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El año pasado, una sociedad presidida por Sarah Andic gastó unos 170 millones de euros en comprar el gran centro logístico que utiliza Mango en Lliçà d'Amunt. Después pagó otros 25 millones por el local de paseo de Gràcia en el que Prada tiene una de sus tiendas de Barcelona.

Cuando terminó 2025, había invertido 235 millones en doce meses, más de tres veces que el año anterior, y controlaba una cartera inmobiliaria valorada en alrededor de 1.200 millones. La presidenta tiene 29 años y es la menor de los hijos de Isak Andic.

Durante buena parte de su vida, Sarah había ocupado una posición muy diferente dentro del universo empresarial de su padre. Jonathan, dieciséis años mayor, pasó dos décadas dentro de Mango y llegó a asumir responsabilidades ejecutivas. Judith, la mediana, también trabajó en la compañía.

Pero Sarah creció cuando el negocio estaba ya internacionalizado, estudió durante años fuera de España y tuvo una presencia mucho más episódica en las empresas familiares.

Las hermanas de Jonathan Andic, Judith y Sarah Andic, a su salida del Juzgado Nº5 Martorell..jpg David Zorrakino / EP.

Cursó Fashion Business en el Istituto Marangoni de Londres y posteriormente Gestión Estratégica del Diseño en Parsons, en Nueva York; hizo prácticas en Mango y pasó también por otras compañías de moda y joyería.

A comienzos de esta década, las escasas informaciones sobre su actividad la situaban trabajando en proyectos de acción social vinculados al grupo familiar.

Casi dos años después de la muerte de su padre, su nombre aparece en un lugar completamente distinto. Sarah preside una de las principales sociedades patrimoniales de la familia y lo hace precisamente cuando esa parte de la fortuna ha empezado a moverse con una intensidad desconocida en los últimos ejercicios.

Las últimas cuentas permiten mirar detrás de las cifras y observar algo que hasta ahora había quedado oculto por la investigación judicial sobre Jonathan: qué ocurre con el dinero y el poder de una familia empresarial cuando desaparece quien los había concentrado durante décadas.

La menor

Jonathan nació en 1981, antes incluso de que abriera la primera tienda Mango. Judith llegó tres años después, el mismo año en que comenzó la marca. Sarah nació en 1997. Para entonces, Mango había dejado atrás hacía mucho tiempo el negocio familiar de las primeras tiendas y se extendía ya por distintos países.

La diferencia de edad explica también experiencias muy distintas del mismo padre. Los dos hermanos mayores conocieron de cerca buena parte del crecimiento de la compañía.

Sarah creció dentro de una riqueza que ya estaba consolidada y pasó parte de su formación entre Londres y Nueva York. En 2020 todavía se la describía como la hija que continuaba sus estudios en el extranjero mientras sus hermanos mayores habían tenido una relación mucho más directa con los negocios de Isak.

Eso tampoco significa que Sarah fuese ajena al patrimonio familiar. Antes de la muerte de Isak ya se habían dado pasos para incorporar a los tres hijos a sus estructuras societarias. El cambio posterior es de otra naturaleza: una cosa es prepararse para heredar y otra sentarse a administrar.

La diferencia puede parecer evidente, pero resulta especialmente importante en fortunas de este tamaño. Los tres hijos no recibieron simplemente una cantidad de dinero que pudiera repartirse y guardarse.

Recibieron participaciones en una compañía internacional, sociedades inmobiliarias, activos financieros, locales, naves y vehículos de inversión que continúan generando ingresos y exigen tomar decisiones. Los herederos pasaron a ser también propietarios responsables de estructuras cuyo valor se cuenta por miles de millones.

En Sarah, ese salto resulta particularmente visible.

El ladrillo

La empresa que preside se llama Punta Na. El nombre apenas dice nada fuera de los círculos económicos de Barcelona, pero bajo él se agrupa una parte importante del dinero que Isak fue sacando del negocio textil y transformando con los años en patrimonio inmobiliario. Hay locales comerciales, edificios y grandes superficies logísticas.

En conjunto, alrededor de 130.000 metros cuadrados comerciales situados en España y en ciudades como París, Nueva York o Viena, además de los aproximadamente 300.000 metros cuadrados del complejo logístico de Lliçà d'Amunt. Su valor ronda los 1.200 millones de euros.

El ejercicio de 2025 permite medir el cambio. Punta Na elevó sus inversiones hasta los 235 millones. Sus ingresos aumentaron un 25%, hasta los 62,8 millones, y el beneficio pasó de 10,7 a 32,5 millones. La deuda también creció con fuerza, hasta los 261 millones, en un año marcado por las adquisiciones.

