"No sé si serán mis últimas palabras, pero si así fuera y alguien encontrara esto, me gustaría decirle a mis hijos que les quiero y que perdonen todas las ofensas que pude haber cometido en mis malos momentos cuando estuve mal", aseguraba el gallego Roxe Boullosa en su cuenta de Instagram a finales de agosto.
El vídeo donde pedía perdón a todos los suyos le mostraba con el equipamiento de combate clásico de la Legión Internacional de Ucrania, semioculto bajo un nogal, en algún lugar del frente del Donetsk.
Boullosa calculaba que una veintena de hombres había perseguido durante horas a su unidad "como a ratones". A su lado, su compañero Gato permanecía junto a él, herido en una mano y una pierna.
El soldado español daba por hecho que estaba a punto de morir y, sin perder la calma, comenzó a grabar una despedida póstuma.
"Mimí, no pudo ser", continuó el de Ourense. "Cristina, si esto llegara alguna vez a tus oídos, que sepas que eres la mujer más fascinante que he conocido nunca. Con lo del japonés me volaste la cabeza".
Mientras grababa su testimonio, se escuchaba el zumbido de los drones que trataban de cazarlo, esos FPV de ataque que los rusos despliegan por millares: vuelan a ras de suelo, se cuelan entre árboles, trincheras y ruinas y, guiados por un operador, se precipitan con su carga explosiva contra un hombre, un vehículo o una posición.
Roxe, el 'Don Quixote' gallego del Donbás: huyó tras golpear a un guardia civil y hoy lucha en la legión internacional de Ucrania
La despedida
"Papá, mamá... siento no haber sido el mejor hijo del mundo, pero bueno... a veces las cosas se salen de madre y se tuercen... pero os quiero incondicionalmente", prosiguió el español sin histrionismo, con el mismo tono contenido que había usado días antes para decir que al desayuno le faltaban unas "chourizas de cebola".
Al terminar de hablar, se escucha un cercano cañonazo de artillería que rompe el silencio de aquella estepa agrícola, un océano de gramíneas y de rastrojos infestado de minas.
Suena seco y profundo, como un obús de 152 milímetros o quizá un mortero pesado de 120: cualquiera de los dos capaz de hacer astillas el pequeño nogal bajo el que se habían encogido los dos hombres.
Al cabo de un par de días, Boullosa fue extraído junto a "Gato" del blindazh o refugio. De los cinco hombres que participaron en la misión, sólo ellos dos consiguieron volver con vida.
El Quijote del Donbás
"El salir de allí fue una verdadera hazaña", sobreimprimió al modo de una marca de agua en los fotogramas de su clip cuando lo subió a Instagram desde su base de la retaguardia.
Por vídeos como ese, muchos ya le llaman en las redes el "Don Quijote del Donbás". Nada más llegar a Ucrania el pasado mes de julio empezó a documentar su día a día sobre el campo de batalla con un estilo llano que, unido a su simpatía galaica, le ha permitido irse haciendo acreedor de una legión de seguidores.
Ya supera los 55.000. La materia prima del canal son hospitales, casas seguras, desplazamientos interminables por la llanura, trincheras, relevos, heridas y regresos a la unidad.
Entre los cientos de comentarios que viene acumulando desde que comenzó a insertar contenido a su diario de bitácora de combatiente, alguien deslizó hace algunos días unas palabras personales: "Te fue más fácil enfrentarte a una guerra que a unos problemas familiares. Qué dura puede ser la cabeza".
En el mismo hilo, otra persona trataba de reconfortarle: "Fai o que teñas que facer. E cando o cortisol baixe no avión de volta, aprende a quererte e perdoarte. Deus sempre dá segundas y terceiras oportunidades".
Desde que sus paisanos ourensanos comenzaron a enterarse de su aventura, son muchos quienes le alientan, aunque los hay también que se preguntan cómo es posible que un señor con hijos nacido en 1970 lo deje todo para ir a combatir contra los rusos.
