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El camino era de poco más de 3 kilómetros desde la explanada Juan XXIII hasta la frontera del Tarajal, en Ceuta. La cita no tenía pérdida: el domingo 20 de septiembre, a mediodía.

El único requisito era traer banderas de España y camisas de Ceuta. Los cientos de manifestantes que acudieron lo cumplieron.

Hace 52 días, ese mismo camino fue recorrido a la inversa desde el Tarajal hacia la ciudad por más de 80.000 personas, de las cuales todavía quedan al menos 10.000 en la ciudad.

"Hacer esto me emociona. De solo estar aquí se me salen las lágrimas", asegura María, una manifestante de 70 años.

A ella le ofende que se esté vendiendo que los ceutíes son racistas y que el gobierno de Pedro Sánchez sienta más empatía con los victimarios que con las víctimas.

"No pueden decirnos que somos racistas. Estamos defendiendo a España y a Ceuta. Entonces, en un futuro, entrarán otros 80.000 inmigrantes y debemos recibirlos con los brazos abiertos y aplaudirlos", asegura.

El camino hasta la frontera, como era de esperar, estuvo lleno de cánticos en apoyo a la ciudad. Incluso, personas de Málaga, Valladolid y Algeciras se desplazaron para mostrar su afecto a la ciudadanía.

La inclemencia del sol no importaba y la marcha no se detenía. A medida que avanzaban y se acercaban a la frontera, decenas de inmigrantes que se encontraban en Loma Colmenar veían a lo lejos la situación.

"Ellos, los que están ahí, son nuestros invasores. ¡Iros! ¡Marcharos!", vociferaban algunos.

Pero también, en ese proceso, se encontraban con niños que no entienden de fronteras ni de política.

"Nosotros esperamos que los niños y las niñas puedan tener mejores vidas porque ellos no tienen la culpa de lo que está pasando. Son una minoría frente a los adultos que han venido masivamente a nuestra ciudad para causar daños", expresa uno de los voceros de la protesta.

Frontera

En la frontera los cánticos no cesaron. Ante la inminente tensión con los vehículos que estaban del lado de Marruecos, los agentes de la Policía realizaron un cordón de seguridad.

"Es momento de que nosotros bloqueemos la frontera", dijo una persona a lo lejos.

No fueron palabras al viento. Bastó con que uno lo escuchara para difundirlo y que otros también pudieran oírlo.

"¡Sí! Es nuestro momento. Ellos nos invadieron, nosotros entonces bloqueamos el paso", agregó una manifestante, que llevaba puesta la bandera de España a la espalda.

Ella fue la primera en tomar la decisión y gritarle al resto: "¡Sentémonos! ¡No nos movamos!".

El resto miró a la mujer sobre el asfalto y decidió imitarla. En menos de cinco minutos, la frontera pasó de ser la entrada habitual de cientos de personas a una muralla humana.

La fila de vehículos en la frontera del Tarajal. Gustavo Molina

"Estamos cansados de que no nos escuchen. Esta situación es insostenible. Cada vez los comerciantes vendemos menos, las personas tienen miedo a salir de noche y vemos cómo en vez de haber menos invasores, hay más. Y si no, mirad lo que está sucediendo en la playa del Trampolín", comenta Gema Molina, dueña de dos restaurantes en Ceuta.

Varios agentes de la Policía intentaron mediar con los manifestantes, pero durante los primeros minutos no consiguieron nada.

Al otro lado, cientos de conductores se bajaron de sus vehículos e intentaban descifrar lo que sucedía. No gritaban, tampoco pitaban. Simplemente aguardaban el momento en el que les dejaran entrar.

Desde arriba, en la montaña, otro grupo de inmigrantes vigilaba la situación mientras los manifestantes, en un solo grito, coreaban: "¡Invasores, expulsión!".

En gran medida, los ceutíes están cansados y se les ha impuesto continuar con una vida para la que no estaban preparados, dice Noelia Alcázar, una de las líderes de la agrupación de vecinos Foro Ciudadano.

A medida que los minutos pasaban, la situación se iba tornando más tensa. La frontera continuaba bloqueada y uno de los presentes soltaba la idea: "Tendremos que hacer esto más a menudo a ver si a Mohamed VI le gusta y se da cuenta de que si Pedro Sánchez no defiende a Ceuta, para eso estamos nosotros".

Los asistentes le aplaudieron. Pero al final, tras 60 minutos, los agentes consiguieron que las personas nuevamente caminaran de regreso hacia la explanada Juan XXIII.

"Lo que hemos hecho es histórico. Y si no nos defienden, nosotros lo haremos. Seguiremos viniendo a la frontera a bloquearla hasta que no haya soluciones reales", concluye un asistente.