La amiga de Josep Juanpere fue la primera en entrar en el apartamento. Había llegado hasta la Vall de Ruda con Álex, sobrino del arquitecto, después de una mañana de llamadas sin respuesta, mensajes que quedaban pendientes y una preocupación que había ido creciendo entre quienes esperaban ver a Juanpere aquel 26 de diciembre de 2025.
Dos noches antes había terminado en el Hospital Comarcal de la Val d'Aran con fuertes molestias estomacales y vómitos, pero había recibido el alta y, para la mañana de Sant Esteve, tenía previsto salir a esquiar con unos amigos.
Era un plan corriente en la vida de un hombre de 72 años que llevaba décadas frecuentando Baqueira, mantenía allí una segunda residencia, y seguía practicando deportes de montaña con la naturalidad de quien había incorporado el esfuerzo físico a su rutina.
Muerte en Baqueira: las últimas horas del arquitecto Josep Juanpere.
Cuando dejó de contestar, los amigos llamaron a Alex. El sobrino telefoneó a Josep y después a Belén López, la mujer con la que su tío mantenía desde hacía aproximadamente dos años una relación sentimental. Pero ninguno de los dos respondió.
La puerta
Al llegar a la vivienda llamaron a la puerta y esperaron. Dentro seguía sin escucharse nada. La amiga consiguió unas llaves de la residencia y abrió. Avanzó por una casa en penumbra hasta llegar a la habitación. Allí estaba Josep Juanpere, tendido sobre la cama, inmóvil. Belén permanecía junto a él en un estado de gran alteración y decía que estaba intentando reanimarlo. Cuando Álex entró detrás de su acompañante entendió que su tío había muerto.
Según el relato que posteriormente ofreció a los investigadores, y al que ha podido acceder EL ESPAÑOL, escuchó entonces a Belén repetir que Josep había tomado veneno. Otras personas conocedoras de la escena recuerdan sobre todo sus intentos de resucitarlo y el nerviosismo con el que recibió a quienes acababan de irrumpir en la vivienda.
Hasta aquel momento nadie había avisado a los servicios de emergencia. La llamada se produjo después de la entrada de la amiga y del sobrino, y cuando el facultativo del Sistema d'Emergències Mèdiques llegó a Vall de Ruda únicamente pudo confirmar el fallecimiento.
La decisión que acabaría abriendo todo lo que vino después correspondió a ese médico: las circunstancias que encontró le plantearon suficientes dudas para evitar que la muerte quedara certificada como natural y activó el procedimiento que conduciría el cuerpo de Juanpere a una autopsia.
Durante los primeros días, sin embargo, casi todo el mundo creyó que Josep Juanpere había sufrido un infarto. Esa fue la explicación que circuló entre amigos, conocidos y buena parte de la sociedad barcelonesa que llevaba cuatro décadas encontrándose con su nombre en proyectos de arquitectura, consejos de administración, cenas y viajes.
Josep Juanpere, cofundador de GCA Architects y una de las figuras de referencia de la arquitectura corporativa catalana, murió el 26 de diciembre de 2025 en Baqueira.
Juanpere había fundado GCA Architects junto a Antonio Puig en 1986 y había convertido el estudio en una firma vinculada a algunas de las principales compañías del país. Su trabajo estaba detrás de sedes corporativas, hoteles, oficinas y viviendas de una Barcelona cuya transformación profesional había acompañado desde los años ochenta.
Cuatrecasas, Puig, Mango, Pronovias, NH o Ferrovial figuraban entre los nombres que habían pasado por su despacho y, con el tiempo, varios clientes se habían convertido también en amigos. Cuando murió, los obituarios se ocuparon de esa trayectoria y de la red de relaciones que había tejido alrededor de ella. Nadie tenía todavía motivos públicos para contar la historia de sus últimas horas.
La Nochebuena
La historia había empezado durante la cena de Nochebuena. Juanpere se encontraba en Baqueira junto a Belén y había quedado también con Álex, con quien mantenía una relación especialmente estrecha desde la muerte de la madre del joven, hermana del arquitecto.