"Menudo personaje te has construido", le reprocha uno. "La de películas de guerra que habrás visto", le recrimina otro. Pero el gallego aclara: "Las mismas que tú o alguna menos, supongo".
Y por si quedaba alguna duda, el pasado 30 de agosto mandó un mensaje "a todos los que tiran de 'hate' y a los listillos de sofá que comentan burradas del tipo: 'Anda, un gallego jugando al airsoft'. Que sepáis que me la podéis venir a chupar aquí todos, si tenéis huevos claro. ¿Llamarme a mí Rambo del Temu? Como si eso fuera a significar algo, payasos. Eso solo puede salir de la mente de un puto cenutrio".
Mientras EL ESPAÑOL realizaba este reportaje, Roxe se hallaba desplegado en algún lugar del frente y, por lo tanto, sin acceso al móvil.
Roxe, el 'Don Quixote' gallego del Donbás: huyó tras golpear a un guardia civil y hoy lucha en la legión internacional de Ucrania
La "Gallega" de Ucrania
De todos modos, la documentación gráfica que ha ido dejando permite vincularlo sin problemas con la 80.ª Brigada Separada de Asalto Aéreo Galytska, integrada en las Fuerzas de Asalto Aéreo ucranianas.
La coincidencia tiene algo de broma privada de la Historia: un gallego de Ourense ha acabado combatiendo en la "Gallega" de Ucrania, bautizada así por Galychyna, la Galicia histórica de Europa oriental.
Roxe no ha dicho nunca dónde se halla, pero sí ha dejado pistas. Durante uno de sus descansos, hace solo unos días, publicó unas imágenes desde Dnipro.
Su presencia en esa gran ciudad de retaguardia, sumada al despliegue conocido de su brigada, permite situar su actividad en ese enorme corredor de llanuras agrícolas del sector de Oleksandrivka, en la franja donde confluyen Donetsk, Dnipropetrovsk y Zaporiyia
El tipo de situaciones que describe es perfectamente compatible con un combatiente que alterna una base de retaguardia con posiciones de segunda o tercera línea y rotaciones mucho más adelante, hasta la línea cero o incluso la zona gris.
Sus propios vídeos hablan de relevos, puntos de extracción, casas seguras, noches enteras escondido, trincheras y marchas de kilómetros para abandonar una posición.
En la guerra de drones que se libra ahora allí, además, "segunda línea" ha dejado de significar seguridad: las rutas, las franjas arboladas y los accesos son batidos con FPV y fuego remoto a muchos kilómetros de la línea de contacto.
La emboscada y la huida que relata Boullosa encajan precisamente en ese paisaje bélico: pequeños grupos desplazándose entre líneas de árboles, posiciones aisladas, extracciones aplazadas y drones capaces de perseguir a un hombre durante horas.
Su trabajo puede alternar días relativamente tranquilos en retaguardia con incursiones en las que unos pocos kilómetros bastan para pasar de desayunar sentado a ser cazado bajo un nogal.
¿Pero quién es realmente Roxe y qué le empujó a viajar a Ucrania? Roxelio, Rogelio en castellano, Boullosa Rodríguez nació en 1970 y tiene 55 o 56 años. Es de O Carballiño, Ourense, y carecía de experiencia militar antes de partir a Ucrania.
"La verdad sería un poco largo y complicado explicar las motivaciones por las cuales uno deja atrás la familia — yo tengo hijos— y decide venir aquí", escribió a final de agosto. "Mis motivos, mis convicciones y la determinación de estar aquí me impiden regresar".
De acuerdo con los registros del Gobierno español, Boullosa llegó a Ucrania en torno al 10 de julio. A los pocos días de llegar, fue alcanzado por una mina que reventó a uno de sus camaradas de armas, pero se recuperó en apenas unos días de las heridas en las costillas.
Roxe huyó tras golpear a un guardia civil y hoy lucha en la legión internacional de Ucrania
Ocho meses antes de pisar Ucrania, el 14 de noviembre de 2025, había sido juzgado en ausencia en el Juzgado de lo Penal número 1 de Ourense por un episodio ocurrido más de tres años antes, durante la madrugada del 5 de agosto de 2022, en el bar Cuatro Caminos de A Rúa.
