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Dice la leyenda que Hércules separó África y Europa para llegar a los bueyes del gigante triforme Gerión. Abrió el Estrecho y a ambos lados erigió dos columnas que certificaron su hazaña, una de ellas en el ceutí Monte Hacho.

Ceuta hoy venera sus estatuas de bronce. Pero el último héroe de la ciudad autónoma tiene poco que ver con el semidiós heleno y mucho con los hombres corrientes que protagonizan los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós.

Juan Jesús Vivas Lara (Ceuta, 1953), como el Gabriel Araceli de Galdós –a quien ha leído apasionadamente–, nunca buscó la épica ni el martirio. Tampoco parece haber buscado el protagonismo que ahora acapara. A lo largo de los casi dos meses anteriores, sin embargo, las circunstancias lo han arrojado a la encrucijada de la historia.

Durante los ya 50 días transcurridos desde la entrada masiva de entre 70.000 y 80.000 migrantes en Ceuta, según las versiones, España ha asistido expectante a la consagración de Vivas como el muro de contención institucional ante la ausencia del Estado y la polarización en las calles.

Una ausencia que él mismo calificó, en una entrevista exclusiva con EL ESPAÑOL un mes después del inicio de la crisis, de "incomprensible".

El último hito, una entrevista en 'El Hormiguero' en la que el hombre menudo y con bigote emocionó a Pablo Motos ante 1.469.000 espectadores.

Como ha hecho desde el inicio de la crisis, fue allá donde le quisieran escuchar –en este caso, a un gran altavoz– a lanzar incansable un nuevo grito de auxilio. Porque 50 días después, apenas ha cambiado nada en Ceuta.

En este tiempo, el hombre que gobierna la ciudad autónoma desde hace 26 años ha terminado ocupando un papel que nunca pareció buscar: el del político que permanece cuando las circunstancias se salen de lo ordinario.

Ha encarnado, para los ceutíes, el espíritu de una ciudad discreta que se vio desbordada y sin ayuda pero se niega a rendirse. Se ha convertido en el catalizador de los caballas indignados dispuestos a seguir hasta recuperar su normaidad.

Al fin, un español promedio y de clase media; licenciado en Economía por la Universidad de Málaga; funcionario de bigote, gafas de montura metálica y camisa de manga corta; interventor municipal, gestor de provincias; devoto de su Virgen de África, quien le acompaña siempre que enciende el teléfono en su fondo de pantalla (y a la que hoy se encomienda más que nunca)…

Un hombre acostumbrado a gestionar, que en el momento de la verdad y por un nada glorioso sentido del deber, decidió permanecer al frente.

"Probablemente, lo que estamos viendo sorprenda a gran parte del territorio español, pero francamente, a nosotros en Ceuta no nos sorprende", dice Yolanda Bel, antigua compañera de Gobierno y una de las personas que mejor conoce la intrahistoria de estos días agónicos.

"En sus 26 años de gobierno siempre ha dicho que Ceuta es lo primero. La ciudad está por encima de las siglas, de su bienestar personal, de su familia y de su propia salud. Para nosotros no es una novedad; para el resto de España, es un descubrimiento", añade la exsecretaria general del PP ceutí.

39 días sin conocer a su nieto

Enfundado en una camiseta de la Selección Española que le regaló en su día Luis Rubiales, con el dorsal número 10 y el nombre de "Juan Vivas", el presidente caballa saludaba a la multitud congregada en la playa de La Ribera la tarde del domingo 19 de julio.

España acababa de ganar la Copa del Mundo a Argentina en Nueva Jersey y por la eufórica cabeza de Vivas y de los vecinos de Ceuta no pasó ni por asomo un atisbo de la que se les venía encima.

Los días siguientes, no obstante, llegaron los indicios de lo que el mismo Pedro Sánchez calificaría días más tarde como "una violación de la integridad territorial de España".

Y Vivas, que ya estuvo al mando de la ciudad en la crisis migratoria del 2021, los supo leer.

