido violentos, les hemos echado también", explica una de las vecinas que coordina el barrio y trata de mantener el orden dentro.
Desde hace dos meses alrededor de 200 chicos viven en estas calles con tiendas elaboradas por ellos con telas, plásticos impermeables y colchones.
Tiendas de los inmigrantes que llevan dos meses conviviendo con los vecinos en el interior de Los Rosales.
En esta barriada existe la figura de una especie de guardián o de sereno que pasa las noches en vela, sin dormir. Lo que hace es tratar de impedir que se cuelen nuevos dentro del barrio.
Aunque una sola persona no puede conseguir este objetivo. Cuenta con la ayuda de los inmigrantes que están en las calles y que al entrar un grupo de unos 6 inmigrantes de la playa no dudan ni un segundo en hablar con ellos y echarles directamente de las calles de la barriada de Los Rosales.
Los vecinos les acogen en las calles de sus barrios y, de algún modo, les protegen también dándoles comida o materiales para protegerse de la lluvia ahora que el temporal empieza a apretar.
Sin embargo, no quieren más en sus barrios y no ven el día de "recuperar la normalidad y que no estén en nuestras calles", claman a EL ESPAÑOL.
La situación va empujando a los vecinos a concentrarse para impedir que entren y buscar los mecanismos que las instituciones no les ofrecen.
Inmigrantes del Trampolín llegando a las barriadas para refugiarse dentro.
En un primer momento, se les ocurrió convocar a todos los inmigrantes que ya conocen después de dos meses y que están en el barrio.
En filas en la calle empezaron a apuntarles en una lista con nombre, apellidos, edad y procedencia. Una especie de filiación casera para poder tenerlos controlados y ubicados.
Este mecanismo pretendían completarlo poniéndoles alguna pulsera o collar distintivo para así tenerlos controlados. Una medida que no han podido usar como solución porque las autoridades no lo han permitido a los vecinos.
Los que llevan pulseras, cada una de un color, son los inmigrantes que están en los embolsamientos. En cada campamento la pulsera es de un color y ahí tras ese proceso de filiación se las ponen porque recogen de forma personal los datos de cada uno.
La presión por parte de estos vecinos, funciona. También la que ejercen los propios inmigrantes que son los primeros interesados en que los que estaban las playas no entren en las barriadas porque, al final, desmantelarán las calles y les echarán a todos. Este es su mayor miedo.
Ahora las calles de las barriadas, de las inmediaciones en las naves del Tarajal están llenas de inmigrantes de la playa del Trampolín durmiendo con mantas y cartones en el suelo. Lo que estaba concentrado en la playa ahora ha pasado a estar disperso por las barriadas de Ceuta y sin control.
Al final, el desalojo del Trampolín en dos fases y sin control policial de la noche se ha traducido en una huida de los inmigrantes hacia las barriadas.
Los vecinos son los que sufren estas consecuencias y ahora vuelven a sentir "inseguridad" y miedo en sus calles con los nuevos inmigrantes que están durmiendo dentro en las inmediaciones de sus barrios como en Los Rosales o dentro como ha ocurrido en La Pantera.
Ahora solo les queda confiar en esa figura del guardián nocturno que han creado en Los Rosales, en la fuerza de los vecinos para impedir que entren nuevos y de los inmigrantes que viven ahí, porque en estas zonas las instituciones no llegan.
Cercados con vallas para impedir la entrada
Los vecinos del barrio de El Puerto de Ceuta han decidido cercarlo al completo para tratar de impedir que los inmigrantes entren en sus calles.
Lo que han hecho ha sido pedir permiso a la ciudad para poder instalar una vallado perimetral que cierre casi al completo el barrio.
El vallado de El Puerto en Ceuta.
Una medida disuasoria que consideran que puede dar la seguridad que necesita el barrio e impedir que entren a sus calles los inmigrantes que continúan vagando por ellas dos meses después de la invasión.
El barrio lo cerraron cuando abrieron el campamento del puerto. En ese momento los vecinos solicitaron a la ciudad que pusiesen vallas para "poder controlar el barrio", explica el presidente Francisco Galán conocido en Ceuta como "Paquirri".
El barrio no está cerrado a cal y canto, pero sí que todo el perímetro está rodeado por vallas, "excepto un punto de entrada y salida".
Antes había seis puntos para entrar y han conseguido reducirlo a uno, por lo que si alguien "quiere entrar o salir tiene que hacerlo por el mismo sitio", algo que ha dado tranquilidad a los vecinos.
Eso sí, que estén estas vallas no ha impedido del todo que entren inmigrantes. "Entran algunos, pero no dan grandes problemas", relata Galán. Lo que más notan son "latas o aceite, pero no es una acumulación de gente como antes de vallarlo que ocupaban todos los bancos".
Ahora están tranquilos porque los inmigrantes que han salido de las playas y se están refugiando en otros puntos de la ciudad, gracias entre otras cosas a esta medida, no lo han hecho en su barrio de El Puerto.
