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El ucraniano Vasyl Davydko se enfrentó completamente solo la pasada primavera a la mayor operación de propaganda que el Kremlin despliega en toda Europa, el Regimiento Inmortal, y, de acuerdo con su testimonio, terminó "pateado en los testículos" por un ex periodista ruso de RTVE "llamado Vladimir".

Con la excusa de conmemorar la derrota nazi, los 'apparátchiki' de Moscú organizan cada 9 o 10 de mayo por el centro de Madrid una procesión que congrega a ese comunismo paleontológico español que confunde a Putin con la URSS; a los cuadros y asociaciones de compatriotas que orbitan alrededor de la Embajada rusa y a la diáspora más confundida por las mentiras del dictador.

Davydko se vistió de ruso para infiltrarse entre ellos. Se prendió varias cintas de San Jorge, se mezcló con la columna y avanzó durante un tramo de la marcha como uno más.

Primero, desplegó la bandera ucraniana. Pero se la arrebataron en apenas unos segundos.

Luego se confundió de nuevo entre la turba putinista y los prorrusos españoles y sacó de su mochila una enseña rojinegra, que es precisamente el símbolo del nacionalismo revolucionario ucraniano, asociada históricamente a la OUN-B de Stepan Bandera y a la insurgencia partisana de la UPA: rojo por la sangre, negro por la tierra.

Secuencia del vídeo grabado en Madrid el 10 de mayo de 2026. Vasyl Davydko aparece con la bandera rojinegra asociada a la OUN-B de Stepan Bandera y a la insurgencia de la UPA, en los instantes en que otro participante se la arrebata por la fuerza. Redes

La bandera ha sido usada precisamente por el Kremlin como materia prima de una de sus grandes falsificaciones: tomar la existencia histórica del nacionalismo banderista y de una extrema derecha minoritaria, y convertirla en la gran patraña amplificada hasta la náusea por RT de una Ucrania "nazi" a la que Rusia trata de "desnazificar".

El momento quedó registrado en un vídeo de apenas unos segundos obtenido por EL ESPAÑOL donde se ve a Davydko contemplar la marcha sobre la acera de manera pacífica hasta que alguien no identificado le arranca violentamente de las manos la bandera de la OUN-B.

Los organizadores del llamado Regimiento Inmortal lo colgaron inicialmente en su canal de Telegram, pero lo suprimieron al cabo de unos días cuando aquel rifirrafe de apariencia menor comenzó a convertirse en la punta del iceberg de un conflicto mucho más serio.

Fotografía de Vasyl Davydko difundida por el canal de Telegram del Regimiento Inmortal de Madrid junto a un llamamiento para localizar a posibles «perjudicados» y recopilar «precedentes» y «acciones agresivas» atribuidas al ucraniano. Redes

Guerra silenciosa

En suelo español se libra otra guerra silenciosa entre los comisarios de Putin y los ucranianos que sale poco o nada en los papeles: una guerra de baja intensidad, sin trincheras, hecha de propaganda, intimidaciones, agresiones, denuncias, campañas de señalamiento y algún cadáver como el del desertor ruso Maksim Kuzmínov, acribillado en Villajoyosa en 2024.

Lo extraordinario de este último episodio madrileño es que Davydko denunció inmediatamente ante la Policía Nacional la agresión en los genitales que dijo haber sufrido.

Pero la causa fue archivada y, en su lugar, fue juzgado él mismo el pasado jueves a tenor de otra denuncia presentada 18 días después de la suya por Victoria Samoylova y otras dos participantes en la marcha.

Denuncia presentada por Davydko tras la agresión que asegura haber sufrido durante la marcha del Regimiento Inmortal, con el relato de la patada en los genitales y las lesiones reflejadas en el informe hospitalario. La causa fue archivada. EL ESPAÑOL

Para los que no tengan fresco el expediente, Samoylova es la agente de influencia rusa que dirigió desde Madrid la cacería contra el sacerdote ortodoxo Andrey Kordochkin cuando éste se negó a bendecir la invasión de Ucrania, promoviendo una campaña brutal de desprestigio que logró expulsar de la parroquia al respetado rector y guardián de la, primero, iglesia y luego catedral.

