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María se tumbó en el sofá de su casa, el pasado sábado, para echar una siesta tras cubrir un turno de noche en la empresa agrícola donde trabaja, pero su despertar fue una pesadilla: tenía las manos atadas, un hombre la amenazaba con un cuchillo y otro la sujetaba por los pies. "Me despertaron de una torta", relata María.

"Tengo suerte de seguir viva", afirma esta joven, de 27 años, en una entrevista que concede a EL ESPAÑOL para denunciar "la inseguridad" que sufren los vecinos de Ramonete: una pedanía de Lorca con un censo de apenas 1.200 personas.

Esta veinteañera ha sido víctima de un robo con violencia que ha sido la gota que ha colmado la paciencia vecinal porque dos ladrones la tuvieron retenida y amenazada en la casa donde convive con su padre: Pedro, un agricultor jubilado.

"Creo que me tuvieron que poner alguna sustancia química porque no me enteré cómo y cuándo entraron en casa, pero cuando me despertaron a golpes llevaban un tiempo dentro porque estaba todo revuelto", tal y como sostiene María.

Todo apunta a que los cacos, primero, reventaron el bombín de la puerta trasera que hay en la cocina. Y acto seguido, entraron a esta casa de dos plantas y no dudaron en registrar cada una de las habitaciones, a pesar de que María estaba tumbada en el sofá.

El domicilio familiar de María y su padre, Pedro, en Ramonete (Lorca). Cedida

"Llevaban un buen rato en la casa", insiste esta joven. "Me tuvieron que golpear para despertarme". "No sé si me pegaron con el mango de un cuchillo, con el puño o con la espada de la boda de mis padres".

- ¿Cómo reaccionó al despertar con dos ladrones en casa?

- María: Me puse a llorar porque uno de ellos me tapaba la boca, me habían atado las manos con una bufanda y me pusieron un cuchillo para amenazarme: 'No grites, si gritas te haremos daño'.

- ¿Qué ocurrió después?

- Eran dos ladrones. Uno de ellos me llevó a la habitación de mi padre y me advirtió de que no levantara la cabeza: 'No me mires a la cara, mira al suelo'. 'Hemos venido aquí porque nos han dicho que tenéis dinero'. Entonces, empezó a pedirme el número de la caja fuerte o la llave.

La pobre María estaba sola porque su padre, Pedro, se había marchado a Marina de Cope, pasadas las seis de la tarde del pasado sábado, para ver a una amiga a la que ha conocido tras perder a su esposa. De forma que esta veinteañera no quiso jugarse la vida.

"Les dije que podían romper la caja fuerte si querían: 'Mi padre está jubilado, no tenemos nada'. Si había algo, estaría en el mueble del pasillo".

La pareja de cacos localizó en el citado mueble unos 500 euros, procedentes de la pensión de Pedro, un agricultor jubilado al que le gusta tener dinero en metálico para los gastos mensuales de la casa. Además, robaron dos relojes valorados cada uno en 200 euros y bisutería dorada.

La espada de la boda de Pedro. Cedida

A pesar del botín, no estaban satisfechos, y mantuvieron retenida y amenazada a María en la habitación de su padre. "El hombre que me vigilaba llevaba una pata de cabra en la mano, de color amarillo". "Me pedían que abriera la caja fuerte".

Pero la combinación solo la conoce su padre, Pedro, de forma que optaron por emplear la fuerza para reventarla.

"Le dieron un golpe en seco a la caja, usando la pata de cabra. También rompieron la estantería. Retumbó toda la casa porque la caja fuerte está empotrada en la pared. La casa de mi vecina está a dos metros y podía haberlo escuchado, así que me volvieron a sacar al salón".

- ¿Para que la llevaron al salón?

- María: Los dos ladrones me enseñaron mi teléfono móvil y me dijeron que iban a dejarlo en mi coche en el garaje para que no llamara a la Policía mientras huían.

La pareja de cacos salió por la planta baja, por donde se ubica el garaje, a través de una puerta pequeña que tenía puesta la llave. Luego se dieron a la fuga -supuestamente- a bordo de un coche: "Una vecina dice que vio a dos hombres en un Audi, de color negro".

