A las nueve de la mañana, en un pequeño pueblo de León, ya hay varias personas esperando. No es el mercado, ni el médico, ni el farmacéutico. Es una furgoneta verde que, durante unos días a la semana, se convierte en consulta de podología.
Dentro viene David Muñoz, un podólogo leonés que llega a atender a los vecinos que, de otro modo, tendrían que recorrer decenas de kilómetros para cortarse las uñas o tratar una herida.
David trabaja en la capital leonesa en su propia consulta y en los hospitales HM, aunque antes de crear esta consulta sobre ruedas ya recorría algunos pueblos de la provincia tratando pies.
De esa etapa de "trotapueblos" tiene muchas anécdotas y trabajaba con lo que tenía y le prestaban: "atendía en las propias casas con tres sillas, una para el paciente, otra para sus pies y otra para mí".
A raíz de querer mejorar este servicio que realizaba con su propio coche, hace un año se le ocurrió la idea de crear una consulta portátil para ofrecer un mejor servicio y mayor comodidad.
El proyecto cubre una gran necesidad ya que "el medio rural no tiene un acceso sencillo a servicios sanitarios especializados, ya sea por dificultades de desplazamiento, distancia o limitaciones en su día a día".
En esta ruta, el podólogo ya atiende a más de 20 pueblos durante 3 días a la semana, incluso hay ayuntamientos que contactan directamente con él para que venga a atender a sus vecinos.
Bajo el nombre de "A pie de pueblo", comenzó esta iniciativa. David se hizo con una ambulancia a principios del año pasado y comenzó un largo proceso para convertirla en su consulta móvil.
Transformación
Hacer realidad esta transformación no fue algo fácil ni rápido, tras conseguir una unidad móvil comenzaron los problemas para hacer algo parecido a "camperizarla".
Fue un proceso tedioso en el que asume que pensó muchas veces en "ponerla en Wallapop" y olvidarse. Pero poco a poco junto con el equipo de Intdea y camperiza-t que le han ayudado a transformarla, iban superando las que llama "microcrisis".
Así es como David llama a los pequeños y grandes problemas que iban apareciendo, con la transformación del vehículo, el peso, la burocracia, la ITV, homologaciones, permisos y controles de sanidad...
Además David dice que no ha contado con ningún tipo de subvención a nivel de diputación, nacional o europeo.
Sin embargo dice que desde el papeleo más cercano, local, sí ha notado interés rápido y apoyo al proyecto al ser una idea muy útil y ofrecer un servicio muy necesario en estos lugares.
En el mes de diciembre por fin pudo terminar y poner en marcha la que él denomina cariñosamente como su "calloneta" que lleva rodando por más de veinte pueblos desde el mes de enero.
Eso sí, no le falta un detalle, la unidad está totalmente equipada para realizar desde tratamientos básicos hasta pequeñas intervenciones, como uñas encarnadas, eliminación de callos y todo tipo de tratamientos.
"Tiene todo lo que te puedes encontrar en una consulta de podología" desde lavamanos, un sillón, plataforma de presiones y "hasta hojas de reclamaciones que espero no tener que usar" bromea.
Interior de la "calloneta".
Esperan con ganas
Cuando llega a los pueblos, David va como él dice, "superfeliz" y que desde hace años que empezó a hacer estas rutas se siente muy querido y agradecido por sus pacientes.
"Me he dado cuenta de que para estas personas soy su momento de socializar" ya que los pacientes que trata suelen ser personas mayores y estos pueblos están deshabitados.
Al final David no solo cuida los pies, también está haciendo una gran labor social en ese pequeño rato que comparte con ellos, les da "cercanía, les escucho y les acompaño que es igual de importante" mientras les quita los callos.
Un señor junto a la unidad móvil en un pueblo leonés.
Además de estos pacientes guarda muchas anécdotas. Varias veces se ha encontrado con pacientes que curiosamente no quieren mostrar el pie que en teoría está bien y solo muestran el que les molesta.
Resulta que esta intimidad curiosa se debía a que solo se habían lavado o preparado el pie y las uñas que tenían mal y no los dos, una sorpresa divertida que son gajes del oficio.
Acumular estas anécdotas no está pagado, aunque el servicio sí que tiene un precio más asequible que si se realizara en la clínica. Incluso hay un ayuntamiento, Corbillos de los Oteros, que paga a los usuarios cinco de los 20 euros que cuestan los tratamientos.
"En la clínica cuestan más, pero las personas jubiladas de los pueblos no tienen la misma capacidad adquisitiva". David conoce a muchos de sus clientes desde hace años, "antes de tener la ambulancia móvil me cedían un local, pero no me parecía profesional".
Modernizarse
Para estos vecinos mayores, no suele ser fácil pedir cita, por ello Ayuntamientos, asociaciones de jubilados y vecinos se encargan de apuntarlos en una lista y llamar a David para que fije el día y la hora a la que se traslada la unidad casi a la puerta de los pacientes.
David Muñoz, podólogo tratando un paciente en la "calloneta".
Por ello, David está trabajando en mejorar el proyecto. Ahora está creando un sistema para que los pacientes pidan cita ellos solos sin ayuda desde el móvil antes de que vaya.
La idea es que el programa sea muy sencillo para sus clientes mayores. Para ello solo tendrán que escanear un código qr que tiene pegado en el lateral de la furgoneta.
A partir de ahí solo tienen que "buscar la fotografía de su pueblo en grande, pinchar en ella y escribir su nombre, nada más".
Imagen del exterior de la "calloneta" con el código qr.
Pero más allá de la tecnología o de las mejoras que puedan venir, la esencia del proyecto sigue siendo la misma: acercar un servicio básico a quienes lo tienen más lejos, uniendo la gran vocación sanitaria de David y su compromiso con el entorno rural.
En cada parada, la "calloneta" no solo cubre una necesidad sanitaria, también rompe, aunque sea por unas horas, la rutina de pueblos cada vez más vacíos, donde cualquier visita se convierte en acontecimiento.
Cuando David recoge el material y arranca el motor para dirigirse al siguiente destino, deja atrás algo más que pacientes atendidos. Deja conversaciones, risas y la sensación de haber estado acompañado.