Mientras perseguía al cura ruso por negarse a bendecir los crímenes de Putin, Samoylova utilizaba su cuenta de VK para reclutar hackers, especialistas en ataques DDoS y phishers para Cyber Army of Russia, una de las organizaciones de ciberdelincuentes que han reivindicado ataques contra objetivos españoles.

El propio Putin se lo reconoció en persona: el 30 de abril de 2025 la recibió en el Museo de la Victoria de Moscú y la saludó como organizadora de una de las marchas más multitudinarias del Regimiento Inmortal en Europa: la de Madrid.

El pasado jueves, la misma misionera del putinismo compareció ante un juez junto a una abogada y una guía turística, ambas también rusas, para acusar a Vasyl de infiltrarse en la marcha para provocar a sus participantes.

Asegura igualmente que golpeó a una rusa llamada Maryna Rajmalova en el transcurso de la marcha.

"Es todo un disparate", explica a EL ESPAÑOL el ucraniano. "Yo no fui allí ni a ningún otro lugar a pelearme con nadie. Fui yo quien terminó agredido y más tarde, procesado".

Pasado

Davydko no es el extravagante agitador que dibuja la denuncia de la propagandista rusa. Y menos todavía, un nazi.

Nació en Ucrania hace 35 años, pero se crió desde la adolescencia en Ázqueta, un pequeño pueblo de la merindad navarra de Tierra Estella, adonde había emigrado antes su madre soltera.

Buena parte de su formación y de su vida adulta han transcurrido en nuestro país. Estudió Economía y disciplinas cuantitativas, pasó por la Universitat Pompeu Fabra y por la prestigiosa ENSAE ParisTech francesa y terminó regresando a la universidad barcelonesa como profesor asociado de Economía Aplicada.

Ni la guerra ni el compromiso con su país apareció en su vida el día en que decidió sacar una bandera partisana frente a unos rusos en Madrid.

La Pompeu Fabra llegó a contar entonces cómo coordinaba a decenas de personas para mover información, material médico y suministros.

Pero no es su pasado lo que se examina ahora.

El juez de la Plaza 8 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de Madrid, que lo juzgó el pasado jueves, tendrá que decidir en la sentencia que hará pública este martes, 8 de septiembre, si las conductas que los rusos le atribuyen pueden tener consideración de delito leve o si carecen de relevancia penal.

Vasyl Davydko, el pasado jueves, día 3 de septiembre, a la salida del juicio celebrado en Madrid. La sentencia no se conocerá hasta el martes, 8 de septiembre. EL ESPAÑOL

"Si de verdad yo hubiera ido allí a agredir a alguien, lo lógico habría sido querellarse ese mismo día y no presentar una demanda 18 días después de que yo denunciara por agresión a un ruso al que había visto ya en la catedral ortodoxa rusa de Santa María Magdalena", asegura.

A juicio de Vasyl, una cosa es que les resulte insoportable que un ucraniano se plante delante de ellos con determinados símbolos y otra muy distinta convertir después esa provocación política en una colección de delitos.

"Lo que han hecho es coger cuatro situaciones distintas y fabricar con ellas un ucraniano violento que persigue a los rusos. Pero ese personaje no soy yo", apostilla.

En efecto, la denuncia cose cuatro jornadas de mayo y tres madrigueras del putinismo en Madrid: la catedral ortodoxa rusa, el Regimiento Inmortal y la representación diplomática de Moscú.

Todo comenzó el pasado 9 de mayo en Santa María Magdalena. Davydko acudió a una misa oficiada en esa catedral madrileña con el tridente ucraniano, el emblema nacional que figura en el escudo de armas de su país, prendido discretamente en la ropa.

"Y el 17 regresé porque quería enfrentarme a quienes apoyan esta guerra con una contradicción que para mí es evidente: no puedes presentarte como cristiano y al mismo tiempo justificar que se mate a miles de ucranianos", afirma.