El principal movimiento fue la compra del centro logístico de Mango por unos 170 millones. La operación resulta útil para entender cómo funciona una gran fortuna familiar sin necesidad de perderse en un organigrama: los Andic poseen el 95% de Mango y, al mismo tiempo, su sociedad inmobiliaria es dueña ahora de uno de los grandes complejos desde los que opera la compañía.

El dinero que empezó vendiendo ropa hace cuatro décadas ha terminado produciendo otros tipos de riqueza.

Sarah figura hoy arriba de esa sociedad. Tras la reorganización de 2025, los tres hermanos canalizaron su presencia en el patrimonio mediante compañías propias: Kiwi AR Corporation en su caso, Black Indigo para Jonathan y Pitaya AR Holding para Judith.

El BORME recoge a Sarah como administradora única de Kiwi y las sociedades funcionan como vehículos desde los que cada hermano participa en las empresas compartidas.

La fontanería societaria puede ocupar páginas. Para entender el cambio basta con algo más sencillo: Sarah tiene ahora un asiento formal en la administración de un patrimonio que mueve cientos de millones y que, mientras vivía su padre, permanecía bajo el control último de Isak.

Dos trayectorias

El contraste con Jonathan resulta difícil de evitar. Su hermano mayor recorrió durante veinte años prácticamente el camino inverso. Entró en Mango en 2005, asumió sucesivas responsabilidades y llegó a ejercer funciones de consejero delegado.

Durante mucho tiempo fue el miembro de la segunda generación con una relación empresarial más visible con el negocio creado por su padre. Sarah permanecía mientras tanto lejos de esa primera línea.

Ahora Jonathan sigue siendo propietario de una parte equivalente a la de sus hermanas y mantiene responsabilidades dentro de las sociedades familiares, pero desde mayo permanece temporalmente apartado de sus funciones en Mango.

Jonathan Andic, el hijo del fundador de Mango, camina por el centro de Barcelona. Crónica Global.

Fue él mismo quien anunció la decisión después del avance de la causa judicial por la muerte de Isak. La compañía y su consejo hicieron público su apoyo y expresaron su confianza en una resolución favorable del procedimiento. Jonathan continúa investigado por un presunto homicidio y defiende su inocencia.

Las dos trayectorias se cruzan sin necesidad de convertirlas en una competición. Mientras el hermano que llevaba dos décadas dentro de la compañía se ha apartado temporalmente de ella, la hermana que había tenido menos exposición empresarial ha adquirido responsabilidades crecientes en el patrimonio.

No hay elementos que permitan presentar un movimiento como consecuencia del otro. Sarah y Judith han respaldado públicamente a Jonathan durante la investigación. Cuando declararon ante la jueza de Martorell en julio, ambas mantuvieron su confianza en él y rechazaron la existencia de una guerra familiar por la herencia.

El reparto del poder familiar, al menos en lo que muestran las sociedades, está ocurriendo sin una ruptura pública entre los tres.

El dinero

Hay una cifra todavía mayor que los 235 millones invertidos por la inmobiliaria. Durante 2025, alrededor de 255 millones de euros subieron desde las principales empresas de la familia hasta la sociedad situada en la parte superior de su estructura patrimonial.

Punta Na aportó 61,7 millones y la participación en Mango, otros 194 millones. Era una cantidad récord. La operación tiene más interés por lo que permite hacer que por su tamaño. Ese dinero no acabó directamente repartido entre Jonathan, Judith y Sarah. Permaneció dentro de la estructura familiar.

Desde allí puede volver a invertirse. La propia familia ha explicado que la política busca mantener los recursos dentro de su family office para capitalizar sus sociedades y financiar nuevas operaciones.

Una experta en gestión patrimonial consultada por La Vanguardia interpretaba el movimiento como una reorganización de tesorería habitual en grandes fortunas: concentrar el dinero arriba permite decidir después si se lleva al inmobiliario, a nuevas inversiones empresariales o a otros activos.

La traducción es bastante sencilla. Los hijos de Isak no han heredado una fortuna inmóvil. Han heredado una estructura que continúa generando dinero y que exige decidir qué hacer con él. Ahí empieza el verdadero ejercicio del poder patrimonial.

Comprar un local por 25 millones, endeudar una sociedad para adquirir un activo de 170, mantener cientos de millones dentro del grupo o destinarlos a otro negocio son decisiones distintas de recibir una herencia.

También necesitan abogados, fiscalistas, gestores, ejecutivos y asesores. En una fortuna de estas dimensiones nadie administra solo. La familia dispone de estructuras profesionales precisamente para hacerlo.

