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El campamento de Los Rosales está al completo de su ocupación. En total son 864 inmigrantes los que duermen en estas instalaciones desde que se produjo su traslado este domingo.

Conforme se abren nuevos campamentos o instalaciones para acoger a inmigrantes se produce un "efecto llamada", tal y como explican los policías desplegados sobre el terreno a EL ESPAÑOL.

Los que están viviendo en las calles tanto en el propio barrio como en otros, o en las playas quieren entrar en estos centros donde hay literas con colchones y almohadas dentro de las carpas, baños fuera y pueden tener un mínimo de higiene.

Por eso, miles de los que continúan viviendo en las calles cuando "se corrió la voz de que se abría este centro, lo primero que hicieron fue venir hacia aquí", relatan fuentes policiales desplegadas sobre el terreno.

Lo que hacen es ir moviéndose según van viendo que se abren centros porque quieren entrar dentro y dejar de estar en las calles. Algunos de ellos son menores y quieren dejar de pasar noches a la intemperie en las calles o en los asentamientos improvisados que han levantado desde hace un mes y medio.

Las carpas de este campamento están llenas, no pueden acoger a más inmigrantes y los que están fuera se agolpan en las inmediaciones porque confían en que podrán entrar.

Sin embargo, este agolpamiento en las inmediaciones de la antigua cárcel -que es donde se ha levantado este campamento- ha obligado a los agentes de la UIP de la Policía Nacional a intervenir a lo largo de la noche para mantener el perímetro asegurado y evitar "que se cuelen en el interior".

Una imagen que no ha parado de repetirse porque desde que entraron los que estaban en Loma Colmenar se han producido tumultos en la calle, también a la luz del día.

Además, lo que ocurre en estas instalaciones es que se produce un proceso de embolsamiento donde se va documentando a todas las personas que hay dentro de estas carpas.

La otra cara de la moneda es ese efecto llamada que va movilizando a los migrantes de forma itinerante por la ciudad por donde saben que se van abriendo campamentos o instalaciones para albergarles.

Algo que afecta directamente a los vecinos de los barrios donde los instalan, no por los que están dentro de las carpas sino por los que llegan y empiezan a montar sus asentamientos en las inmediaciones.

"Es indignante, estamos abandonados y no lo entendemos que metan ahí a los de Loma Colmenar y no a los que están en los barrios de la periferia", sentencia un vecino a EL ESPAÑOL.

Para ellos es un alivio que instalen estas carpas, pero lo que bajo su punto de vista no tiene sentido "es que los que están durmiendo en las calles no los saquen de ahí y les metan en estos campamentos", explican.

Pero esto es algo que no solo ocurre en este campamento de Los Rosales, ahora el punto de mira está en el campamento del Puerto que será el próximo en abrirse.

De hecho, según cuentan los vecinos a EL ESPAÑOL, "ya hay varios que se están acercando hacia esa zona para ver si les dejan entrar cuando abran".

Al final la situación se alarga en el tiempo y lo que quieren es estar en las mejores condiciones posibles a la espera de ver qué es lo que pasa con ellos.

EL ESPAÑOL ha hablado con algunos de estos inmigrantes y aseguran que "a Marruecos no" van a ir, su deseo es "ir a la península, pedir asilo y trabajar allí".

Mientras tanto se agolpan en las inmediaciones de estos campamentos tanto adultos como menores que están durmiendo en las calles para tratar de presionar e intentar que les acepten dentro.

A contrarreloj para tener las carpas

Los inmigrantes ya están instalados dentro de estas instalaciones, distribuidos por carpas y cada uno con su litera asignada para dormir.

Fuera, tienen baños portátiles y duchas para mantener las condiciones de higiene.

Varios operarios trabajan en el recinto abasteciendo con botellas de cinco litros de agua a las personas que están ahí instaladas. Otros no paran de descargar de camiones las estructuras metálicas que conforman las literas.

Al tiempo, las hormigoneras trabajan sin descanso para continuar acondicionando estas instalaciones mientras casi un millar de inmigrantes están viviendo dentro.

De hecho, el vallado del perímetro de las carpas apenas ha tardado en realizarse unas horas.

En el exterior algunos rezan a media tarde en las afueras de las carpas.

Y, es que, esta situación indigna a los agentes que están desplegados sobre el terreno porque mientras ellos tienen que dormir en colchones insalubres y muy viejos, en estos asentamientos se están colocando colchones y almohadas nuevas.

Su queja no es contra la dignidad de las personas, sino que es una petición para que el Gobierno les coloque a ellos también en condiciones dignas para poder dormir en unas condiciones que les permitan descansar para desempeñar bien el trabajo.