"Por eso coloqué junto a la puerta del templo una pancarta que comenzaba con "Gloria a Jesucristo" y citaba la Primera Carta de Juan: "Quien dice que ama a Dios y odia a su hermano es un mentiroso". Pedía que rezaran por los muertos de Ucrania, recordaba a Nemtsov y Navalni y terminaba diciendo: "Todos a los tribunales. Parad la guerra".

Pancarta en ruso exhibida por Vasyl Davydko ante la iglesia ortodoxa rusa de Santa María Magdalena de Madrid, junto al fragmento de la denuncia presentada contra él en el que las denunciantes incorporaron su traducción al castellano. EL ESPAÑOL

Contraparte

Las denunciantes, por el contrario, sostienen que Davydko hostigó a los fieles y vertió una serie de líquidos en el agua del interior de la iglesia.

Únicamente hay un problema: según el ucraniano, carecen de pruebas físicas. Solo los testimonios de varias personas de esa parroquia situada bajo la órbita de Moscú y de todo el entramado de influencia de Moscú en España.

"Aquí hay una circunstancia que para nosotros es fundamental: nadie habló de daños ni de agresiones ni de nada cuando los hechos sucedieron; nadie presentó una factura; nadie acreditó que se hubiera perjudicado ningún bien", dice una de las abogadas de Vasyl, Liliya Mikolayiv.

"Es tras poner en conocimiento de la otra parte esa denuncia, cuando aparece la demanda en la que de repente se enumeran los supuestos daños, las supuestas coacciones, la supuesta agresión... Han hecho ahí una mezcla de todo lo denunciable a ver qué prospera", prosigue la letrada.

Mikolayiv no es solo una abogada. Presidió durante más de una década una asociación de ucranianos. Durante un año estuvo también al frente de la agrupación de asociaciones ucranianas del país.

Esta nueva denuncia contra uno de sus compatriotas hace igualmente referencia a un episodio ocurrido el 13 de mayo ante la representación diplomática de Rusia en Madrid.

Según las denunciantes, Davydko se apostó frente al edificio con una bandera ucraniana y música con la intención de intimidar y coaccionar a quienes se encontraban allí.

Por el contrario, el ucraniano afirma que se limitó a exhibir la enseña de su país y que la propia Guardia Civil acudió al lugar, lo identificó y, una vez comprobada su documentación, le permitió continuar con la protesta.

"Es como si te pones con una bandera española delante de la sede de la Generalitat y alguien dice que les estás coaccionando. Yo estaba delante de la representación de un estado que ha invadido mi país. No necesitaba hacer nada más. Ésa era toda la provocación. Llegó la Guardia Civil, me identificó y colaboré en todo momento".

¿Por qué no progresó su propia denuncia pese a que fue él, en realidad, quien inicialmente denunció a un ruso por agresión?

Tras el incidente, Davydko fue apartado por los agentes mientras concluía la marcha y después acudió al Servicio de Urgencias del Gregorio Marañón.

Allí relató que había recibido una patada en los genitales y que durante aquella tarde había sufrido pérdidas de orina.

Los médicos hicieron referencia a un traumatismo escrotal, consignaron "dolor en el testículo derecho e incontinencia urinaria referida por el paciente" y le practicaron una exploración y una ecografía que descartaron lesiones internas de gravedad.

Con aquel parte de lesiones, a las 00:15 horas del día siguiente acudió a una comisaría de la Policía Nacional. En su denuncia dejó constancia también de que varios agentes habían presenciado el incidente y de que sus gafas habían quedado destrozadas durante el altercado.

Sin embargo, en el momento de la denuncia, Davydko no conocía el apellido de su presunto agresor. Aportó el nombre de pila, Vladimir, explicó que era ruso y describió el contexto en el que podía localizarse.

La causa, tramitada como juicio por delito leve 1658/2026 en la Plaza 8 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de Madrid, terminó archivada debido, entre otras cosas, a que el supuesto agresor no pudo ser identificado en el procedimiento.

Presunto agresor

A partir de las indicaciones proporcionadas por el ucraniano, el equipo de reportajes de este diario digital logró ponerle cara y nombre esta semana.