Como contó al detalle a este periódico en la mencionada entrevista, el presidente ceutí llamó a todo el mundo cuando, en una semana, justo después del Mundial, llegaron a Ceuta 1.500 personas de forma irregular y el número de menores en la ciudad ascendió de 180 a 800.

Migrantes esperan su proceso de filiación en Ceuta. EFE

Vivas, dotado de esa intuición que dan casi tres décadas de gestión pública, interpretó aquellos datos como una señal de alarma. Alertó de lo que podía suceder. Sin embargo, cuando la avalancha humana cruzó el espigón de El Tarajal, se encontró predicando en el desierto.

La lealtad institucional chocó frontalmente con el silencio –cuando no con las largas– de Moncloa.

El presidente caballa descolgó el teléfono el lunes 27 de julio y llamó a Diego Rubio, el jefe de gabinete de Sánchez, quien le dijo que estuviera "tranquilo".

Un día después, martes 28 de julio, Vivas pidió a Interior la declaración del Estado de Alarma, a lo cual le contestaron que no había "fundamento jurídico" 24 horas más tarde, el miércoles 29.

El cuarto día, jueves 30 de julio, se produjo la avalancha y todo lo que vino después: la tensión en las calles, los ataques a militares y policías, la falta de soluciones, el hartazgo de los ceutíes y la presencia masiva de migrantes sin techo que han cambiado el rostro de la ciudad.

"Llamó a todas las puertas, a todas, absolutamente a todas: Delegación de Gobierno, diferentes ministerios, responsables de cuerpos de seguridad. Si él no llega a tomar esa batuta y esa iniciativa, ¿qué sería en este momento de Ceuta?", se pregunta Yolanda Bel.

Mientras la emergencia desbordaba todos los recursos de la Ciudad Autónoma, la respuesta del Gobierno central fue insuficiente, como han manifestado él y miles de ceutíes a lo largo de más de un mes.

"La única explicación ha sido que el presidente del Gobierno estaba de vacaciones. Los ministros que han venido aquí lo han hecho para cumplir el expediente", lamenta otra persona de su entorno de confianza.

Ante este vacío, Vivas hizo lo que dictaba su instinto de supervivencia galdosiano: hacerse cargo de la nave.

Fue Vivas quien, desde el día uno, propuso la creación de un mando único, una medida que el Ejecutivo tardó un mes entero en aplicar.

Su voz, muchas veces ronca por la extenuación, se convirtió en el único asidero de una ciudad que se sentía repentinamente huérfana.

Dentro de esta cronología, lo que no apareció en los titulares de los periódicos es que el 2 de agosto, muy poco después del estallido de la crisis que dejó a la ciudad autónoma en estado de 'shock', nació en Málaga el segundo nieto del presidente.

Vivas renunció a conocerlo a pesar de que apenas le separaban 30 minutos de vuelo en helicóptero. Mientras tanto, el presidente del Gobierno se iba de vacaciones.

No fue hasta el miércoles 9 de septiembre, cuando Vivas hizo escala en la ciudad andaluza a su regreso de Bruselas, cuando pudo acercarse a Fuengirola a conocer al pequeño. Habían pasado 39 días.

Lágrimas a puerta cerrada

Conocer a su segundo nieto no ha sido el único sacrificio de Juan Vivas en los últimos 50 días. Detrás de la coraza de este gestor, del hombre de traje que comparece ante las cámaras suplicando socorro sin perder las formas, hay un nivel de desgaste humano que rara vez trasciende.

Ha dejado de hacer deporte y sus largas caminatas. Ha tenido que dejar de lado su gran afición, la lectura. Y renunciar a la única semana de vacaciones que se toma al año. Las jornadas maratonianas de trabajo y las escasas horas de sueño le están costando la salud…

"Tengo una cardiopatía y tengo cáncer pero estoy dispuesto a librar esta batalla hasta el último aliento", confesó este viernes en La Sexta. Vivas fue diagnosticado de un cáncer de próstata que está en remisión.