Pero alguien tiene que ocupar los órganos donde esas decisiones se aprueban. Sarah ya está allí.

Tres herederos

La aparición de la menor tampoco permite escribir una sucesión clásica. Isak dejó tres hijos y el reparto económico del conglomerado se hizo entre ellos a partes iguales. Jonathan, Judith y Sarah crearon además en julio de 2025 sus respectivas sociedades personales con exactamente el mismo capital inicial: 1.187.293 euros cada una.

El gesto registral parece casi una representación matemática del equilibrio con el que se reorganizó el patrimonio. Después, los tres fueron ocupando puestos diferentes. Sarah aparece al frente del inmobiliario. Judith ha asumido responsabilidades en otras estructuras patrimoniales.

Jonathan conserva cargos importantes en el nivel propietario y la sociedad que representa su participación continúa presidiendo Mango MNG Holding, el vehículo mediante el que la familia posee su 95% de Mango.

Imagen de archivo de Isak Andic con su hijo Jonatan. El Español.

La compañía textil, por su parte, tiene desde hace años una gestión profesional y está presidida y dirigida por Toni Ruiz. Basta ese dato para entender por qué buscar una única persona que sustituya a Isak conduce a una respuesta incompleta.

Su poder se ha dividido. Los hijos tienen la propiedad. Distintas sociedades administran el patrimonio. Ejecutivos profesionales llevan el negocio textil. Y dentro del universo familiar cada uno empieza a ocupar un espacio propio.

Sarah es probablemente el personaje que mejor permite apreciar la magnitud del cambio porque su situación anterior era la más distante de ese centro de decisiones.

A los 29

Hay algo inevitablemente generacional en todo ello. Isak construyó, sus hijos han recibido una estructura ya construida y deben aprender a conservarla, ampliarla o transformarla.

Es una tarea menos romántica que abrir una primera tienda y más cercana a revisar balances, aprobar operaciones, decidir inversiones y elegir a las personas que gestionarán un patrimonio demasiado grande para depender únicamente de sus propietarios.

Para Sarah, esa transición ha llegado antes de cumplir los 30. Durante años su nombre aparecía en informaciones sobre estudios, viajes, moda o proyectos sociales. Hoy aparece en documentos mercantiles, fusiones y consejos de administración.

En diciembre pasado, por ejemplo, el anuncio de una reorganización interna de varias sociedades inmobiliarias identificaba expresamente a Sarah como representante en una de las operaciones y a Jonathan como representante de la secretaría de Punta Na.

Es una transformación poco llamativa en apariencia. No hay una ceremonia en la que alguien entregue las llaves de una fortuna ni un despacho desde el que puedan verse todos sus límites. Hay nombramientos, cuentas anuales, compraventas, ampliaciones, dividendos y reuniones.

Pero ahí es donde se ejerce ahora una parte del poder que dejó Isak. El cambio tampoco necesita convertir a Sarah en una empresaria que de pronto haya diseñado personalmente cada una de las operaciones conocidas. No existen datos públicos que permitan atribuirle en solitario las decisiones de inversión de Punta Na.

La familia cuenta con asesores y una estructura profesional y los tres hermanos comparten la propiedad. Su presidencia indica responsabilidad y participación en el gobierno de la sociedad.

Sin Isak

Las cifras recién conocidas llegan además en un momento en que los Andic viven bajo una atención que habría sido difícil imaginar mientras Isak dirigía sus negocios con una extraordinaria discreción.

La investigación sobre su muerte sigue abierta y Jonathan continúa en el centro del procedimiento. Sarah y Judith se han visto obligadas a comparecer ante los tribunales y a pronunciarse sobre asuntos familiares que durante años permanecieron fuera del conocimiento público.

Al mismo tiempo, las sociedades siguen funcionando, comprando activos y trasladando millones de una empresa a otra. Ambas cosas ocurren a la vez.

Homenaje póstumo de la Generalitat a Isak Andic E. E. Generalitat

La familia puede respaldar públicamente a Jonathan y, al mismo tiempo, reorganizar las responsabilidades que dejó vacantes su padre. Sarah puede presidir el gran brazo inmobiliario sin convertirse por ello en rival de su hermano.

Jonathan puede apartarse temporalmente de Mango y conservar intacta su condición de propietario. Judith puede asumir otros cargos sin que exista un vencedor en la sucesión.

Ahí está probablemente la parte más reveladora del nuevo reparto.

Isak había reunido alrededor de sí durante décadas una combinación difícil de reproducir: fundador, gran accionista, empresario y administrador de una fortuna que él mismo había generado. Sus hijos han recibido los activos, pero no existe un cargo que permita heredar de una vez todas esas funciones.