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Las puertas del cementerio musulmán de Sidi Embarek se abren a una gran explanada y varias terrazas repletas de tumbas.

El cementerio del que se encarga Said está en plena ampliación. Las obras estaban previstas desde hacía tiempo, pero tuvieron que acelerarse de manera urgente cuando se produjo la invasión del pasado 30 de julio y el elevado número de fallecidos.

"Cuando vimos que eran 10, 20, 30 muertos, nos empezamos a preocupar porque sabíamos que el 95% se iban a enterrar en Ceuta", relata el trabajador del camposanto a EL ESPAÑOL.

Al final, tal y como pronosticó Said, todos los cuerpos acabaron siendo enterrados en Ceuta.

"No podemos repatriar los cuerpos sin saber quiénes son estas personas", aseguró el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, en una entrevista al canal de televisión árabe Al Arabiya. Ouahbi reclamaba a España los informes forenses necesarios para identificar a los fallecidos antes de iniciar la repatriación.

Marruecos exigía que se acreditasen tanto la identidad como la nacionalidad de las víctimas, mientras los cuerpos continuaban pendientes de sepultura. Al mismo tiempo, rechazaban recoger muestras de ADN de las familias que buscaban desaparecidos de los días 30 y 31.

Ante la falta de entendimiento entre ambos gobiernos, una orden judicial permitió finalmente enterrar los cuerpos después de que permanecieran "20 días en una nevera", como recuerda Said.

Así, los 90 fallecidos que habían muerto ahogados en el mar fueron sepultados en territorio español.

Sus cuerpos hoy yacen en este cementerio orientado hacia La Meca, con ese mismo mar como telón de fondo.

Said, que lleva 26 años al frente de este lugar santo, asegura que nunca había visto una tragedia semejante: "Esto es algo trágico".

"Es un número. Dices, vale, 90, pero cuando te pones a mirar los cadáveres impresiona mucho". De hecho, lo que más le impactó fue comprobar que "todos son jóvenes y que no hay personas mayores".

La magnitud de la tragedia obligó a habilitar rápidamente una nueva zona del cementerio para poder tener una zona donde enterrar a decenas de fallecidos.

Tumbas de algunos de los fallecidos en el mar junto con operarios que continúan las labores de ampliación. Iranzu G. Vergara Ceuta

"Si poníamos en la parte de arriba estos cuerpos, no había hueco para la gente de Ceuta", relata Said a EL ESPAÑOL.

"El cementerio se quedaba pequeño para la población de Ceuta, teníamos proyectada una obra normal, pero tuvimos que hacerla de emergencia", explica el trabajador.

De hecho, él es una de las personas que ha trabajado de manera incansable durante estas semanas para que, finalmente, estos cuerpos tuviesen una sepultura.

Las excavadoras continúan todavía hoy con las obras de ampliación del cementerio. Said calcula que "el cementerio algún día va a chocar con el antiguo", que permanece cerrado.

El viernes 21 de agosto enterraron a las primeras 18 personas, todas ellas sin identificar.

Esas tumbas las colocaron en la parte de arriba, formando una hilera, una detrás de otra.

Sobre ellas pueden verse unos números colocados colocados a modo de lápida, de forma muy sencilla y austera. Es la única manera de mantener identificada la ubicación de cada cuerpo "por si las familias los reclaman algún día".

En esta zona superior, las tumbas de los fallecidos están numeradas desde el 5407 hasta el 5425. Unas cifras que marcan con crudeza la dimensión de la tragedia.

Además de estos nichos, en la parte de abajo de este cementerio, habilitada de forma urgente, fueron enterradas otras 72 personas.

De los 90 fallecidos, sólo se ha conseguido identificar a nueve. Entre ellos, hay una mujer; el resto son hombres.

81 cuerpos sin identificar

En el camposanto, mes y medio después de la invasión, hay 81 cuerpos aún que siguen sin identificar. Parece que no les importasen a nadie.

"No podían estar más tiempo en las neveras y tuvimos que enterrarlos. Todo ello con una orden judicial", advierte Said.

"Les asociamos un número del cementerio, y si la familia en el futuro consigue cotejar las muestras y saben quién es, se les pone el nombre".

Primera hilera de tumbas de los cuerpos de las personas fallecidas en la entrada masiva.. Iranzu G. Vergara Ceuta

Todavía hay "gente que está buscando a sus familiares", pero para confirmar la identidad "tienen que cotejar con las pruebas de ADN para ver si son o no ellos".

Cada cadáver sin identificar tiene "un número de licencia". En ese número se incluyen datos como el lugar y la fecha en que fue recuperado el cadáver, la ropa que llevaba, sus objetos personales y sus características físicas.

Antes de dar sepultura a los cuerpos, el rito musulmán establece que el cadáver debe ser lavado por personas del mismo sexo que el fallecido y, posteriormente, envuelto en una tela blanca.

Los cuerpos se entierran sin ningún tipo de ataúd, "en contacto siempre con la tierra" cuenta Said, porque así es como lo manda la religión. Sobre el cadáver se coloca una especie de losa que hace de bóveda y sobre ella, tierra.

Algunas familas plantan flores sobre las tumbas y otras, no. La diferencia entre las sepulturas de los vecinos de Ceuta y las de quienes murieron en la tragedia resulta más que evidente.

Ahora sólo queda esperar a que el paso del tiempo y las pruebas de ADN permitan identificar los cadáveres. Si es que alguien los reclama. Mientras tanto, sus cuerpos descansan bajo una sucesión de números, a la espera de recuperar algún día sus nombres y apellidos.