Y, pese a esa fortaleza en apariencia irrompible, se quiebra en la intimidad. "Detrás de ese hombre fuerte, es hoy un hombre con corazón. Igual que muchos ceutíes han llorado, el presidente ha llorado. Y ha llorado solo, y ha llorado acompañando las lágrimas de otros ceutíes", confiesa una amiga íntima.

Tras el desahogo a puerta cerrada, no obstante, Vivas siempre se recompone. "Luego coge fuerza y públicamente da la cara como nadie. Jamás ha verbalizado la frase 'me quiero ir, tiro la toalla'. Nunca, jamás. En los momentos de dificultad, aunque sea muy duro, es cuando más se crece", prosigue la misma persona.

Para sostener este peso sobre los hombros, el presidente se apoya en dos pilares: su núcleo duro en el Consejo de Gobierno y, por encima de todo, su familia.

El suyo es un búnker discreto, casi invisible para el ojo público. Casado con la mujer que conoció durante sus bulliciosos años universitarios, María Dolores 'Lola' Puya Rivas, y padre de dos hijos, su familia nunca se ha aprovechado del foco de su notoriedad.

"Es el lugar donde descansa el guerrero, donde toma oxígeno sin estridencias", apuntan desde su círculo.

Pero, de nuevo, Ceuta siempre está primero. A Vivas no se le ha hecho raro retrasar conocer a su nieto ni poder descansar en los suyos todo lo que le hubiera gustado.

De hecho, y a diferencia de la que hoy es su némesis política, Vivas es un hombre alérgico a las vacaciones largas. En sus 26 años de mandato, su concepto de descanso estival se ha reducido siempre a una semana familiar en Fuengirola.

"Él decía que tomarse más de una semana era una excedencia", ríe Yolanda Bel al recordarlo. "No consentía un día más. Es un presidente que, en circunstancias ordinarias, se toma siete días de respiro. Ahora, en esta crisis, evidentemente no se ha ido a ninguna parte", enfatiza.

De forma excepcional –y quién sabe si providencial–, en mayo de este año también acompañó a la Hermandad del Rocío de Ceuta a la tradicional romería a la localidad onubense, junto a su párroco de Nuestra Señora de África, Francisco Fernández.

Junto a su mujer, Lola, ante la imagen de la Virgen del Rocío. Redes sociales

En esta parroquia en la plaza de África de la ciudad autónoma y justo frente al Ayuntamiento, acude Vivas a misa todos los domingos.

Su fe católica, la que manifiesta en esa Virgen de África de su teléfono, la entiende y la practica desde el respeto escrupuloso a todas las culturas y religiones que tejen el alma de su ciudad.

"Ese es el cristiano de verdad, el que convive y respeta. Ese es el mayor valor del presidente", dicen desde su entorno.

El que estudiaba en Málaga

La forja de este carácter a prueba de tempestades hay que buscarla en los años 70, en un hogar tradicional de clase media ceutí. Su padre, Juan, era trabajador del Ayuntamiento; su madre, Isabel, ama de casa.

Ninguno de los dos pudo atisbar entonces que aquel joven de maneras templadas acabaría siendo el regidor más longevo de la historia de la ciudad.

Vivas hizo algo muy poco habitual para la juventud ceutí de su época: cruzar el Estrecho para irse a estudiar a Málaga.

Aquel paréntesis formativo en los estertores del Franquismo le otorgó una visión del mundo que, a su regreso, lo convirtió en el faro indiscutible de su grupo de amigos.

"Cuando volvía a Ceuta, era el centro de atención de la pandilla. Todos le preguntaban. Siempre tuvo ese don, ese liderazgo natural sin pretenderlo", dice una amiga.

Militares patrullan en la Loma Colmenar de la ciudad autónoma. R.M.