Su nombre es Vladimir Pototsky. Se presenta en las redes como antiguo periodista de RTVE y durante años fue secretario de la comunidad ortodoxa rusa de Santa María Magdalena de Madrid.

Davydko examinó posteriormente distintas fotografías de Pototsky y corroboró sin vacilar que aquel era, en efecto, el "Vladimir" al que había señalado desde el primer momento como su atacante.

La denuncia rusa fue suscrita, junto a Samoylova, por Natalia Negrei Iaschenko, guía turística afincada en Madrid, y Yulia Ajramovich Kupryi, abogada y veterana del asociacionismo ruso en España.

De izquierda a derecha, Yulia Akhramovich Kupryi, abogada; la guía turística Natalia Negrei Iaschenko; y Victoria Samoylova Daniyarova, junto a un fragmento de la denuncia conjunta presentada contra Vasyl Davydko. Redes / EL ESPAÑOL

Ajramovich acababa además de ser proclamada vencedora en España del concurso ruso "Líder de la Diplomacia Pública", en la categoría de "Diplomacia Jurídica", por su defensa de rusoparlantes, su lucha contra la denominada "rusofobia" y su trabajo con personas procedentes del Donbás.

Lo de luchar contra la "rusofobia" puede sonar legítimo.

El problema es que el Kremlin ha estirado el concepto hasta convertirlo en una categoría política donde caben también las denuncias contra activistas como Vasyl.

"Rusofobia" es, de acuerdo con su criterio, cualquier cosa que desafíe a la dictadura de Putin o cuestione la agresión a Ucrania.

Moscú no sólo desfila. También litiga. Y una de las tres mujeres que denunciaron a Davydko lleva años instalada precisamente en esa otra trinchera que en muchas partes del mundo fabrica causas para reprimir la disidencia.

Y es aquí donde la chapuza rusa adquiere una dimensión casi grotesca. El citado premio otorgado a Ajramovich fue anunciado el 27 de mayo, sólo dos días antes de que ella, Samoylova y Negrei acudieran a denunciar a Davydko.

Y uno de los miembros del jurado que había evaluado precisamente aquella candidatura era justamente Vladimir Pototsky.

O negro sobre blanco: el hombre al que la denuncia de Vasyl no logró poner apellido estaba sentado, apenas dos días antes de la denuncia contra él, en el jurado que premiaba a una de las tres mujeres que terminarían acusándolo.

Dos imágenes tomadas a la salida de la iglesia ortodoxa rusa de Santa María Magdalena de Madrid. Las flechas señalan a Vladimir Pototsky. Vasyl Davydko asegura y corrobora que él fue su agresor. Sin embargo, fue El Español quien averiguó la identidad esta semana de ese antiguo colaborador de RNE. Días atrás, la denuncia fue archivada porque la policía aseguró que no se había acreditado quién era el presunto agresor. EL ESPAÑOL

Según Liliya Mikolayiv, en determinados procedimientos, la Policía puede considerar que, por la entidad de los hechos, no resulta necesario emplear más tiempo y recursos en practicar nuevas diligencias.

"Y por desgracia, este tipo de denuncias e incidentes que involucran a ucranianos muchas veces no prosperan porque los agentes dan por hecho que no existe un interés particular en realizar esfuerzos adicionales", se lamenta.

A su juicio, lo ocurrido con Vasyl conecta con una queja mucho más antigua de la comunidad ucraniana en España y que convierte lo acaecido en mucho más que un episodio trivial.

Desde la anexión de Crimea en 2014, sostiene, la guerra de Moscú contra Ucrania comenzó a tener también una retaguardia española.

"Hemos presentado denuncias por amenazas en redes sociales y por correos que recibían nuestros miembros y, por desgracia, no se han querido investigar. La propaganda rusa y sus acciones intimidatorias han sido durante años muy poco tomadas en serio en España", asegura.

Su reproche no consiste en presentar a las fuerzas de seguridad españolas como incompetentes. De hecho, la Comisaría General de Información de la Policía Nacional, el Servicio de Información de la Guardia Civil o el CNI sí realizan seguimiento de parte de estas redes.

