Un colchón grafiteado, una puerta rota, mesas y sillas cubiertas de pintadas, una cocina improvisada con botellas de alcohol y un armario en el que alguien ha escrito "zona cruising, comprobado".
Es la imagen que recibe a cualquier estudiante que atraviesa la puerta del Aula Social, el espacio "okupado" situado en el sótano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense.
Es también el paisaje que la princesa Leonor podría haber conocido este curso. La heredera ha elegido finalmente la Universidad Carlos III, en Getafe, para estudiar Ciencias Políticas, en lugar de la Complutense, uno de los grandes centros públicos madrileños con una larga tradición en estos estudios.
La puerta del Aula Social, situada en el sótano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense, cubierta de pintadas.
Somosaguas tiene una historia política difícil de separar de sus aulas. Por ellas pasaron Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa e Íñigo Errejón, vinculados a la generación universitaria de la que surgiría Podemos.
Pero más allá de los nombres, el campus también ha sido escenario de episodios que muestran hasta dónde puede llegar la confrontación política.
En abril de 2023, por ejemplo, un muñeco con una corona apareció colgado de una soga en el vestíbulo de la facultad junto a una pancarta con unos versos de Valtònyc: "El Rey tiene una cita en la plaza del pueblo, una soga al cuello...".
Pancarta y muñeco colgado en la Facultad de Ciencias Políticas de la UCM.
La huella de aquella generación todavía permanece en Somosaguas y algunos de sus nombres continúan hoy en las aulas.
Juan Carlos Monedero vuelve este curso a la Facultad de Ciencias Políticas: EL ESPAÑOL ha comprobado en los horarios oficiales de 2026/2027 que figura como profesor de Innovación Democrática y Participación Multinivel, con clases entre el 25 de enero y el 7 de mayo de 2027.
Su regreso se produce después de que la Complutense le impusiera un año de suspensión de funciones por una falta "muy grave" de acoso sexista a varias alumnas. Monedero negó los hechos y recurrió la sanción ante los tribunales.
Mientras tanto, en el sótano, se encuentra un espacio "autogestionado y horizontal" donde se celebran asambleas, actividades políticas y culturales y también jornadas sobre 'okupación' y conciertos.
Una persona conocedora de su funcionamiento, que prefiere mantener el anonimato, asegura que "dentro se fuma, se bebe e incluso se mantienen relaciones sexuales".
Ignacio Martínez, vicedecano de Comunicación, lo define de otra manera: "El aula social es un espacio de la facultad como cualquier otro", además de "muy vivo", "muy interesante" y "muy característico".
Cuando se le pregunta por las botellas de alcohol que hay en el interior, responde: "No lo sé, la verdad es que no lo sé".
La cocina improvisada del Aula Social, con vajilla, utensilios, un microondas y varias botellas de bebidas sobre las estanterías.
Las pintadas
Pasear por los pasillos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), en el campus de Somosaguas, no se parece a recorrer ningún otro centro universitario.
Predomina una estética reconocible: referencias constantes al anarquismo, al comunismo y a la lucha social, proclamas en favor de Palestina y ataques frontales contra la Policía y contra los sectores identificados como "fachas" y "pijos".
Estas conviven con alusiones sexuales explícitas y referencias directas al consumo de drogas. Una pared propone con naturalidad "en el pasillo más porros y menos cigarrillos", mientras otra sentencia que "a problema sin remedio, gramo y medio".
Uno de los pasillos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense,.
Ignacio Martínez, vicedecano de Comunicación de la UCM, restringe el problema y rechaza catalogarlo como una anomalía destructiva. "No creo —o al menos no es nuestra percepción— que tengamos ahora mismo un problema ni de vandalismo ni de pintadas", afirma.
De hecho, relativiza el estado actual de las instalaciones recordando su etapa como alumno en el mismo campus, señalando que, cuando llegó, "la facultad estaba llena de pancartas y de pintadas" y que el escenario actual es "muy distinto".
Martínez explica que algunos murales son "expresiones artísticas, políticas o culturales" y que la universidad no puede "estar borrando cada una de las pintadas" debido a un presupuesto limitado y a la infrafinanciación.
Trabajadoras de la limpieza retiran las pintadas del mural realizado durante las protestas del 8-M en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense.
El criterio para actuar, señala, se aplica cuando hay discursos de odio o mensajes racistas, homófobos u ofensivos contra personas o colectivos.
El resto se toleran. En una de las paredes, casi a modo de homenaje, aparece "Alfon. Libertad". Alfonso Fernández Ortega, vinculado a los Bukaneros y al movimiento antifascista, fue condenado por el Tribunal Supremo a cuatro años de prisión por tenencia de explosivos tras llevar una mochila con un artefacto casero durante la huelga del 14-N de 2012.
Quien transita por estos mismos pasillos desde una posición radicalmente distinta es Eduardo Peláez. Con 22 años y al frente de la asociación estudiantil Libertad Sin Ira, nacida también en Somosaguas, asume esta hostilidad visual como una prueba más del sectarismo institucional que tolera el centro.
