Cuando Jonathan Andic aterrizó en Quito el 24 de marzo de 2025, las personas con las que iba a reunirse sabían que era hijo del fundador de Mango y que había viajado a Ecuador para sacar adelante un proyecto editorial. Poco más. Desconocían el conflicto familiar que ya rodeaba la muerte de Isak Andic, ocurrida tres meses antes en Montserrat, y tampoco podían imaginar que aquellos encuentros terminarían formando parte de una investigación judicial en España.
"No sabíamos nada de lo que había pasado con su padre", resume una de las personas que se reunió con él a EL ESPAÑOL. Jonathan pasó apenas 48 horas en Quito. Había llegado para mediar en la publicación de un libro de Julia Lüderwaldt, la terapeuta que llevaba años trabajando con su familia, y durante su estancia mantuvo una pequeña agenda de reuniones que después despertaría el interés de la jueza que investiga la muerte de Isak.
Este periódico ha podido reconstruir parte de esos encuentros y hablar con personas que participaron directa en ellos. Su versión coincide en un punto: para quienes lo recibieron en Ecuador, Jonathan era un empresario español que intentaba impulsar un libro. Nada de lo ocurrido en Montserrat formaba parte de aquellas conversaciones.
Jonathan Andic, el hijo del fundador de Mango, camina por el centro de Barcelona.
El viaje adquirió otra dimensión meses después, cuando los Mossos d'Esquadra siguieron el rastro del iPhone 14 que Jonathan utilizaba el día en que murió su padre y comprobaron que había desaparecido precisamente durante aquellas horas en Quito.
Llegada a Quito
Jonathan aterrizó el 24 de marzo en el aeropuerto Mariscal Sucre, fuera del núcleo urbano. Desde allí, la carretera desciende y vuelve a ganar altura hasta entrar en una capital encajada en los Andes, extendida de norte a sur a casi 2.850 metros sobre el nivel del mar. Había organizado de antemano sus movimientos y un chófer local debía recogerlo y acompañarlo durante su breve estancia.
El conductor recibió una llamada suya. Jonathan utilizó para contactar con él el iPhone 14 que llevaba desde España. Ese detalle, insignificante entonces para quienes se encontraban en Quito, terminaría siendo importante para los investigadores. Durante meses existieron dudas sobre si el terminal había viajado realmente hasta Ecuador. El testimonio del chófer permitió acreditar después que sí lo hizo.
El motivo de aquellas 48 horas se encontraba en otro sitio. Jonathan había viajado por Julia Lüderwaldt. La terapeuta preparaba un libro relacionado con su método de trabajo y el hijo de Isak Andic se había implicado en buscar una salida editorial para el proyecto. Según fuentes conocedoras de aquellas conversaciones, Jonathan actuaba como intermediario y había decidido desplazarse personalmente a Ecuador para mantener varios encuentros.
"Isak Andic fue el impulsor de este proyecto editorial con Julia. Tras el trágico accidente, la terapeuta lo retomó con él. Era un proyecto en fase muy inicial", explican fuentes del en torno de Jonathan. EL ESPAÑOL se puso en contacto con la representación legal de Lüderwaldt para contrastar su versión. Al cierre de esta edición, y después de varios días, no se ha recibido respuesta.
La terapeuta de la familia Andic, Julia Lüderwaldt, a su llegada al juzgado número 4 de Martorell.
Agenda reservada
Uno de esos encuentros fue con un antiguo concejal de Quito, un hombre de edad avanzada, abogado de formación, con experiencia institucional y relaciones dentro del mundo cultural de la capital. EL ESPAÑOL conoce su identidad pero ha decidido preservarla porque su participación se limitó al proyecto editorial y no existe ningún elemento que lo relacione con la muerte de Isak Andic ni con la desaparición posterior del teléfono.
Su cometido era ayudar. Jonathan buscaba a alguien que conociera el terreno, pudiera orientar la publicación del libro y facilitara contactos. El antiguo edil encajaba en ese perfil y se reunió con él durante aquellas horas. Según las fuentes consultadas, el ecuatoriano desconocía por completo la dimensión que adquiriría después aquel viaje.
Sabía quién era Jonathan Andic y conocía el apellido Mango. No sabía que la relación entre padre e hijo estaba siendo examinada en España ni que la muerte de Isak acabaría alejándose judicialmente de la explicación inicial de un accidente. Para él, aquello era un proyecto más.
Había leído posteriormente en la prensa española que el hijo del fundador de Mango se reunió en Ecuador con un exconcejal relacionado con la cultura, pero aseguró que sus libros y su actividad como escritor "no tienen nada que ver con los supuestos intereses de Andic".
