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La confianza de Mediaset en Carlos Sobera aumenta cada día. Y es que, además de verle presentando cada día en Telecinco First Dates y los fines de semana El precio justo, desde el pasado 7 de septiembre el vasco tiene nuevo proyecto, Rueda la letra, el concurso de las tardes de Mediaset que contiene el famoso Rosco que tantas alegrías le dio a Pasapalabra.

Y es que los espectadores podrán ver al presentador todos los días de la semana: de lunes a viernes en el programa de citas, los sábados y domingos en El precio justo y los siete días en una emisión especial de Rueda la letra.

Eso sí, ante tal carga de trabajo Sobera ni se inmuta, ya que vive uno de los momentos más intensos de su carrera. Acaba de cumplir 66 años: "Los cumplí el 11 de agosto cuando estaba de vacaciones en Cádiz", le cuenta a EL ESPAÑOL, y reconoce que atraviesa una etapa de trabajo desbordante, incluso para alguien que lleva décadas encadenando programas.

"Nunca he tenido tanta carga de trabajo como ahora", admite. No lo dice como queja, sino como constatación: se mueve entre platós, grabaciones y teatro con una energía que sorprende incluso a él mismo. "Me doy cuenta de que la tengo con 66 y que la resuelvo de maravilla y recupero. Luego, que se vaya preparando la gente. Yo creo que hasta los 87 o los 88 no me jubilo", señala entre risas.

La palabra jubilación sobrevuela al vasco, pero siempre lejos porque para él es casi una idea ajena: "Los artistas no nos jubilamos nunca. Porque siempre hay un papel para nosotros, aunque sea de abuelo", explica. Y cuando llegue el momento de dejar la tele, seguirá en el teatro o en alguna serie: "No me retiraré nunca", asegura.

“Cuando eres artista y te gusta este mundo, es tu pasión, es tu modo de vivir y de relacionarte con los demás. Entonces, no tienes ganas de jubilarte para plantar unos nabos o unos espárragos, ni para pasarte todo el día viajando. Tienes ánimo y ganas de seguir haciendo lo que te gusta, porque es tu manera de vivir. Y luego poder tener tiempo, que eso lo queremos todos, para viajar o para lo que sea", añade.

Su rutina confirma esa resistencia. Cuando combina varios programas, como ahora First Dates y Rueda la letra, ya que dejó hechas grabaciones suficientes de El precio justo para que se puedan emitir hasta enero, su día se convierte en una carrera de fondo.

"Empiezo a trabajar en plató a las once y cuando llego a casa son casi las doce de la noche. Entonces no tengo tiempo ni para leer un poco, ni para escuchar música, ni siquiera para relajarme". Lo cuenta sin dramatismo, pero consciente de que el cuerpo le envía señales: "Casi me meto con tensión en la cama a ver si duermo apretando los puñitos porque al día siguiente hay que madrugar", admite.

La edad, dice, introduce matices, no en su capacidad para trabajar, sino en la recuperación y recuerda una frase del ciclista Miguel Indurain para explicarlo: "Decía que era capaz de subir el Tourmalet, el problema estaba en que al día siguiente no recuperaba lo suficientemente rápido como para subir el Mont Blanc".

En su caso, asegura, ocurre lo contrario, ya que ahora trabaja más que nunca y se recupera mejor que cuando era joven: "Cuando hacía ¿Quién quiere ser millonario? vivía en otro mundo, grababa tres entregas al día y me sobraba tiempo para todo".

¿Miedo a cansar a los espectadores?

Ese contraste entre pasado y presente aparece también cuando se le pregunta por la sobreexposición. Mediaset lo tiene en tres programas (First Dates, El precio justo y Rueda la letra) y él bromea con que ha estado tentado de pedir una cama en el camerino "en más de una ocasión", dice.

Pero lo vive como un gesto de confianza: "Me pone muy contento que la cadena tenga tanta confianza en mí. Ha tenido desde el principio, desde que volví en 2016". Aun así, cree que esta acumulación es puntual y que "las aguas volverán a su cauce".

Durante la conversación descubrimos un rasgo desconocido para el gran público. Carlos Sobera es muy supersticioso. "Una vez me dijeron que el ocho era mi número, porque nací el once del ocho del sesenta, y todas las cifras suman ocho", cuenta.

Lo lleva a extremos: "Cuando alguna vez he tenido que ir a un hospital, aparco el coche en la plaza número ocho, para que todo vaya bien". También celebró que el primer programa de Rueda la letra se grabara el 26 del 8 de 2026 y que el estreno fuera el 7 del 9 de 2026: "Todo suma ocho. Dije: caray, pues nos tiene que ir bien".

Carlos Sobera, en el plató de 'First Dates'. EE

Un reto a su altura

La conversación gira hacia el nuevo concurso de Mediaset, Rueda la letra, el formato que recupera la esencia del antiguo Rosco. Sobera recuerda que recibió la propuesta a mediados de julio, "de viva voz, vis a vis", y no dudó ni un segundo.

"Me parecía un proyecto muy ilusionante, muy atractivo. Me hizo mucha ilusión". Es consciente del peso histórico del formato y de la complejidad judicial que ha rodeado su regreso con la pelea entre Mediaset, Atresmedia y los dueños de los derechos del concurso y de la prueba estrella, El Rosco: "Sé lo conflictivos que son todos los asuntos de derechos de autor, propiedad intelectual. Es una materia extraordinariamente compleja", afirma.