Era una celebración pequeña en un famoso restaurante cerca de la vivienda. En algún momento de la velada Josep empezó a encontrarse mal. Las molestias se intensificaron, aparecieron los vómitos y la situación terminó obligando a trasladarlo al hospital de Vielha —pequeño y también precario en la atención, según los residentes—, donde permaneció varias horas en observación.
Los médicos realizaron las pruebas correspondientes y acabaron permitiéndole marcharse. En aquel momento el episodio podía interpretarse como una indisposición digestiva durante una cena navideña.
Una explicación perfectamente compatible con el estado de un hombre que había llegado a urgencias consciente y que terminó abandonándolas con el alta médica. La cuestión que meses después interesaría a los Mossos comenzaba precisamente a partir de ahí, cuando Juanpere dejó el hospital y quedó de nuevo bajo el cuidado de quienes le acompañaban.
Puerta de entrada del Hospital del Val d'Aran, en una imagen de archivo.
El día de Navidad transcurrió con Josep todavía convaleciente. Las reconstrucciones de la investigación policial sitúan a la pareja durante parte de esas horas fuera de la residencia de Vall de Ruda y después de regreso en el apartamento, aunque los detalles de ese intervalo continúan bajo secreto.
Para los investigadores, según explican, el interés de esas horas residió en una cuestión mucho más concreta: qué tomó Juanpere después de salir del hospital, quién estuvo con él y cómo evolucionó su estado antes de morir.
A medida que avanzó la investigación, las preguntas médicas y las policiales terminaron mezclándose. Los forenses analizaban el corazón y buscaban rastros de sustancias; los agentes trataban de ordenar movimientos, conversaciones, medicamentos, preparados y testimonios.
El día 25, mientras quienes le rodeaban pensaban que Josep se recuperaba de una indisposición, comenzaba a formarse la franja temporal que nueve meses después seguiría ocupando el centro de la causa.
Una vida intensa
Para entender por qué aquella muerte produjo una conmoción tan grande entre quienes conocían a Juanpere conviene detenerse en la vida que llevaba antes de esa Navidad. A los 72 años conservaba un ritmo que sus amigos describen como intenso, con viajes, deporte, compromisos sociales y una relación particularmente estrecha con la montaña.
Baqueira formaba parte de esa vida desde hacía años. Esquiaba, caminaba y compartía allí temporadas con personas de su círculo, muchas de ellas vinculadas a la empresa catalana y al mundo profesional que había acompañado su carrera.
Josep Juanpere, durante una expedición a Groenlandia años antes de su muerte, en una de las travesías de montaña que practicaba con frecuencia.
Emilio Cuatrecasas lo conocía desde la infancia. Javier Faus había compartido con él décadas de proyectos y viajes. También mantenía una relación muy cercana con Isak Andic, para quien GCA había trabajado en distintos encargos y cuyo velero, el Nirvana Formentera, había contado con la intervención del estudio en su diseño interior.
Cuando Andic murió en diciembre de 2024 tras caer durante una excursión en Montserrat, Juanpere perdió a uno de sus amigos más cercanos. Aquella muerte le afectó, según varias personas de su entorno, durante buena parte del año siguiente.
Coincidió además con una etapa en la que su vida personal había cambiado. Belén López, madrileña, licenciada en Derecho y con una larga trayectoria profesional en el sector de las telecomunicaciones, había aparecido en su vida aproximadamente dos años antes.
Conservaban viviendas separadas, viajaban juntos y habían construido una relación que algunos amigos de Juanpere conocían apenas de manera superficial. Las descripciones que hacen de ella quienes la trataron hablan de una mujer muy directa, habladora y divertida. Otros allegados percibieron durante ese periodo que Josep se había distanciado de algunas de sus rutinas anteriores.
Uno de sus amigos lo resume diciendo que “Josep cambió mucho últimamente con ella” y que había dejado de acudir a algunas de las actividades habituales del grupo. La apreciación convivía con imágenes recientes de la pareja viajando y con vídeos que Juanpere enviaba a sus amigos en los que se mostraba contento.