Lo que describe es algo probablemente más difícil de corregir: cuando esa presión desciende del terreno de la seguridad nacional al insulto, la amenaza, una agresión o el acoso contra una persona concreta, demasiadas veces el episodio acaba tratado como un incidente menor.

Ella misma sufrió en 2023 un robo espectacular que jamás fue aclarado.

Poco después de participar en trabajos relacionados con las prioridades del Gobierno español durante la Presidencia del Consejo de la Unión Europea, un motorista le arrancó el teléfono mientras cruzaba un semáforo y huyó con un terminal que contenía contactos de políticos, abogados y representantes de la comunidad ucraniana, además de valiosa información sobre sus actividades.

"¿Puedo demostrar que fueron los rusos? No. Pero después de todo lo que hemos vivido y considerando que todo lo ocurrido fue muy profesional, comprenderá que tampoco me pareciera un simple robo de móvil", afirma.

La identificación del presunto agresor de Vasyl abre ahora una posibilidad que no existía cuando se archivó el procedimiento: la de solicitar la reapertura de aquella causa contra Pototsky y practicar las diligencias que no llegaron a realizarse.

¿Qué alentó a Davydko a actuar por su cuenta? Según dice, lleva años contemplando con una mezcla de estupor y rabia que, mientras en su país caen misiles y mueren personas, en España las mismas estructuras que reproducen el relato del Kremlin puedan desfilar, organizar actos y presentar la invasión como una guerra defensiva.

"Quería ir allí, ponerme delante de ellos y obligarles a encontrarse con aquello que intentan borrar de su relato: que Ucrania existe, que los ucranianos no somos nazis y que Rusia ha invadido otro país", asegura.

Regimiento Inmortal

El Regimiento Inmortal hace mucho que dejó de ser el homenaje espontáneo que nació en Tomsk en 2012 para que las familias sacaran a la calle las fotografías de sus muertos en la Segunda Guerra Mundial.

Un documento ruso de 2024 localizado por este diario digital permite además desmontar la ficción de que semejante puesta en escena surge espontáneamente de familias nostálgicas.

Las recomendaciones de la dirección central del Regimiento Inmortal de Rusia explican minuciosamente cómo movilizar administraciones, asociaciones profesionales y organizaciones de veteranos; cómo imprimir y colocar retratos en vehículos públicos; y cómo incorporar a los soldados de la actual "operación militar especial" junto a los veteranos.

El caso de Davydko tampoco empieza con Davydko.

Desde hace años hay otro ucraniano recorriendo España detrás de los mismos personajes, los mismos actos y las mismas banderas: Vadym Syroyezhko, un activista afincado desde hace más de dos décadas en Canarias.

Cartel de "Estado patrocinador del terrorismo" colocado por el activista ucraniano Vadym Syroyezhko junto a la señalización del Consulado Honorario de Rusia en Canarias, y secuencia de la agresiva reacción de Gonzalo Parada a la entrada de la oficina. Parada fue condenado posteriormente por amenazas y vejaciones a su expareja. Se le impuso seis meses de prisión y 15 días de localización permanente. EL ESPAÑOL

En abril de 2024, una protesta suya ante el Consulado Honorario de Rusia en Las Palmas terminó cuando el entonces cónsul honorario, Gonzalo Parada Santana, lo empujó violentamente.

Vadym había colocado junto a la oficina carteles que señalaban a Rusia como "estado patrocinador del terrorismo". Cuando apareció Parada, el ucraniano le espetó: "Usted representa a un país terrorista".

"Puedo imaginar el infierno que ha vivido al enfrentarse solo a esa multitud de fanáticos", asegura Syroyezhko.

"Yo mismo he vivido situaciones muy parecidas y, en momentos así, no puedes evitar pensar que, si estuvieras en un territorio bajo ocupación rusa, apenas tendrías posibilidades de evitar una brutal paliza, el encarcelamiento o un caso fabricado contra ti".

"Y en España, mediante una denuncia sin fundamento, pretenden convertir la justicia en una herramienta para perseguir a una persona simplemente por su nacionalidad ucraniana".