Cristina Pardo estrenó el pasado mes de septiembre una nueva etapa profesional.
Después de varios años presentando junto a Iñaki López el programa vespertino Más vale tarde, la periodista se ha puesto esta temporada al frente de La Mesa, el nuevo formato de actualidad y conversación de las noches de los miércoles en Antena 3, dando el salto desde La Sexta tras 20 años en el canal de Atresmedia.
Eso sí, Pardo ha mantenido su presencia semanal en El Hormiguero y le ha contado a EL ESPAÑOL que ha afrontado este cambio sin demasiados sentimentalismos.
Y es que la navarra tiene ilusión por el nuevo proyecto, pero también una mirada muy crítica sobre la actualidad política.
Es ahí donde aparece la Cristina Pardo más reconocible, la misma que durante años se movió entre pasillos del Congreso, campañas electorales y debates parlamentarios.
Cristina Pardo, en el plató de La Mesa, el nuevo programa de actualidad y conversación que presenta en Antena 3.
Uno de los primeros temas que abordó en su programa es algo que está en boca de todos los españoles desde el verano: la situación de Ceuta y las relaciones entre España y Marruecos.
La periodista no entra en detalle de los episodios concretos que han ido sucediéndose en los últimos meses sino en la imagen que, a su juicio, está ofreciendo el Gobierno español.
“Pues mira, más que detenerme en los detalles de todo lo que está ocurriendo relacionado con Ceuta, a mí quizás lo que me parece más importante y más desconcertante es la imagen de caos y vacío de poder que está trasladando el Gobierno", sostiene.
"Creo que es muy inquietante el esfuerzo que hace el Gobierno por no molestar a Marruecos porque yo creo recordar que Pedro Sánchez fue el primer presidente del Gobierno que no hizo a Marruecos el primer viaje oficial de su mandato una vez que fue elegido. Entonces, que al principio no tuviera temor, por decirlo de alguna manera, en molestar a Marruecos, y que ahora esté con tantos remilgos, me hace pensar que algo ha ocurrido en medio”, asegura la periodista.
Otro tema que recuerda es que tampoco se ha terminado de aclarar el espionaje al móvil del presidente y de varios ministros, "esto es lo que me parece más inquietante. El oscurantismo con el que está actuando el gobierno, la sensación de caos, de llevarse la contraria unos a otros y de no saber muy bien exactamente qué es lo que está pasando y qué está haciendo nuestro Gobierno para defender a los ceutíes", comenta.
A continuación, nos hace una petición: "Si me permites, algo que también me ha parecido muy sorprendente es la falta de empatía del presidente del Gobierno con ellos".
Pero hay otro aspecto que le sorprendió especialmente durante toda esta situación, la distancia emocional que, a su juicio, mostró Pedro Sánchez respecto a las preocupaciones de los ciudadanos de Ceuta.
Pardo considera que incluso los políticos más fríos suelen hacer esfuerzos por empatizar públicamente con quienes atraviesan una situación complicada.
"Normalmente los políticos, si no sienten algo, fingen que lo sienten para quedar bien, para que la ciudadanía no se enfade o para no perder votos".
En cambio, cree que en este caso ocurrió justo lo contrario: "Pero a mí me ha llamado mucho la atención que Pedro Sánchez se haya mostrado tan distante con respecto a las preocupaciones de los ceutíes con aquella frase de 'yo tengo derecho a vacaciones'. Bueno, no sé, eso sería debatible, pero los ceutíes también y han estado todo el verano desesperados. Entonces, bueno, pues me llama la atención el caos", añade.
La navarra es consciente de que una situación así termina reforzando el discurso de la oposición, aunque cree que el fenómeno va más allá del desgaste habitual que sufre cualquier Gobierno.
"Ahora mismo casi todo es oposición", afirma. Lo dice segura de que determinadas posiciones del Ejecutivo generan incomprensión incluso fuera de los partidos que tradicionalmente han ejercido una oposición más frontal.
"En el Congreso no hay nadie que estuviera de acuerdo con el presidente. Esta posición del Gobierno resulta difícil de entender, y no solo para el PP y Vox”, reflexiona.
Eso sí, después de muchos años viendo cómo la política española dinamitaba cualquier previsión razonable, ha decidido desconfiar de las predicciones, por eso, cuando se le pregunta por un posible adelanto electoral, asegura que "no tengo ni idea. Hace tiempo que soy reacia a hacer futurismos en política porque creo que todo cambia muy deprisa".
Y destaca que existe un factor añadido: "Pedro Sánchez es un tipo bastante inescrutable, luego, no me atrevo a hacer predicciones".
Cristina Pardo, durante una de sus intervenciones semanales en El Hormiguero.