Isak Andic y Josep Juanpere, fotografiados juntos en Holanda en 2024, meses antes de la muerte del fundador de Mango.
El día 26
En la mañana del 26 de diciembre, la normalidad aparente empezó a resquebrajarse por algo tan sencillo como una cita incumplida. Juanpere debía encontrarse con unos amigos para esquiar y no apareció. Al principio, el antecedente de la visita al hospital ofrecía una explicación razonable: podía haberse quedado descansando. Los intentos de contacto empezaron a acumularse y terminaron cambiando esa impresión.
Los amigos llamaron a su teléfono y después buscaron a otras personas que pudieran saber algo de él. Álex intentó localizarlo y trató también de hablar con Belén. Los mensajes quedaron sin respuesta. Las horas fueron convirtiendo la ausencia en preocupación, hasta que el sobrino decidió desplazarse a la vivienda acompañado por una amiga de Josep.
Lo que ocurrió dentro del apartamento antes de su llegada constituye ahora uno de los espacios centrales de la investigación. Durante esas horas Juanpere volvió a empeorar y murió. Belén se encontraba a solas con él.
Los investigadores tratan de establecer el momento exacto en que su estado se agravó, qué síntomas presentó, cuánto tiempo transcurrió desde ese deterioro hasta el fallecimiento y por qué durante ese periodo no se solicitó asistencia médica.
También intentan determinar si Juanpere ingirió alguna sustancia destinada a aliviar las molestias estomacales que arrastraba desde Nochebuena. Las dos líneas se cruzan porque el resultado de los análisis forenses puede ayudar a explicar la muerte y, al mismo tiempo, el comportamiento de quienes estaban junto a él puede determinar el alcance penal de lo ocurrido.
La autopsia
La autopsia fue el primer elemento que impidió cerrar el caso. El cuerpo de Juanpere no presentaba señales externas que permitieran hablar de una muerte violenta, pero los forenses apreciaron una lesión cardíaca cuyo origen exigía más análisis. Según fuentes próximas a las pesquisas, algunas características resultaban compatibles con una posible intoxicación, aunque los primeros estudios toxicológicos no identificaron de manera concluyente una sustancia concreta.
El informe tuvo que ampliarse y la investigación quedó abierta bajo la dirección del Juzgado de Vielha. Mientras en Barcelona se preparaba el funeral del arquitecto, en el Pirineo comenzaba una reconstrucción mucho más lenta de las horas anteriores a su muerte.
Los Mossos preguntaron por la cena de Nochebuena, por el ingreso hospitalario, por los medicamentos de Juanpere y por cualquier producto que hubiera consumido durante la convalecencia.
Belén López es custodiada por dos mossos a su llegada al juzgado de Vielha, este viernes.
En esas declaraciones apareció una afición de Belén por productos vinculados a la medicina natural y los herbolarios, una circunstancia que adquirió relevancia cuando los investigadores empezaron a estudiar la posibilidad de que Josep hubiera recibido algún preparado para aliviar sus molestias.
Las fuentes policiales consultadas por EL ESPAÑOL sostienen que una de las hipótesis contempla que ella pudiera haberle administrado una sustancia de ese tipo y que esa información no hubiera sido explicada inicialmente con claridad durante las primeras diligencias.
La causa continúa teniendo que resolver cuestiones fundamentales: qué producto fue, en caso de que existiera; qué cantidad recibió Juanpere; qué relación tuvo con la lesión cardíaca y qué conocimiento tenía Belén acerca de sus posibles efectos.
Las sospechas
La familia de Juanpere comenzó a expresar dudas desde los primeros meses. Marc, el hijo del arquitecto, desconfiaba de la explicación inicial del infarto y siguió de cerca las actuaciones judiciales. Álex ocupaba una posición distinta porque había estado presente en algunos de los momentos decisivos de aquella Navidad y había regresado al apartamento cuando Josep dejó de contestar.
Los Mossos lo citaron repetidamente durante los meses siguientes para reconstruir la cena, el traslado al hospital, las conversaciones posteriores y la llegada a Vall de Ruda. A personas de su entorno les contó que aquella sucesión de declaraciones le impedía cerrar el duelo, porque cada nueva citación lo obligaba a regresar mentalmente al mismo recorrido de apenas dos días.