Acabó molesto con la situación, por la posibilidad de que su nombre quedase en la diana de uno de los conflictos judiciales más mediáticos de España y afirma "no querer saber nada" de un proyecto que quedó, según describen diferentes fuentes, en pausa. Versaba, el libro, sobre las "siete cronologías", un método terapéutico seguido por Lüderwald.
En él, la terapeuta divide la vida de una persona en siete distintas etapas para analizar conflictos y experiencias. Según Lüderwald —cuyo nombre de soltera, y como se le conoce en Ecuador, es María Julia Arce Luna—, la intervención habría dado resultados positivos, pero psicólogos consultados aseguran desconocer esta metodología y señalan que no existe evidencia científica que respalde su eficacia.
El teléfono
La agenda avanzó deprisa porque Jonathan apenas tenía un día completo en la ciudad. Entre reuniones y desplazamientos se movía con el mismo conductor que lo había recogido al llegar. Al día siguiente, algo había cambiado. Jonathan le dijo al chófer que le habían robado el teléfono.
El conductor no vio la sustracción. Podía acreditar que Jonathan había llegado con el iPhone porque se había comunicado con él a través del aparato y podía confirmar que, horas después, su cliente decía haberse quedado sin él. Entre ambos momentos está únicamente la versión del hijo de Isak Andic.
Jonathan ha sostenido que el hurto se produjo en una plaza de Quito. No presentó denuncia ante la Policía ecuatoriana. Posteriormente explicó que se encontraba en una estancia muy breve y que no se le ocurrió hacerlo. El episodio tampoco formó parte, según las fuentes consultadas, de las conversaciones mantenidas con sus interlocutores editoriales.
Un grupo de personas camina por la Plaza de San Francisco, en el casco histórico de Quito.
Las personas que se habían reunido con Jonathan siguieron viendo aquel desplazamiento como lo que había sido para ellas desde el comienzo: una visita de dos días para tratar la publicación de un libro. El chófer lo acompañó después a buscar otro teléfono. Intentaron hacerse con un nuevo terminal, aunque no lograron resolver completamente el problema.
Jonathan recurrió entonces al ordenador y utilizó WhatsApp Web para contactar con Barcelona. Comunicó la desaparición del aparato y pidió que le preparasen un iPhone 16 Pro que ya había solicitado con anterioridad.
Rastro perdido
El teléfono desaparecido era el mismo que Jonathan utilizaba el 14 de diciembre de 2024, cuando caminó con su padre por Les Feixades, en Montserrat. Eso cambió el valor del episodio. Cuando la investigación sobre la muerte de Isak comenzó a profundizar en los movimientos de su hijo, los Mossos intentaron reconstruir qué había ocurrido con aquel dispositivo y qué uso había tenido durante el viaje.
Las primeras comprobaciones tecnológicas dejaron interrogantes y llevaron incluso a plantearse si el iPhone había llegado realmente a Ecuador. El conductor terminó despejando esa parte: sí había llegado. Jonathan lo utilizó en Quito y lo tenía cuando comenzó su estancia. Después comunicó que se lo habían robado. El chófer no vio el momento en que desapareció y el terminal nunca ha sido recuperado.
La jueza consideró relevantes las circunstancias y ordenó profundizar en los desplazamientos, gastos y comunicaciones realizados durante aquellas 48 horas. La investigación ha analizado la posibilidad de que Jonathan se desprendiera del dispositivo durante su viaje. Su defensa rechaza esa hipótesis y sostiene que sufrió un robo durante un desplazamiento perfectamente justificable por las reuniones que tenía previstas.
Jonathan Andic, el hijo del fundador de Mango, a su llegada al Juzgado de Instrucción 5 de Martorell.
Dos días
Jonathan abandonó Quito el 26 de marzo. En apenas 48 horas había cruzado la ciudad acompañado por un conductor, mantenido, sin éxito, reuniones para buscar una salida al libro de su terapeuta y perdido el teléfono que llevaba cuando murió su padre.
Las personas que lo recibieron en Ecuador tardarían mucho más en comprender por qué aquellos encuentros interesaban a una jueza española. Ninguna de ellas, según las fuentes consultadas por este periódico, participó en conversaciones relacionadas con la muerte de Isak ni conocía el alcance del conflicto familiar que después emergería en la investigación.
Jonathan había llegado hasta ellos con una propuesta editorial. Meses más tarde descubrirían que también habían formado parte, sin saberlo, de las últimas 48 horas conocidas de un teléfono que los Mossos buscaban.