- ¿Usted recuerda algún rasgo característico de los asaltantes?

- El hombre que me tenía secuestrada vestía de negro, era alto y delgado, ocultaba su rostro con un pasamontañas y llevaba guantes. Al otro, apenas le pude ver la espalda porque su compañero no me dejaba despegar la mirada del suelo.

Creo que eran marroquíes por el acento, aunque hablaban bien en español.

La puerta del garaje por donde huyeron los dos ladrones. Cedida

María no recuerda si fueron "quince o veinte minutos" el tiempo que la tuvieron retenida, torturada y amenazada en su propia casa, debido a que sostiene que le pusieron alguna sustancia para que durmiera profundamente mientras registraban todas las estancias del inmueble.

"No recuerdo muchas cosas, como la ropa que llevaba puesta ese día", resume esta joven, empleada en una conocida empresa agrícola. "Los vecinos están muy asustados con lo ocurrido". De hecho, por ese motivo decide hacer público el robo violento que ha sufrido.

"Hay que poner más seguridad en Ramonete porque hay muchas casas de campo". Pedro, el padre de María, está indignado con el violento episodio que ha sufrido su hija: "Tenían mi casa vigilada porque me fue a las seis de la tarde a ver a mi novia y entraron a plena luz del día".

"Los ladrones estaban al acecho". "Es un robo muy grave". "Ataron a mi hija de las manos, la sujetaron de los pies, la despertaron dándole golpes en la cabeza y le pusieron un cuchillo para que les dijera dónde estaban 'las perras'".

Parte de lesiones

Pedro acudió a presentar una denuncia ante la Guardia Civil y aportó el parte de lesiones de su hija. "Tiene moratones y chichones", según explica el cabeza de familia. "En Ramonete estamos acojonados porque se están produciendo robos. He tenido que poner alarmas y cámaras de seguridad en mi casa".

Este agricultor, de 69 años, cuyo patrimonio se lo ha ganado de sol a sol en jornadas extenuantes en el campo, pide medidas al Ayuntamiento de Lorca, a la Delegación del Gobierno en Murcia y al Ejecutivo central.

"Hay que poner más patrullas de Policía Local y Guardia Civil por Ramonete: ¡Queremos más seguridad! Hay que cambiar la ley para endurecer las condenas de los ladrones".

Los moratones que presenta María cinco días después del robo. Cedida

La percepción de inseguridad de este jubilado del sector agrícola y su hija es compartida por un agente de la Policía Local, afincado en Ramonete.

"Llevamos sufriendo robos en viviendas, desde hace un mes, cuando se metió un magrebí en la casa de una octogenaria a la que amenazó y le quitó el móvil. Pero para mí, esto ha subido varios escalones de golpe: dos ladrones entran a una casa, reteniendo a una chica a la que golpean y amenazan con un cuchillo", reflexiona este agente, afincado en esta pedanía de Lorca y destinado en otra localidad murciana.

El origen de la inseguridad para los vecinos tiene dos focos. El primero, un transformador de la compañía eléctrica, situado cerca del centro de salud de Ramonete, y que ha sido tomado por unos okupas. El segundo, es la rambla que discurre hasta Puntas de Calnegre y donde suele haber infraviviendas de inmigrantes en situación irregular.

"En la rambla hay un asentamiento con chabolas con inmigrantes y cada dos por tres, va por allí alguna patrulla", según denuncia Pedro. "También hay una casa que ocupó un marroquí que se dedicaba a vender droga y ahora se la alquila a inmigrantes sin papeles".

De momento, el equipo de criminalística de la Guardia Civil ya ha inspeccionado la casa de Pedro y su hija, María, para buscar restos biológicos o alguna pista que les conduzca hasta los dos ladrones que la maniataron, secuestraron y agredieron dentro de su propio domicilio.

María trata de recuperarse psicológicamente mientras lanza una reflexión demoledora: "Mejor que me hubiera pasado a mí que a mi padre porque es una persona mayor y se habría llevado la paliza del siglo".