Mientras la investigación avanzaba en silencio, el recuerdo público de Josep Juanpere permaneció asociado a una muerte súbita. El funeral reunió en el Tanatori de Sant Gervasi a empresarios, arquitectos, amigos y clientes que habían compartido con él buena parte de su vida profesional y personal.
El Tanatori de Sant Gervasi donde el arquitecto recibió su último adiós.
Durante aquellos días coincidió además con el fallecimiento de Carles Vilarrubí, y las salas del tanatorio concentraron a una parte significativa de la Barcelona económica y social. Quienes acudieron a despedir a Juanpere hablaban de su carrera, de su carácter y de una muerte inesperada después de haberse encontrado mal durante las Navidades.
La versión del infarto seguía funcionando porque todavía no había trascendido públicamente que un juzgado mantenía abiertas diligencias sobre el fallecimiento.
Belén regresó después a Madrid y el contacto con la familia se redujo. Los Mossos siguieron trabajando sobre los informes forenses, las declaraciones y los dispositivos electrónicos que podían reconstruir las comunicaciones de aquellos días.
Revisaron movimientos y volvieron sobre el periodo comprendido entre la salida del hospital y la llegada de la amiga y Álex al apartamento. El interés de los investigadores se fue concentrando en una cuestión que parecía cada vez más difícil de separar del resto: durante varias horas Josep Juanpere estuvo enfermo, acompañado y fuera del alcance de quienes intentaban hablar con él.
Casi un año
Nueve meses después, el miércoles 23 de septiembre de 2026, los Mossos detuvieron a Belén López Granados en Madrid. La operación incluyó registros en inmuebles vinculados a ella en Madrid y Málaga y la incautación de dispositivos, documentación y productos que podían resultar útiles para la investigación.
La noticia sorprendió a buena parte del círculo de Juanpere, que durante meses había sabido de las pesquisas de manera fragmentaria o las había desconocido por completo. La detención transformó aquella muerte aparentemente sencilla de diciembre en un caso judicial abierto y colocó el foco sobre la mujer que había permanecido junto al arquitecto durante sus últimas horas.
Para entonces, uno de los testigos principales ya no podía declarar. Álex había enfermado gravemente por una dolencia respiratoria y se encontraba ingresado en una clínica privada de Barcelona, donde los médicos habían tenido que inducirle un coma. Su situación clínica carece de relación con la muerte de su tío, aunque introduce una dificultad evidente en una causa que había recurrido repetidamente a su memoria para ordenar las horas de aquella Navidad.
Fianza de 80.000
Este viernes, después de declarar ante el Tribunal de Instancia de Vielha, el juez ha acordado para Belén López prisión provisional eludible bajo una fianza de 80.000 euros dentro de una causa abierta por un presunto delito de homicidio. La Fiscalía había solicitado esa misma cantidad y la investigada, que durante su declaración defendió su inocencia, ha conseguido reunir y abonar el dinero, por lo que ha evitado su ingreso en prisión.
En llibertat la parella de l'arquitecte Josep Juanpere després de pagar la fiança de 80.000 euros https://t.co/WRUUR4m9UU pic.twitter.com/eQRnxIR8C2
— 3CatInfo (@3CatInfo) September 25, 2026
Horas después de haber llegado al juzgado bajo custodia policial, López Granados ha abandonado el edificio en libertad a bordo de un Land Rover. La investigación continúa abierta y deberá determinar el origen exacto de la muerte de Josep Juanpere y establecer qué ocurrió desde que salió del Hospital Comarcal de la Val d'Aran hasta que una amiga abrió la puerta de su dormitorio. El recorrido, cuando se ordena cronológicamente, resulta extraordinariamente breve.
Una cena de Nochebuena, una indisposición, un traslado a urgencias, un alta, unas horas de convalecencia y una mañana en la que Juanpere dejó de responder al teléfono. Después llegaron una llave, una habitación en penumbra y un cuerpo sobre la cama.
