Pablo López (Málaga, 1984) habla como escribe canciones: desde el alma. Lanza palabras al aire que resuenan como estrofas poéticas. Tiene esa cadencia propia del sur.
A veces, cuando bromea, agita el cuerpo con contundencia, como en un ejercicio de percusión. Otras, suaviza el gesto y la voz, como un acorde de piano.
Pablo es un tipo honesto. Durante el encuentro con EL ESPAÑOL no esquiva la oscuridad que atravesó cuando tuvo que aprender a decir que no.
Durante años quiso hacer felices a todos, estar a la altura de las expectativas ajenas, hasta que aquella necesidad de complacer terminó pasándole factura. Aprender a poner límites, reconoce, también fue una forma de salvarse.
Pablo López durante la entrevista con El Español.
"Para poder querer a los demás tenía que quererme a mí mismo", expresa.
"Llevaba demasiado tiempo viviendo en modo automático, intentando dar siempre lo mejor hasta el punto de olvidarme de disfrutar de la vida. No sabía ni quién era yo, y eso acaba matándote".
Ahora se reconforta en la mirada de ese niño que, dice, todavía vive dentro de la carcasa del adulto. Una idea que atraviesa 'El cuatro', su nuevo disco: una revisión de las canciones que lo han acompañado para entender quién fue y quién es ahora.
En una de ellas, 'Hibakusha', Pablo López se mira en los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki para hablar de sus propias heridas y de la capacidad de reconstruirse. Una palabra japonesa que significa "hijos de la bomba". "Descubrí en esa palabra el significado que tiene sobrevivir a algo en la vida".
Pablo aprendió a medir el éxito en las calles de Londres, cuando un desconocido aminoraba el paso para detenerse a escucharle.
Quizá por eso, ahora que los escenarios son más imponentes, sigue encontrando el sentido del éxito en un instante mucho más sencillo: cuando termina un concierto y todavía siente que tiene "un pie en esa vida y el otro pie en la vida real".
Ni siquiera su paso por Operación Triunfo, pese a haber quedado segundo, consiguió desanclarlo del suelo. "Después de OT pasé hambre. Y cuando uno pasa hambre, siempre está en alerta. Eso me enseñó a no dar nada por sentado. OT me mostró un parque de atracciones hermoso para el que yo no tenía entrada", recuerda.
Sobre su piel lleva tatuada una frase de Silvio Rodríguez, su referente. Dice no hacer canción protesta, pero le canta al amor, lo que, para él, es la mayor protesta que existe en tiempos convulsos.
Por ello, le duele la desesperación de la gente en Ceuta. "Lo que más me indigna es la hipocresía política. Yo estoy donde está el grito de la gente".
Entiende la rabia del pueblo y su grito hacia este gobierno. Aunque detesta la violencia verbal que se ejerce: “Me parece fatal que se cante 'Pedro Sánchez, hijo de puta'. Tenemos muchas armas para ejercer nuestra libertad de expresión. Solo pido que se rebaje el tono”, dice.
Se declara votante del entendimiento. "Echo de menos la unión, el diálogo. Creo que estamos cogiendo un camino peligroso".
Pablo López antes de la entrevista con El Español.
PREGUNTA.- Podríamos decir que “El cuatro” es el viaje de un niño que se hace mayor. Este es un disco que nace de revisitar tus anteriores. ¿Qué te han enseñado estas canciones?
RESPUESTA.- Este disco parte de un ejercicio personal de redimir y de curar algunas heridas que tenía. Con la serenidad de haber madurado, pero con el permiso de ser cada día más niño.
P.- ¿Cómo de importante es tener al niño que fuimos siempre presente?
R.- Mucho, sin duda. Para mí es importante, dentro de la carcasa del adulto, poder disfrutar del niño que siempre nos acompaña.
P.- ¿De qué te has tenido que desprender para madurar?
R.- Debo decir que yo disfruto de crecer, pero con el tiempo he tenido que aprender a decir que no, que es algo que un niño nunca contempla. Aprender a decir que no fue muy duro, pero necesario.
P.- ¿En qué sentido?
R.- Bueno, yo antes tenía el convencimiento de que tenía que hacer feliz a todo el mundo, quería complacer a todo el mundo.
Y eso me acabó agotando como persona. Pero entendí que para poder querer a los demás tenía que quererme a mí mismo.
Tuve una época en la que estuve confundido y no sabía ni quién era yo. Aceptaba todas las propuestas, atendía todas las llamadas, y eso acaba matándote.
P.- Hay una canción de este disco, "Hibakusha", que se inspira en los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki. ¿Tiene algo que ver esa canción con esto que cuentas?
R.- (Se sorprende) Joder, ¡acertaste!
Pablo López durante la entrevista con El Español.
P.- Pues cuéntame, ¿qué viste de ti mismo en aquellas personas?
R.- Bueno, hay que explicar que "hibakusha" es una palabra japonesa que significa "hijos de la bomba".