El miedo a la IA
La periodista le confesó hace un tiempo a EL ESPAÑOL que era "una tecnófoba. Sé lo justo para sobrevivir. La IA me da miedo, se puede usar para el mal".
Este año, Pardo se reafirma en su opinión, señalando que "la inteligencia artificial ha avanzado y yo no. Sigo donde estaba"
Y admite que es impaciente, ya que le cuesta sentarse a leer un libro de instrucciones.
"Soy negada. Aprendo lo justo para sobrevivir. No soy de las que le cuentan su vida a la IA. Todavía no. No digo que no lo vaya a hacer en el futuro, pero me cuesta muchísimo seguir los avances de la tecnología, ir al mismo ritmo".
Cristina Pardo, durante sus primeros años en la radio.
Momento de desconexión
Más allá de la política o la tecnología, Pardo continúa su disciplina férrea en el deporte. Practica ejercicio cuatro o cinco veces por semana y considera que forma parte de su equilibrio personal, siendo el boxeo la disciplina que sigue ocupando un lugar destacado en su rutina.
"Sigo practicándolo, estoy bastante enchufada", asegura.
Durante años también recorrió kilómetros a golpe de zapatilla corriendo aunque un neuroma en el pie la obligó a reducir esa actividad.
Ahora combina el boxeo con entrenamiento de fuerza y cualquier deporte que le permita mantenerse activa: "En verano probé el pádel surf. Yo, lo que me echen".
Reconoce, además, que el cambio de horarios de un programa a otro le ha obligado a reorganizarse, aunque continúa reservando espacio para entrenar: "Necesito hacer deporte para estar bien".
Cristina Pardo, de pequeña.
'La Mesa'
Superados el bloque político y el personal, la conversación gira hacia la televisión.
Porque Cristina Pardo ha afrontado este año uno de los cambios profesionales más importantes de los últimos tiempos. Su desembarco en Antena 3 con La Mesa supuso el inicio de una etapa diferente a la que vivió en La Sexta, no solo por la cadena, también por el formato, el ritmo y la manera de abordar los temas.
Eso sí, como ocurre con cualquier estreno, los nervios estuvieron presentes durante los primeros días que se emitió el programa: "Al principio estaba un poco más nerviosa, pero poco a poco se me fue pasando", reconoce.
Aun así, la valoración que hace del arranque es positiva, ya que es consciente de que todo programa necesita encontrar su tono y ajustase.
"Creo que tenemos margen de mejora porque cuando estrenas un programa puede haber complejidades técnicas o incluso para mí a la hora de dirigir las conversaciones".
Cristina Pardo posa junto al cartel de La Mesa, el nuevo programa que presenta esta temporada en Antena 3.
Sin embargo, considera que la acogida está siendo mejor de lo esperado: "Estoy muy contenta. El programa es muy agradecido y estamos encontrando muy buena respuesta de gente que quiere venir".
Cuando le preguntamos cómo definiría ella a su propio programa, la periodista explica que "La Mesa es un espacio de conversación que gira en torno a diferentes temas y registros".
La actualidad política ocupa una parte importante del contenido, pero no monopoliza el programa, puesto que su intención es ampliar el foco y dar cabida a conversaciones sobre asuntos sociales, culturales o personales que también forman parte de la realidad cotidiana.
Precisamente uno de los elementos que más le atraen del formato es que "nos permite sacar a personas muy reconocidas de su rol habitual para hablar de otros temas. Me parece maravilloso que las personas puedan conversar sin gritar sobre asuntos que nos afectan a todos, sean políticos o no".
Lo que tiene muy claro la presentadora es que en su programa no hay ‘líneas rojas’ sobre los temas que abordan.
"La idea es tratar los temas que consideremos oportunos e interesantes. Las líneas rojas en la vida no me gustan mucho, salvo para los valores: ser sensata, coherente, sincera, buena persona. Pero no para los temas ni para las personas", afirma.
"Soy partidaria de hablar con todo el mundo. Si es una persona indeseable, la conversación será dura, pero no soy partidaria de líneas rojas”, añade.
El paso de un formato diario como Más vale tarde a otro semanal también ha provocado cambios importantes en la forma de trabajar, sobre todo, en el tiempo.
"Un programa semanal te da mucho más margen para ser cuidadoso con los invitados y con los perfiles que traes. En un diario no puedes permitírtelo: vas deprisa, las noticias no ocurren cuando tú quieres. Aquí puedes mimar más los asuntos y a las personas".
No obstante, hay algo que no cambia, el nivel de exigencia.
"Cuando haces un programa quieres que salga bien sea a las cinco de la tarde, a las once de la mañana, el sábado o el miércoles".
Además, "siempre me manejo defendiendo mis puntos de vista con los jefes y discutiendo mucho. A veces me dan la razón y otras no", concluye.