La Fiscalía sostenía que el gallego estaba "alterando el orden" cuando el personal del establecimiento avisó a la Guardia Civil y que, al intentar reducirlo los agentes, "se resistió violentamente" y propinó un puñetazo a uno de ellos, que no sufrió lesiones.
El Ministerio Público solicitó para Rogelio un año de prisión y 400 euros de multa por un delito de atentado contra agente de la autoridad.
La defensa pidió la absolución alegando que su enfrentamiento era con el gerente del bar y no con los guardias y, subsidiariamente, que los hechos fueran considerados resistencia y se apreciara una atenuante por embriaguez y consumo de sustancias. Boullosa no acudió a la citación y la vista se celebró sin él.
Roxe huyó tras golpear a un guardia civil y hoy lucha en la legión internacional de Ucrania
Actualmente, Rogelio figura en situación de busca y detención en España vinculada a ese procedimiento.
No es la primera vez que se mete en problemas. Cuando tenía 32 años, en noviembre de 2003, la Audiencia Provincial de Ourense le condenó a tres años y siete meses por robo con violencia e intimidación y otros cuatro por detención ilegal, además de tres fines de semana de arresto por lesiones.
La sentencia daba por probado que, en enero de aquel año, amenazó con un objeto cortante a un taxista, le causó dos cortes, le robó 484 euros y terminó encerrándolo en el maletero del vehículo. En aquel momento carecía de antecedentes penales.
La defensa adujo entonces que era drogodependiente y que seguía tratamiento con metadona. El tribunal rechazó, sin embargo, que hubiera quedado acreditado que actuase intoxicado, bajo síndrome de abstinencia o condicionado por una "grave adicción a estupefacientes".
Veinte meses después de que se dictara sentencia por los hechos, en julio de 2005, cumplía condena en la prisión de Pereiro de Aguiar.
Tras su paso por prisión, Boullosa reconstruyó su vida lejos de Galicia y pasó años trabajando como obrero especializado y soldador en distintas ciudades de Europa Central.
Roxe, el 'Don Quixote' gallego del Donbás: huyó tras golpear a un guardia civil y hoy lucha en la legión internacional de Ucrania
Fue precisamente cuando trabajaba en los astilleros franceses de Saint-Nazaire, en torno a 2021, cuando tomó por costumbre reflejar su vida diaria en microvídeos que publicaba en Facebook.
En Ucrania usa el mismo registro que utilizaba hace cinco años para hablar de una grúa o un barco en Saint-Nazaire: sin grandilocuencia, cámara en mano y como si estuviera explicándole a su primo Gila cómo es la guerra.
Lo que ha dejado bien claro es que no se ha ido "por la pasta". En tal sentido, su idealismo es sin duda quijotesco.
Ahora hay dos caballeros de la triste figura en el este de Ucrania, uno en cada uno de los bandos. El que combate con los ucranianos es de O Carballiño. El de sus enemigos se estrenará el 10 de octubre en el teatro de la Donbass Opera de Donetsk.
Al Don Quixote representado por los rusos sobre un escenario del circuito cultural del Putin le acompañan toreros, gitanos, floristas, abanicos, hilanderas, tabernas, mantones, castañuelas, molinos y todo ese repertorio kitsch de españolidad de escaparate costumbrista que la propia Donbass Opera vende como "alegres números españoles y gitanos, llenos de colorida emocionalidad".
La representación de Don Quixote, en la ópera del Donbás que gestionan los rusos.
El hidalgo de O Carballiño anda por la estepa jugándose literalmente la vida, huyendo de los drones y evacuando compañeros. Cervantes probablemente habría preferido a Roxe que al esperpento creado por los rusos.
En su última entrega de Instagram, se marca incluso un bailecito improvisado con AC/DC de fondo.
El detalle tiene algo de resumen involuntario de todo el personaje: un señor maduro de Ourense sin experiencia militar y un pasado tumultuoso bailando en el Donbás una versión gallega de "Autopista al infierno".