No era un liderazgo ruidoso, sino pausado, reflexivo. Esa misma sensatez lo llevó a ascender como funcionario. Fue interventor de la Ciudad Autónoma, gerente de la sociedad municipal Procesa, y un asesor imprescindible en las sombras para alcaldes españoles de todos los colores políticos –del PSOE a coaliciones independientes– antes de dar el salto definitivo a la política de primer nivel.

Todos confiaban en él porque Vivas, antes que un ideólogo, era un solucionador de problemas.

Galdós y el Real Madrid

Antes de que la avalancha diera un vuelco a su rutina, Vivas era un hombre que, cuando la agenda institucional le dejaba, se recluía en casa.

No es un hombre dado a grandes banquetes públicos ni a restaurantes, aunque desde su círculo recuerdan que se esfuerza por visitar los locales de la ciudad para agradecer el empeño diario de los empresarios ceutíes.

Su verdadera pasión, no obstante, se ejerce en el silencio de su salón: es un lector voraz y un amante del fútbol.

En su mesilla se apilan los autores que muestran un carácter fuerte, pero también el del hombre común.

Lee a Mario Vargas Llosa, a Javier Cercas, a Arturo Pérez-Reverte, y ensayos de autoras contemporáneas como Irene Vallejo. Pero, sobre todo, y de quien más se acuerda ahora, es de Pérez Galdós.

No es descabellado pensar que, en las páginas de los Episodios Nacionales, Vivas haya hallado el reflejo histórico de su propia coyuntura: la de la España oficial que colapsa frente a la España real que resiste a base de sentido común, deber y sacrificio individual.

Junto a la literatura, su otra gran válvula de escape es el fútbol. Posee, dicen sus amigos, "una memoria enciclopédica capaz de recitar plantillas enteras de equipos españoles de su juventud" y no se pierde un solo un solo partido de la Agrupación Deportiva Ceuta.

De hecho, le regaló una camiseta del equipo local a Pedro Sánchez en noviembre de 2025, con motivo de una visita del presidente del Gobierno a la ciudad autónoma. Parece que fue hace una década.

Juan Jesús Vivas junto a Pedro Sánchez, en noviembre de 2025. Redes sociales.

Además de animar a los caballas, Vivas también es un ferviente seguidor del Real Madrid.

A principios de septiembre, cuando en pleno estallido mediático las banderas de Ceuta ondearon en las gradas del Santiago Bernabéu en el partido del club blanco frente al Inter de Milán , Vivas sintió un orgullo desbordante frente al televisor. No así cuando Vinícius, Mbappé y Conaté escondieron esta semana sus camisetas de apoyo a la ciudad en el partido contra el Elche.

Pero en su entorno subrayan que se queda con el "Ceuta es España" y "Ceuta no se vende, Ceuta se defiende" resonando en el estadio. Y con la simbólica visita a la ciudad este viernes del presidente del club, Florentino Pérez, junto a la leyenda ceutí del equipo, José Martínez Sánchez 'Pirri', ahora presidente de honor.

Juan Jesús Vivas representa hoy una extravagancia en la política española. La del hombre sin grandes ínfulas que simplemente hace lo que tiene que hacer.

En una era dominada por el tuit incendiario y el sectarismo ciego, él opone un patriotismo de Estado, templado y pragmático.

"El Gobierno de España ha tenido abandonada a Ceuta durante 50 días", asegura su excompañera Yolanda Bel. "No se han ejecutado medidas concretas, y el presidente no va a ocultarlo, porque decir la verdad y mostrarse contundente también es lealtad institucional", concluye.

Puede que la crisis de Ceuta amaine o empeore. Pero, pase lo que pase, en la memoria de los peores días de la historia reciente de España quedará esculpida la figura de este héroe inesperado, y no como una estatua de Hércules, sino como la del hombre cotidiano.

Un hombre que, como los protagonistas de Galdós, nunca quiso asomarse a los libros de texto, pero que cuando sintió el abismo bajo los pies de su tierra, se negó a soltar el timón. Ceuta, al fin y al cabo, era lo primero.