Y yo, con todos los respetos hacia esos supervivientes de aquella gran tragedia, descubrí en esa palabra el significado que tiene sobrevivir a algo en la vida.
Y, salvando las distancias, cuando conseguí redimirme de todas esas heridas que tenía por querer complacer a todo el mundo, donde no disfrutaba de las cosas que hacía, me di cuenta de que cuando lo intentaba contar, no me entendían.
P.- Al igual que estos supervivientes, de estos "hijos de la bomba", que no podían contar lo que habían vivido por vergüenza a haber sobrevivido.
R.- Exactamente. Muchos se quitaron la vida. Encima los ves y parece que no pasan los años por ellos. Parece algo místico. He estado varias veces en Hiroshima y Nagasaki, y me puedo tirar horas mirando el lugar donde cayó la bomba.
Y la historia de estos supervivientes me resultó muy inspiradora. Creo que los seres humanos tenemos un nivel alucinante de fortaleza, una capacidad increíble de autosanarnos y de buscar las salidas.
Somos muy poderosos si realmente queremos reconstruirnos. Y eso lo tomé como ejemplo.
P.- ¿Pero hubo algún acontecimiento en tu vida, una pérdida o algo así, que sirviera como detonante para estar tan en el pozo?
R.- No, no. No pasó nada grave. Y tampoco quiero que parezca que estoy dejando algo en el aire. Simplemente es que estaba como en stand by.
Supongo que había mucha presión acumulada, mucho tiempo diciendo que sí a todo y querer siempre dar lo mejor, lo cual te genera ansiedad.
Eso se va acumulando a lo largo del tiempo y no te deja ser feliz del todo. Recuerdo que tenía concierto en el Palau Sant Jordi delante de 15.000 personas y salía a cantar con la misma ropa que llevaba puesta desde el hotel. Es decir, que no le daba importancia a las cosas. Iba en modo automático.
Pablo López antes de la entrevista con El Español.
P.- ¿Dejaste de sentir la pasión de subirte a cantar a un escenario?
R.- No, eso no. Eso nunca lo he perdido. Eso es tan poderoso que se ha mantenido intacto.
P.- ¿Qué te salvó de aquello?
R.- Estuve un tiempo en terapia, pero al final me di cuenta de que era yo el que tenía que tomar las riendas. También mi familia me entendió y me apoyó, y teniendo una familia que te apoye, se puede salir de todo.
P.- ¿Te da miedo que te embargue de nuevo esa tristeza?
R.- Creo que hay que saber amar la tristeza. En esta canción, "Hibakusha", hablo de que la tristeza puede ser buena e incluso la puedo llegar a echar de menos. Es como todo, creo que para conocer el blanco hay que conocer el negro.
Y, aunque sea peligroso y no recomendable, estar triste te enseña donde no quieres estar. Te enseña a agarrarte a todas las señales de todo lo que está bien.
Y miedo, sí, miedo tienes siempre. Es incontrolable. Es lo que pasa con las enfermedades que son invisibles. Pero con salud, buenos alimentos y buena familia, todo volverá a estar bien (ríe).
P.- Oye, Pablo, ¿qué te enseñó el empezar tocando en la calle?
R.- Si hubiera un libro que te enseñara a subirte a un escenario, habría una paginita donde pusiera todo lo que has estudiado, todo lo que has aprendido, y todo lo que has podido robar de los demás.
Y luego un tocho inmenso que te enseñaría lo que es "la verdad".
Yo toco muchos instrumentos, pero en esta etapa de mi vida, cuando estuve tocando en la calle, me di cuenta de algo: que sólo cuando estaba sintiendo una canción de verdad, aunque no fuera tan brillante la forma de cantar, es cuando la gente desaceleraba el paso y giraba la cabeza para escucharme.
Cantar y tocar es una comunicación bidireccional. Yo en casa no canto solo, tocar sí toco, pero no sé ensayar por eso. Necesito que alguien reciba el mensaje. Y en la calle sentías cuando una canción conectaba, aunque fuera en mi idioma y yo viviera en Londres.
Pablo López durante su entrevista con El Español.
P.- ¿Eso te ancla al suelo y te permite conocer la conciencia de clase?
R.- Sin duda, ayer lo hablaba con Mimi (Lola Índigo), que tiene 34 años, y le ha costado 12 o 13 años llegar a la cima.
Ella y yo nos parecemos mucho en eso, no damos nada por sentado. Valoramos lo que tenemos. Cuando uno pasa hambre, literalmente, por mucho que la vida te sonría o te permita olvidarte de por qué pasaste hambre, siempre estás alerta.
Para mí estar ahora mismo contigo hablando no me parece normal. Yo no me he levantado esta mañana y he dicho: venga, vamos. Yo me levanto con nervios de saber que vengo aquí a una entrevista.
Me sigue pareciendo extraordinario todo esto. Y eso creo que se lo puedo deber a haber tocado en la calle. Todavía tengo más años de experiencia tocando en la calle que tocando en grandes escenarios.
P.- ¿Llegaste a pasar hambre de verdad? ¿En Londres, entiendo?