Para él, la situación está clara: "eso no es libertad de expresión, es vandalismo".
Eduardo Peláez, presidente de Libertad Sin Ira, en el denominado pasillo del gerente, que conduce a la cafetería de la facultad.
"Al final llega un punto en el que te acostumbras. Yo ahora paso al lado de una pintada que insulta a la asociación que presido y ni la miro", confiesa.
En los muros hay mensajes que sentencian "Fuck Libertad Sin Ira" o "Libertad Sin Ira al Gulag".
Peláez asegura que han interpuesto denuncias formales ante la inacción del decanato, aunque lo verdaderamente desalentador, a su juicio, es la normalización del hostigamiento bajo la dirección del centro.
"Quizá eso sea lo más triste. Que hayamos terminado viendo como normal algo que nunca debería ser normal en una facultad", lamenta.
Una de las paredes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense, cubierta de pintadas y consignas.
"Espacio okupado"
Hay que bajar al sótano para encontrar el Aula Social. Al cruzar su puerta encontramos un colchón, unos sofás, un armario, ropa acumulada en un montón, mesas y sillas intervenidas, restos de comida y una cocina improvisada en la que hay botellas de alcohol.
Sobre las paredes se suceden los símbolos anarquistas y consignas como "Ni mandar ni obedecer" o "Nuestras casas son trincheras. Okupa y resiste".
Justo al entrar, una pancarta resume la naturaleza del lugar como un "espacio okupado, autogestionado y horizontal".
No se trata de algo improvisado. El Aula Social tiene más de 20 años y, según explica el vicedecano de Comunicación, Ignacio Martínez, nació en 2003 tras una "reordenación de los espacios de la facultad" para que los estudiantes que quisieran participar en la vida del campus sin pertenecer a una asociación tuvieran un lugar propio.
El Aula Social, situada en el sótano de la UCM.
Desde entonces, cuenta, quienes lo utilizan "se autoorganizan y gestionan ese espacio" y allí se celebran actividades culturales, seminarios y actividades políticas.
"Es un espacio de la facultad como cualquier otro", resume Martínez. Asegura, además, que está abierto a todos los estudiantes y que funciona como un espacio de participación.
Peláez, pro su parte, sostiene que "en la práctica, son estudiantes vinculados a colectivos de izquierdas quienes controlan ese espacio" y que, aunque formalmente cualquiera pueda entrar, alguien que piense distinto podría ser "invitado a marcharse".
El propio Aula Social reivindica una actividad que va mucho más allá de servir como lugar de reunión. Entre sus principios habla de "subversión del orden académico, económico, político y social" y de una organización horizontal en la que la asamblea constituye el máximo órgano de decisión.
Y sus paredes lo corroboran. En ellas cuelga el cartel de las "Jornadas Okupación Somosaguas Revive" celebradas hace un tiempo, con una charla sobre desahucios, un taller de cerrajería, otro de "antidesokupa", una charla de trabajadoras sexuales y una jornada final con conciertos.
Uno de los conciertos celebrados en las jornadas de 'okupación' del Aula Social de la UCM.
Un estudiante conocedor de lo que sucede allí, que pide no ser identificado, asegura además que "dentro se fuma y también se bebe" y relata que algunas personas mantienen "relaciones sexuales" en el espacio.
Para Martínez el aula social es "una forma de participación democrática más directa".
Para Peláez, decir que es simplemente "un aula más de la facultad" resulta "completamente surrealista" porque se trata de "un espacio sobre el que no hay ningún tipo de control".
"Evidentemente funciona de manera independiente al resto de la facultad", afirma.
El Aula Social, situada en el sótano de la UCM.
Pulso abierto
"Sigue habiendo miedo, pero hay menos que hace seis años. Vamos consiguiendo cada vez más cosas y cada vez somos más", sostiene Eduardo Peláez, presidente de Libertad Sin Ira, la asociación que nació precisamente entonces en Somosaguas.
Ese miedo, explica, no siempre se traduce en enfrentamientos abiertos: hay estudiantes que acuden a sus actos, participan en ellos y después les piden no aparecer en fotografías o vídeos "por miedo a la reacción de sus propios compañeros".
Las dificultades, asegura, tampoco pertenecen al pasado. La asociación sigue recibiendo "peticiones, insinuaciones o recomendaciones" para modificar determinadas actividades cuando pueden generar rechazo, y algunas iniciativas encuentran trabas para celebrarse.
El episodio más grave que recuerda ocurrió el 13 de febrero de 2025. Durante una jornada de protesta contra un acto, según su relato, uno de sus compañeros fue arrinconado por varios manifestantes, recibió una paliza y tuvo que ser atendido en el hospital. Peláez le acompañó después a denunciar lo ocurrido.
"Lo que no puede ser es que en una protesta contra un acto un estudiante termine en el hospital", afirma.
"No pedimos una universidad hecha a nuestra medida", resume. "Pedimos una universidad en la que todos podamos convivir en paz y libertad".
