La herida fue una: una cuchillada en el pecho que alcanzó el corazón de Carles Vilajosana, de 45 años, en la calle Sant Jaume de Manresa. Eran alrededor de las 5 horas, plena madrugada del martes 1 de septiembre, cuando la ciudad agotaba las últimas horas de su Fiesta Mayor.
Los primeros Mossos que llegaron al lugar encontraron a este vecino herido de gravedad sobre la calzada. Fueron los primeros en comenzar las maniobras de reanimación. Luego les relevaron dos unidades del Sistema de Emergencias Médicas. Horas después, la comitiva judicial llegó para levantar el cadáver.
Eran ya para entonces en torno a las 10. En aquel momento, la División de Investigación Criminal ya trataba de recomponer las dos escenas que precedieron este asesinato: una primera pelea que se saldó aparentemente sin heridos, y el encuentro final que terminó con la puñalada.
El punto de la calle Sant Jaume donde Carles fue asesinado.
Pero lo más dramático, según recalcan a EL ESPAÑOL fuentes vecinales, es que se trata de un crimen que "podría haberse evitado".
Carles Vilajosana había acudido a las fiestas acompañado por sus dos hijos gemelos. Al concluir el espectáculo, su exmujer, madre de los niños, los recogió y él permaneció con un grupo de amigos.
Fue entonces cuando, según la reconstrucción sustentada en las declaraciones de esos acompañantes, Vilajosana intervino para separar a dos grupos de adolescentes que estaban peleándose.
No consta que conociera previamente a los menores ni que existiera entre ellos una disputa anterior; el primer contacto conocido habría sido aquella mediación espontánea.
La fiesta continuó. Horas más tarde, cuando Vilajosana y sus amigos regresaban a casa, volvieron a cruzarse con uno de aquellos grupos.
Los testigos sitúan ahí el detonante inmediato. Pere O., de 15 años, habría arrojado un cono contra el grupo de la víctima. El gesto desembocó en una trifulca y, en medio de ella, Otman A., de 16, habría clavado a Vilajosana una navaja directamente en el pecho.
Los acompañantes identificaron al adolescente de 16 años como presunto autor material. La imputación es provisional: ambos menores conservan la presunción de inocencia y la responsabilidad penal definitiva solo podrá fijarla el juzgado.
En cualquier caso, los cuatro jóvenes huyeron. Las descripciones aportadas por los amigos de Vilajosana permitieron a los agentes localizar rápidamente a los dos detenidos, que no opusieron resistencia.
La investigación atribuye la cuchillada mortal a Otman A., de 16 años, nacido en Manresa y de padres marroquíes.
Y aquí es donde los vecinos de Manresa ponen el acento en que el crimen podría haberse evitado. Según una serie de testimonios recogidos por este diario, Otman "le clavó un destornillador por la espalda al camarero de un bar de la calle de la Divina Pastora varios meses atrás".
Pese a este suceso, critican que el joven "nunca llegó a entrar en prisión": "Ha protagonizado ya varios altercados, nadie se explica que siguiera en la calle".
Las informaciones basadas en fuentes policiales describen una trayectoria marcada por el abandono escolar temprano, etapas en la calle y entradas y salidas de centros, además de vinculaciones previas con robos de motocicletas y un robo violento de teléfono.
Por su parte, Pere O., de 15 años, también nació en Manresa y es hijo de padres españoles. Había ingresado en mayo en un centro de menores por una causa de robo violento, tentativa de homicidio y lesiones y había salido aproximadamente un mes antes del crimen.
También acumulaba otras detenciones, aunque esos antecedentes no equivalen por sí solos a condenas firmes.
Las fuentes policiales describen a ambos como jóvenes insertos en ambientes delincuenciales. La policía considera delictiva la intervención de los dos arrestados y mantiene identificados a otros dos sospechosos, cuya participación concreta seguía pendiente de esclarecer al cierre de esta reconstrucción.