R.- Sí, en Londres y también aquí, después de Operación Triunfo. Después de OT me fui a mi casa. Creo que fui el único concursante de OT que después de quedar segundo no le grabaron un disco.
Lo pasé mal económicamente, sí. Pero fue una enseñanza maravillosa. Me enseñó un parque de atracciones hermoso para el que yo no tenía entrada. Pero lo entendí, luego me lo curré, y ese aprendizaje lo agradeceré toda la vida.
P.- Veo que llevas tatuada una frase ("He de fundir la montura para galopar mi sueño") del gran Silvio Rodríguez. ¿Qué representa para ti?
R.- ¡Sí!, fue mi primer tatuaje (se señala su muñeca derecha). Para mí representa la poesía llana pero compleja a la vez, acompañada de una música llana y compleja a la vez.
Si mi corazón tuviera una diana, Silvio coloca el dardo en todo el centro. Es algo que te tiene que entrar desde chico. Soy muy fan.
P.- Él es un baluarte de la canción protesta. ¿Has sentido alguna vez la necesidad de hacer una canción protesta contra algo?
R.- Pues igual me matan por decir esto, pero creo que Silvio no hace canciones protesta.
Me di cuenta hace poco que todas las canciones protesta son de amor, y las suyas también. Más allá del tinte revolucionario que orbita alrededor de sus letras, él le canta al amor.
Y creo que la única canción mía que pueda llamarse protesta es "Tu enemigo", donde protestaba sobre lo que me estaba pasando a mí, y cuando la canto siempre digo que es una canción de amor.
Creo que la protesta se hace en silencio, y si la haces a través de la música que siempre esté envuelta de amor.
P.- El Che Guevara dijo aquello de que "el verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor". ¿Sobre qué hay que revolucionarse hoy en día? ¿Qué es lo que más te indigna de la política actual?
R.- Lo que más me indigna es la hipocresía. Conozco a algún que otro político, algunos son amigos, y puedo decir que muchos tienen una voluntad real de cambiar algo.
En cualquier caso, siempre está la tentación de ser hipócrita, lo cual es grave en una profesión en la que tienes que tener vocación de servicio. Yo echo de menos un poco más de unión.
Somos un país maravilloso, el mejor del planeta tierra, con nuestra diversidad, y lo ves cuando viajas por otros países. Por eso echo en falta más diálogo.
Por la mañana leo siempre los periódicos, y es increíble cómo cambian las editoriales de un medio a otro.
P.- Ya que estás puesto al día, ¿qué sientes cuando ves ese enfado y desesperación de la gente por lo que está ocurriendo en Ceuta?
R.- Siento "la rabia imperio, asesino de niños. La rabia, se me ha podrido el cariño", como canta Silvio.
Me inunda la rabia al ver a la gente que está desesperada en Ceuta, pero también me inunda al ver que se aprovechan de esta situación. Es como si cogieran la desesperación, la envolvieran en llamas, y la tiraran a su adversario político. No se puede jugar con la desesperación de la gente.
Pablo López durante su entrevista con El Español.
P.- ¿Compartes esa rabia que hay hacia este gobierno?
R.- En este momento político yo estoy donde está el grito. Cuando leo un artículo, o veo una tertulia por televisión, suelo poner el ojo donde está el grito de la gente, y no en lo que dicen unos y dicen otros.
En mi familia todos tenemos un acento político muy variado, y yo ahora mismo soy votante del consenso, del entendimiento. No quiero politizar mucho la entrevista.
Creo que estamos cogiendo un camino peligroso, e insisto, una cosa es que nos peleemos, pero vamos a romper algún jarrón bonito de esta casa, que es este país. Coño, cuando hay un apagón, o una pandemia, sacamos lo mejor.
Y ahora o eres de un extremo o eres del otro, y los que estamos ahí en medio…
Pues como diría Javier Krahe: "no todo va a ser follar" (risas).
P.- Hablando del grito de la gente, ¿qué opinas del "Pedro Sánchez, hijo de puta" que se entona en algún que otro concierto o acto multitudinario?
R.- Eso me parece fatal. Cualquier tipo de violencia verbal, la detesto completamente. Ni calvo ni con peluca.
Hay cosas malas en este gobierno, por supuesto, y en los que vendrán. Y con eso no le estoy quitando responsabilidad sobre lo que pasa.
Pero somos un país libre para decir lo que queramos y tenemos muchas armas para ejercer nuestra libertad de expresión. Solo pido que el tono se rebaje un poquito, empezando por la Cámara Baja.
Hace poco me hicieron el regalo de ir al Congreso de los Diputados y me encantó, fui con mi madre. Era como estar en Abbey Road la primera vez que fui. Me hizo mucha ilusión. Entonces me da pena que se degrade todo tanto.
P.- Para terminar, ¿dónde es más feliz Pablo López?
R.- Es un momento difícil de atrapar, pero es ese momento exacto en el que estoy terminando la última canción de un concierto y tengo un pie en esa vida y, el otro pie, en la vida real. Ese momento.