Pero él se mantiene al margen: "Tú lo único que puedes hacer es trabajar. Esto queda fuera de mi control".

Lo que sí controla es la técnica. Rueda la letra exige una velocidad vocal que nunca había tenido que aplicar. "Aquí, más importante que la velocidad hablando, es cómo acoplar la velocidad del presentador a la de los concursantes, porque a veces nos solapamos. Eso es quizá lo más difícil".

Aun así, asegura que la dicción nunca ha sido un problema: "Siempre la he tenido buena. Todo el mundo me entiende cuando hablo".

El concurso tiene dos partes muy distintas. La primera, con pruebas y famosos, le permite jugar, improvisar y ser fresco. "Es un momento de mucha complicidad, muy divertido, muy loco". La segunda, la rueda, es pura tensión. "Es una prueba vibrante, subyugante. El talento de los concursantes es tan inmenso que te da un gusto tremendo escucharles y verles jugar en directo".

También habla del respeto entre presentadores. No ha llamado aún a Roberto Leal, pero lo hará: "No quiero molestarle. Los compañeros de profesión nos tenemos un profundo respeto y una profunda admiración".

Y añade: "Le deseo lo mejor con su concurso y estoy seguro de que él también me desea a mí lo mejor". No obstante, con el que sí ha hablado es con Christian Gálvez, que presentó Pasapalabra en Telecinco: "Me escribió un mensajito deseándome mucha suerte, le di las gracias y chateamos un rato", nos desvela.

Una carrera que se explica sola

Para terminar, Sobera repasa con nosotros su amplia trayectoria, ya que ¿Quién quiere ser millonario? es "el programa de mi vida", el que lo dio a conocer y lo cambió profesionalmente; Date el bote en ETB permitió mostrar otra faceta y llegar a Latinoamérica. First Dates supuso una reinvención total: "Me ha prolongado muchísimo la vida profesional. Este cambio lo tuve con 55 años y estoy ahora con 66”.

Su camino, dice, estaba marcado desde joven: "Siempre tuve claro lo que quería ser". Estudiaba Derecho como paracaídas, ya que se licenció en Derecho en la Universidad de Deusto y ejerció de profesor de Derecho de la Publicidad en la Universidad del País Vasco (UPV), pero actuaba en el grupo de teatro de la universidad porque la interpretación siempre llamó a sus puertas, llegando a fundar una compañía teatral.

"Le diría a aquel Carlos lo mismo que me decía cuando estudiaba Derecho Romano, que era un peñazo: tú sigue, que algún día seguro que el sueño que te has planteado lo alcanzas".

Mientras ejercía su labor docente, Sobera trabajó como guionista y presentador en la televisión autonómica vasca (Euskal Televista) en varios formatos, hasta que le llegó la oportunidad de trasladarse a Madrid para trabajar en su sueño, ser actor.

"Incorporarme a la serie Al salir de clase fue un cambio de vida porque estaba dando clases en la universidad, era actor de teatro y trabajaba como presentador, y todo era compatible allí. Pero venirme a Madrid significaba dejar esas cosas, y fue una decisión muy seria porque una de las que tenía que dejar era la universidad", recuerda el presentador.

Y explica que "lo hice por credibilidad, era muy difícil dar clases y participar en la serie. Abandoné un trabajo seguro y un modelo de vida por venirme a Madrid, como los antiguos actores de los años 50 y 60, con la maleta a probar fortuna".

Y añade que "en Al salir de clase fue la primera vez que aparecí en Telecinco, de ahí pasé a una serie que se llamaba Quítate tú pa’ponerme yo y luego, al mítico concurso 50 por 15 (¿Quién quiere ser millonario?). Posteriormente volé por otros lugares y volví otra vez, después de muchos años, a Mediaset".

Poniendo celoso al mismísimo Thor

En la histórica serie juvenil de Mediaset Sobera interpretó a Eduardo Medina, el padre de Nico (Rodolfo Sancho), durante 184 episodios, donde los espectadores pudieron ver las andanzas del banquero que dejó su trabajo para montar una floristería mientras estaba obsesionado con que su hijo fuera una estrella del fútbol: "Era una delicia, un regalo de personaje", admite.

Uno de los momentos míticos de aquella serie fueron los capítulos en los que Raquel (interpretada por Elsa Pataky) intentaba ligar con él. Ambos terminaban en casa de ella, pero el desenlace no era el esperado por el personaje de la actriz: "Debo de ser el único que le ha hecho una ‘cobra’ a Elsa", admite entre risas.

"Aquello no fue ni beso ni nada. Para una vez que me dejan pillar cacho… Me permití el lujo de rechazarla… por guion", reconoce Sobera entre risas.

La frase que le dice Eduardo a Raquel en aquel episodio para excusarse y marcharse fue: "Lo siento mucho, pero yo juego en otro equipo".

Eso sí, el destino quiso que, unos años más tarde, sí se besaran: "Intervine en un capítulo de una serie de RTVE que se llamaba Paraíso y pude besarla", recuerda el presentador. Y es que, quién le iba a decir al mismísimo Thor (Chris Hemsworth), actual pareja de Elsa Pataky, que sería el ‘segundo plato’ de la actriz española tras el no de Sobera en la ficción: "Lo que hace falta es que un psicólogo se lo diga a Chris", concluye bromeando Sobera.