El juez de menores de guardia de Barcelona ordenó el internamiento cautelar en régimen cerrado de los dos adolescentes. A uno de ellos le impuso además tratamiento terapéutico, y a ambos se les atribuye provisionalmente un delito de homicidio.
La primera incógnita fue el móvil. En las horas iniciales, los investigadores trabajaron con dos posibilidades: que Vilajosana hubiera quedado atrapado en la violencia después de intentar separar a los jóvenes o que estos lo hubieran abordado y perseguido para atracarlo.
Las declaraciones posteriores de los amigos han reforzado la primera línea. La secuencia que hoy aparece como más sólida es la de una mediación inicial, un segundo encuentro fortuito, el lanzamiento del cono y una pelea súbita culminada por la cuchillada.
No hay datos publicados que sostengan un ajuste de cuentas, una relación criminal previa o una emboscada planificada contra Vilajosana. Lo que todavía debe determinar la instrucción es si el segundo encuentro fue completamente casual o si alguno de los adolescentes buscó reanudar el conflicto, además del papel exacto de los dos jóvenes aún no detenidos.
Un hombre conocido
Carles Vilajosana vivía en la urbanización del Serrat, en Castellnou de Bages (Barcelona). Estaba separado y tenía dos hijos gemelos menores de edad.
Su vida profesional había discurrido por distintos lugares de la comarca. Trabajó en un negocio vinculado a la familia de su exmujer; después regentó el Bar Estadi, en la calle Barcelona de Manresa, y en los últimos tiempos se dedicaba a la jardinería y al mantenimiento de exteriores para una empresa especializada.
Fuera del trabajo, practicaba jiu-jitsu y había alcanzado el grado de cinturón negro. Quienes coincidieron con él lo describen como una persona afable e implicada en la vida social del municipio.
El alcalde, David Canyadó, lo definió como un hombre no conflictivo, muy conocido y querido. Por eso, su deceso y la investigación que sigue en curso están siguiéndose milimétricamente por los vecinos de la zona, como así lo demuestra la gran cantidad de comentarios y debates que se generan en las redes sociales ante cada novedad que conceden los medios de comunicación.
Eso explica que el minuto de silencio institucional decretado en Manresa, donde ocurrió el crimen, reuniera a unas 300 personas. Por su parte, Castellnou declaró tres días de duelo. Allí, la noche posterior al suceso, más de un millar de vecinos recorrió con velas el barrio de Les Escodines.
La derivada política
Pero el crimen, por sus características, saltó de inmediato al ámbito político. La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, escribió en X que un grupo de "menores marroquíes" había perseguido y asesinado a Vilajosana. El secretario general de Vox, Ignacio Garriga, afirmó que lo habían matado "unos marroquíes" y vinculó el caso con la inmigración.
La información conocida desmiente que los dos detenidos fueran menores extranjeros no acompañados. Ambos nacieron en Manresa, tienen familia y no vivían en un centro de acogida en el momento de los hechos: uno es hijo de padres catalanes y el otro, presunto autor material de la cuchillada, es hijo de padres marroquíes.
La consejera de Interior de Cataluña, Núria Parlon, acusó a Vox y Aliança Catalana de utilizar el caso para generar odio y discordia y planteó denunciar la manipulación. El alcalde de Manresa, Marc Aloy, también rechazó la instrumentalización partidista del dolor de la familia.
La discusión política creció a la misma velocidad que el duelo. Una primera concentración, convocada sin siglas, reunió entre 500 y 700 personas y acabó con peticiones de justicia y gritos de dimisión contra el alcalde; al día siguiente, nuevas marchas volvieron a llenar las calles.
Pero el núcleo judicial del caso permanece intacto y todavía abierto: un hombre que se vio en medio de una pelea, un segundo encuentro de madrugada y una puñalada mortal.
Al cierre de este reportaje, los dos menores presuntamente protagonistas de este incidente siguen encerrados cautelarmente. La policía busca cerrar el papel de los otros dos y llegar a una conclusión a partir de las declaraciones de los testigos y la reconstrucción, paso a paso, del incidente.
